EN UNA ESQUINA DE GREENWICH AVENUE

Retratar la monotonía de las existencias, las hace extrañas por su irreal naturalidad: dos expendedores de helado (o lo que sea), un camarero tocado de marinerito, la pareja que esta de compadreo con éste…Un bar desangelado de artilugios, lejos de los tugurios nocturnos en los que cualquiera intenta camuflarse. Hasta el famoso solitario me parece artificial, cuando en las ciudades la alienación da para llenar miles de locales.
Cada vez que miro este cuadro, siento que la soledad no esta dentro, sino fuera. Y es el contraste, el que va haciendo, casi sin querer, que la escena lentamente cobre vida: la mujer y al hombre, a los que les espera una noche prometedora (quizás juntos, o no, quien sabe), el camarero que les esta poniendo la última copa. Un solitario que podría únicamente estar esperando.
Es de noche y dentro de la ciudad deshabitada explota un exagerado reflejo de la luz, que se mueve y hace sentir a sus habitantes, así lo vio Hooper y lo describiría John Dos Passos en su Manhattan Transfer es “algo que se asemeja a un crepúsculo” y que redondea suavemente los duros ángulos de las calles.
En el interior de un cruce de Greenwich Avenue, cada noche, un visillo de luz se ofrece de guarida. Aunque sólo sea por un instante.





sinfonia-urbana dijo
Amigo, tu descripción es tan buena, tan vivida, tan expresiva, que se siente al leer, como si estuviera caminando en el lugar, que estuviera cruzando la calle y dispuesto a sentarme allí, junto a los nocturnos ocupantes del lugar.
Con inmenso gusto te recomiendo a mis amigos, los que siempre estamos buscando algo bueno y maravilloso que leer.
Un abrazo.
3 Octubre 2009 | 07:36 PM