CATCHING THE BUTTERFLY
Predecir el tiempo es y será el sueño del ser humano, una forma de conocer uno de los fenómenos que controlaban su destino, Durante mucho tiempo no se dispuso de la tecnología suficiente que permitiera relacionar todos los factores, elaborar modelos y permitirles establecer aquella simple relación lineal entre las cantidades implicadas. Se hubo de esperar a la irrupción de las grandes computadoras que permitían ir más allá de un estudio convencional, realizar complejas operaciones en poco tiempo y manejar gran cantidad de datos y magnitudes. Los científicos se lanzaron a meter sus datos en ellas, pero pronto se iban a llevar una sorpresa.

Estamos en 1961, en aquella época, el meteorólogo estadounidense Ed Lorenz trabajaba en el que quizás es el centro de investigación más importante del mundo, el Massachussets Institute of Technology. Aquel invierno, utilizó un ordenador para afrontar la cuestión. Aunque Lorenz tenía a su servicio la tecnología punta de aquella época, las sesenta multiplicaciones por segundo de su ordenador no le parecieron suficientes, y decidió acelerar el proceso, lo programó para que en lugar de comenzar desde cero, en cada ejecución, la computadora totalizara la segunda mitad de la ejecución previa antes de continuar las siguientes. Con todo listo, dejó que el ordenador trabajara, y se fue a tomar un café, quizás el café más importantes de la historia de la ciencia.
Al principio Lorenz pensó que el ordenador estaba roto y todo el trabajo se había ido al traste. La computadora se había negado a repetir los procesos anteriores. Comenzaba igual, pero luego se desviaba. Las cifras obtenidas eran tan ilógicas que algo no encajaba.
El buen científico es el que sabe ver, el que esta abierto a las señales de su alrededor. Si antes estos datos Lorenz, sólo hubiera visto un fracaso, no estaríamos hablando de él. Aquellas abultadas cifras, tenían muchas cosas que contar. El meteorólogo se dio cuenta de algo: el ordenador no había arrancado usando los mismos valores que había encontrado en la ejecución previa, los había redondeado ligeramente. Lorenz, quedó sorprendido al darse cuenta de que un cambio tan pequeño supusiera una diferencia tan grande. Por azar, Lorenz había dado con un hecho increíble que posteriormente él mismo definiría como el Efecto mariposa.
Aunque más bien, se había dado de bruces con el caos, un fenómeno que una vez descubierto, parecía que siempre nos había acompañado. Una profunda investigación dio con él en fenómenos tradicion
almente predecibles como las órbitas de los planetas y en otros a priori tan deseables de desentrañar como la actividad eléctrica del cerebro, y sobre todo el funcionamiento de los mercados financieros. Dada su ubicuidad, lo extraño es que nadie haya notado la existencia del caos antes. Y desde su descubrimiento, se convirtió en uno de los fenómenos más importantes de la ciencia.
El descubrimiento del Efecto mariposa planteó una profunda duda en el mundo científico, y es que los datos meteorológicos nunca son totalmente precisos, por lo que su existencia implica que incluso errores minúsculos puede crecer con el tiempo hasta invalidar un predicción. Lorenz lo resumiría con aquella metáfora que luego se haría famosa: “El aleteo de una mariposa en Brasil podía desencadenar un tornado en Texas”. Todo estaba relacionado, cualquier fenómeno, por pequeño que fuese, era esencial y cualquier cambio haría que todo se transformara.
¿Hasta donde podemos llegar, hasta donde predecir?¿Llegará alguna vez el ser humano a controlar el caos?. También los científicos para su frustración encontrarían la respuesta.
Pronto, tipos sesudo dieron con la forma de determinar la intensidad del caos, calculando la denominada Escala temporal de Lyapunov, que capta la velocidad con la que crecen los errores a lo largo del tiempo. Se obtuvo así, la respuesta deseada durante tanto tiempo: incluso con los mejores datos y los ordenadores más rápidos, nunca será posible hacer previsiones fiables del tiempo a más de tres semanas vista.
Llegados a este punto, se puede decir que cualquier posibilidad de controlar el clima en función de su conocimiento se le escapa al ser humano. Tal saber tendría incalculable valor para el bienestar de la humanidad, pero, ¿Se emplearía para el bien común, para que afectara por igual y en beneficio de todos?. Por lo que conocemos no parece ser así.
El planteamiento de qué debemos hacer y la creación de conflictos de intereses, entra en cuestiones relativas a la ética. Si una muestra
No se nos debe olvidar nunca, que somos parte del aleteo de esa mariposa, pero no todo es azar, el reto no es adecuarse al funcionamiento caótico del tiempo. El gran desafio será la distribución equitativa, racional y sostenible de los recursos derivados del clima. Si lo conseguimos, el ser humano habrá logrado, por primera vez desde su descubrimiento, dominar el caos.








Iñaki dijo
Me gustó este post, interesante y nutritivo
8 Diciembre 2008 | 06:21 PM