LAS VIDAS DE UN MONSTRUO
Yo hacía a Radovan Karadzic en Rusia, amparado por Putín, y rodeado de buenos coleguillas antiguos exKGB, protegido por una especie de Odessa versión rusa-proservia (¿Recuerdan esa novela de Forsythe que hablaba de una organización con las siglas de este monte tan bonito, que se dedicaba a ocultar criminales nazis?). Por lo que se ve estuvo escondido en monasterios y hasta 2002 se mantuvo en contacto pleno con su familia. Es a partir de entonces cuando decidió adoptar la personalidad de un tal doctor Dragan y convertirse en ese médico de medicina alternativa que se había dedicado a viajar por China, y otros países, buscando otros caminos de sanación. Tal celo puso en anularse que cambió un sello tan personal como el propio acento.
En algún punto de su huida creyó mejor ser otro que él mismo oculto como un conejo. Esto me hace desconfiar mucho de esos tiparracos barbudos medio gurús que pululan en los carteles de nuestras ciudades (a menudo con un aspecto lo más estrafalario posible), maestros del yogui, del yang, del ying, de la atracción de energía positiva o magos de la eliminación de la negativa, expertos conferenciantes, doctos, en fin, en vete tú a saber qué. Debe ser una personalidad fácil de adquirir y de ejercer, de acuerdo con el perfil que Karadzic quería, que le dejaba ser otro pero le permitió seguir dominando mentes. Este gurú fue responsable de 10.000 muertes en la ciudad de Sebrenica de la ejecución sumaria de 8.000 varones que fueron presos tras el cerco. Porque
Cuantos “maestros”, porque a menudo aparecen en estos carteles publicitarios como tales, no esconden un currículum (supongo que no tan tremendo como el de Karadzic) pero si nefasto y se ocultan en este tipo de personajes. Me parece a mí que el camino a la sabiduría, empieza por admitirse a uno mismo, no huir, sino encontrarse. Mi crítica pues no va contra los auténticos cultivadores de un conocimiento, a veces milenario, y en ocasiones verdaderamente sanador para quien quiera adoptar dicho camino y que promulga una búsqueda interior o en armonía con lo exterior y no un contexto evasivo y falso. Pero supongo que para aquellos que les gusta seguir maestros, les será difícil distinguir unos de otros.
A veces piensa uno que cuántos genocidas no se ocultan bajo falsos maestros y cuántos verdaderos maestros han sido mal interpretados por tanto auténtico genocida. El que buscó la verdad pierde y el que la encontró la hizo perder a todos.

