LA GUERRA DE LOS MUNDOS (1)
Son las siete y media de la tarde del 30 de octubre de 1938, es vísperas en América del famoso Día de los Difuntos (la Noche de Halloween allí, para entendernos), Welles y su equipo del Mercury Theatre se preparan para su habitual dramatización radiofónica, el texto escogido para ese día es la novela de H.G. Welles La guerra de los mundos. En ese momento Welles sabe que es muy poca audiencia la que le va a seguir, pues tiene como competidor al programa más popular de los Estados Unidos: Chase and Sanbour, del ventrílocuo Edgar Bergen. Es imposible competir con Bergen y su célebre muñeco McCarthy, que acaparan el 34.7% de la audiencia frente a un 3.6% que consigue Welles. La única posibilidad de ganar radioyentes se presenta cuando Bergen presenta a algún cantante invitado, pues la gente sólo quería escuchar al ventrílucuo y cambia inmediatamente de canal.
Con audiencia o sin ella, la tarea radiofónica tiene gran importancia para Welles y estará dispuesto a volcar todas sus energías el tiempo que esté involucrado en ella. Incluso durante la absorbente elaboración de Ciudadano Kane, seguía haciendo programas radiofónicos en Nueva York los domingos por la noche, lo que lo obligaba a desplazarse de costa a costa todas las semanas. Tantas horas pasó volando de un lado a otro de Estados Unidos, que la WA le condeció un premio especial por ser "el mejor pasajero de 1939", había recorrido 300.000 millas de de vuelo en sólo 6 meses. Cuenta la leyenda incluso, que una vez dentro de la Gran Manzana, su actividad allí era tan frenética, tenía tantos frentes culturales abiertos, que Welles, en ocasiones, para desplazarse a los distintos sitios utilizaba una ambulancia.
Pero sigamos con nuestra historia. Son las ocho de la tarde y los americanos, que regresan a sus casas después del weekend, pueden escuchar claramente la advertencia de que el programa de la CBS, es totalmente ficticio.
Tras los títulos de crédito, empieza una curiosa retransmisión de música bailable desde un hotel de Nueva Jersey. De repente, la voz de un inquieto locutor irrumpe violentamente en el programa: "Señoras y señores, interrumpimos nuestra emisión para transmitir a ustedes un boletín especial de la Intercontinental Radio News. A las 7.40 hora de Chicago, el observatorio Mount Jennings ha registrado en el planeta Marte, y a intervalos regulares, varias explosiones de gas incandescente".
La trama de Welles, que juega hábilmente con la mezcla de géneros, empieza a desarrollarse mezclada con anuncios y fragmentos musicales para dar mayor verosimilitud. Primero es entrevistado en el estudio el "famoso astrónomo Richard Pierson" (interpretado por Welles), que confirma la caída del meteorito. Después el locutor se traslada al lugar de los hechos y comienza una espeluznante transmisión en directo: "Bueno, yo...Me resulta difícil describir la escena que tengo ante mis ojos...Creo que lo tengo frente a mí. Si, creo que está ahí el misterioso objeto...".
En ese preciso momento, a las ocho y doce minutos, Welles no es todavía el dueño de las ondas. Pero Edgar Bergen cede el micrófono a un cantante poco conocido y se produce una masiva huida de la audiencia en busca de otros canales. Los que casualmente sintonizan la CBS, son presa de un pánico indescriptible
cuando escuchan la aterrada voz de un falso locutor: "¡Un momento! ¡Algo está sucediendo! Señoras y señores, esto es terrible. Algo o alguien se desliza a través de la abertura superior. Puedo ver dos discos luminosos asomar en ese pozo negro..."
El guión de Welles seguía narrando cosas increíbles: El monstruo atacaba a científicos y policías y sembraba el pánico por todas partes. El propio locutor narraba su muerte en directo; y, a continuación, el "Secretario de Interior" se dirigía a la nación para comunicar que "esos seres extraños son la vanguardia de un ejército invasor procedente de Marte".
El terror cunde en todo el país. La policía inunda el estudio CBS y exigen una rápida aclaración a los oyentes. Pero es tarde, ya nadie escucha la voz del director del programa, que todavía no es capaz de valorar el alcance de sus palabras: "Habla Orson Welles, señoras y señores, que deja su caracterización para asegurar a ustedes que la Guerra de los mundos no tiene más significado que el de una broma de vacaciones".
Aquella emisión tuvo muchas consecuencias dramática: suicidios, desórdenes, pánico colectivo...Fue un milagro que Welles no acabara en la cárcel.
En vez de eso, tras la revelación de su genio dramático, la fama de Welles explotó, le llovían ofertas, entre ellas, la más tentadora era el cine, que por entonces era la cúspide de la expresión artística. No solo eso, la RKO le ponía delante un contrato con unas condiciones antes jamás conocidas y sobre todo una libertad de creación de la que nadie había gozado hasta entonces. Welles todavía no había cumplido los 24 años.
Parecía que todo el mundo confiaba en las posibilidades ilimitadas de aquel tipo genial. O no....
Nota: El texto, al que se le han hecho algunas modificiaciones y añadidos pertenece al estupendo libro de Alfonso Méndiz Noguero "Cómo se hicieron las grandes películas de cine".



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flor_deloto dijo
La capacidad de estrategia de Orson Welles fue grandiosa, su meta era ganar audiencia y posterior fama. Siempre lo he tenido como referente de la sutil forma de manipulción de la que somos suceptibles los seres humanos. Claro que era otra época, sin la 'inmediatez' que marca el nuevo siglo. Pero la mente humana sigue siendo la misma, y la capacidad de reacción ilimitada.
Muy buen post.
Un besito, hmmmm, que no me pinche ese bigote! :)
13 Octubre 2007 | 06:44 PM