La Coctelera

Meditorráneo

20 Enero 2007

MAUD, FRANÇOISE Y EL INGENIERO

El argumento es más viejo que el diablo: Un narrador, que sólo va hablar al principio y al final de la película, busca a la mujer-1, pero se encuentra o se siente atraído por la mujer-2, pese a ello, finalmente regresa con la primera. Ya está, así de cortito sería este post y muchas películas si sólo nos ciñéramos a este esqueleto argumental sobre el cual el realizador Eric Rohmer artículo las seis películas que constituyen sus “Cuentos morales”. Para el director el reto consistía en ir variando los escenarios, la tipología de los personajes, las relaciones que mantienen entre sí, e incluso el sentido de las historias para que ,siendo en realidad distintas, no variara el núcleo antes expuesto. Y es que meterse en el cine de Eric Rohmer es una experiencia que no deja indiferente, vale, es verdad que se habla mucho y de muchas cosas, que en ocasiones cae en un vicio muy extendido del cine francés: ese eterno afán de demostrar siempre lo cultísimos que son (o que creen serlo). Pero pocas veces se va uno a encontrar ,no ya solo en el cine galo, sino en la cinematografía mundial una obra más natural, espontánea y a la vez compleja aunque sencilla en apariencia, pero sobre todo consecuente. Sorprende de entrada en sus películas la sinceridad de todos sus personajes para ser auténticos o no, la manifestación de sus sentimientos o vivencias, el expresar sus opiniones sobre los otros sin tapujos, el hablar con soltura sobre el amor, el sexo, la religión, las relaciones de pareja, sus obsesiones…Esto hace que las películas de Eric Rohmer sean una especie de “laboratorios” de la vida cotidiana de intenso resultado, aunque desde fuera engañe su sencilla puesta en escena.

El argumento de Mi noche con Maud (1969) se remonta a los años 40. Como muchas de las películas de las que hablo en este blog, una escena que le ronda en la cabeza al director es el germen de toda la historia. En sus inicios el encierro del protagonista con Maud (esa noche clave que da título a la película) se justifica por la presencia externa de la guerra. Pero finalmente será el azar, y dentro de éste algo tan arbitrario como la climatología, lo que mueva los hilos de los personajes. Curiosamente, los condicionantes con los que se enfrenta el director al hacer su películas se filtrarán en la vida de sus creaciones .“Mis films están hechos sobre la meteorología” confiesa Rohmer “Si todos los días no telefoneara al servicio de meteorología, no podría hacer mis películas, porque están rodadas en función del tiempo que hace fuera. Mis film son esclavos del tiempo en la medida que no utilizo trucos”. La nevada va a ser el pretexto para que el ingeniero pase la noche en casa de Maud (François Fabian), una helada es la causa que provocó el accidente, hace años, del amante de ella (cuya sombra flotará durante toda la noche), el mal tiempo hará que el ingeniero acompañe y pueda por fin intimar con la otra mujer de este triángulo François…

Si poco a poco vamos tirando del hilo argumental, el desmadejamiento de este núcleo central, muestra que las cosas no son tan sencillas, como en apariencia puedan parecer: El ingeniero (Jean Louis Trintignant), cuyo nombre nos será desconocido durante toda la película, lleva toda su vida profesional dando tumbos hasta recalar finalmente en la ciudad provinciana de Clemont-Ferrand. Católico por “herencia familiar” como luego se definirá, un día, mientras esta en misa, coincide con una joven, de la cual se queda prendado, obsesionándose en conocerla a toda costa, más tarde sabremos que se llama François (Marie-Christine Barrault), ella será la mujer-1.

Más tarde ,el ingeniero, coincide con un compañero de estudios llamado Vidal, que le invita a pasar una velada con Maud, una mujer con la que mantiene relaciones esporádicas (según él, luego se revelará que no) y a la que la encuentra fascinante y bella, pero a la que se refiera con cierto despecho y bravuconería: “Una de esas pocas niñas bien… vive recluida después de su divorcio, no está a gusto en su entorno. Se muy bien que si tu no vinieras- le dice al ingeniero- acabaríamos haciendo el amor, sólo por ociosidad”. Al final los dos acuden a la velada, en donde les recibe Maud, que se muestra irresistiblemente encantadora. Al principio de la noche, el azar, la predestinación, el cálculo de las probabilidades y las apuestas de Pascal constituyen el eje de la conversación. Supongo que para almas de elevado espíritu matemático, esta parte de la película siempre les parecerá fascinante. Por lo que a mí respecta, que siempre me ha atraido más de esta historia lo que de descripción de las relaciones humana tiene, me vuelvo a enganchar cuando cada uno de los personajes empieza a mostrar sus cartas. Vidal, que es el típico intelectual marxista que defenestra a la burguesía, aunque él no lo es más porque no puede (el personaje, más que Rohmer, fue una composición del actor Antoine Vitez, director de teatro e intelectual ,que reescribió los diálogos con la intención no se muy bien si de querer elaborar un alter-ego, o hacerse a sí mismo una crítica, de cualquier forma, encaja a la perfección) en teoría, ha traído a su amigo el católico, para que a ojos de Maud el contraste le haga resaltar. Continuamente hostiga a Trintignant, aunque para ella todo este antagonismo no lo ve como un juego de muchachos:"Pareceis unos adolescentes"dice Maud"¿Me lo tomo como una crítica ocomo un cumplido?"Contesta Vidal "Como nada, es sólo una constatación". Vidal ,cada vez está más decepcionado y enfoca su artillería hacia ella, pero no sabe con quien se esta jugando los cuartos. Maud, es sin duda una de las mujeres-2 más interesantes y atractivas de la filmografía de Rohmer y también con bastante mala suerte respecto a los hombres. Al principio, divertida, quiere seducir al ingeniero con la única intención de desmontar su farsa. Pero se impondrá la sinceridad de Maud, que tras confesarse (perdió al amor de su vida en un accidente de coche, como se ha dicho antes y a su marido cuando apareció una amante) arrastra al ingeniero a la defensa de una fe, en la que falsea datos y que se muestra como una pose. Maud no es tonta y sabe que el ingeniero es un lobo con piel de cordero, pero cree que poniendo sinceridad sobre la mesa ,anteponiendo la fuerza de los sentimientos verdaderos podrá arrollar cualquier disfraz, sólo se desengañará parcialmente por la mañana.

Técnicamente Rohmer enfocará este encuentro, primero a tres y luego a dos bandas huyendo del habitual plano-contraplano que estamos acostumbrados en los diálogos de las películas, también evitará el uso del primer plano por considerarlo “una mirada muy tosca”. El director se centrará en los personajes que escuchan, haciendo partícipe al espectador de cada una de las reacciones, y como le afectan las palabras del orador. Sólo en algunas ocasiones se centra en el disertante, como es el caso de la que quizás sea la secuencia más famosa de esta película, aquella en la que Trintignant niega que busque la santidad y la cámara lo muestra en el centro del plano, rodeado de un halo de luz procedente de la lámpara (mirando la foto se puede ver perfectamente la intención de Rohmer).

Lo demás será una consecuencia de esa “Noche con Maud”, el ingeniero tras encontrarse con François (Recordemos la mujer-1, la chica católica y perfecta que toda su vida ha buscado) aparentemente renuncia a Maud, o eso es lo que ella le hace creer. El desenlace final de la película ocurrirá 5 años después, en una playa de Normandía y va a mostrar el falso terreno sobre el que se asienta el matrimonio de Françoise y Trintignant. Otra vez el azar, hace que coincidan éstos, su hijo y Maud. Como en muchas películas de Rohmer habrá una sorpresa qué solo se desvelará en el último acto…

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Mmar

Mmar dijo

Repasando los post que no he podido leer estos dias,me encuentro con este..a mi Rohmer la verdad no me gusta demasiado,lo encuentro más bien triston su cine,pero para gustos..colores,según dicen.Un abrazo

16 Febrero 2007 | 12:36 AM

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