LO QUE DE SI PUEDE DAR UN CAFE (4)
¿Eres un tío guay?, leo otra vez la pregunta y no me la creo. Dentro de los cada vez más excéntricos cuestionarios de selección ,en la facultad de Econonómicas de la universidad de Oxford, esta era una de las pregunta estrella, esa con la que, tras profundos estudios psico-sociales, quieren descolocar a más bragado de los candidatos. La noticia la leí esta mañana en un periódico local, ocupaba casi tanto como la denuncia de corrupción del titular, de verdad, cada día me encanta más la globalización de lo municipal.
El caso es que a mi me hicieron esa pregunta en una entrevista una vez. Era una de esas de poli bueno y poli malo. Había dos tipos, uno encorbatado y trajeado hasta la médula, el otro vestía más sencillo. ¿Cómo has tardado tanto en terminar? Don elegante me estaba masacrando a preguntas, con un currículum delante ,que ni siquiera miró, empezó a tirárseme al cuello casi desde que entré. Yo no se vosotros, pero eso de que en las entrevistas de trabajo no hay que mentir me ha parecido siempre una falacia. Es verdad que en lo básico y en el tema de los idiomas hay que ceñirse a la realidad, pero en lo demás hay que embaucar como un bellaco. Durante la carrera estuve trabajando meses puntuales, pero para aquella entrevista alterné estudios y curro. Eso era mejor que decirle: ¿A ti que hostia te importa lo que haya tardado?.
Con ese quid pro quo se estaba desarrollando aquella tortura, cuando el poli bueno, que no había intervenido hasta entonces, salió de su crisálida y me soltó “¿Pero tu eres un tío guay?”. ¿Qué es un tío guay?, me acordé de ese maravilloso libro de Lázaro Carreter, “El dardo en la palabra”, que recuperaba una serie de artículo de este erudito sobre el uso del lenguaje cotidiano, se quejaba, entre otras cosas, de la desvirtuación actual de la lengua española, que empleáramos anglicismo cuando hay formas mucho más bonitas y sencillas de expresar las cosas en nuestro idioma sin recurrir a otros países y sobre todo a palabras sacadas de jergas. Toda la vida diciendo que esto o lo otro era guay, y en aquellos momentos me daban ganas de preguntarle a Mr. Spilaine que si lo que realmente quería saber era si soy buena gente. Nervioso como estaba le respondí “Pues si, soy un tío guay, si no me echo flores yo quien me las va a echar” (según los manuales del buen entrevistado ,este tipo de respuestas son las que no se deben dar nunca). El caso es que mi interlocutor ya no habló más en toda la entrevista.
Mientras salía de allí desconcertado, y planteándome desde todos los puntos ético, social, psicológico y sociológico, que podía ser guay. Justo iba a pasar a la entrevista un compañero de estudios ,nos deseamos mutua suerte y antes de entrar se puso a hablar con el poli bueno. Charla informal y para adentro.
Unos días después me encontré a este chaval, le habían dado el trabajo. “Conocía a uno de los entrevistadores, es un colega de mi primo, un día se vino a su casa y estuvimos fumándonos unos porrillos los tres y luego pillamos un colocón de espanto”. Por fin tenía delante de mí un tío guay. El caso es que había rechazado el trabajo, por lo que se ve el curro no era tan…estupendo.


miyosecreto dijo
Nada es lo que parece, k fuerte.
21 Octubre 2006 | 05:40 PM