LA LEY DEL SILENCIO (1)
En 1999 le dieron un Oscar Honorífico al director de de películas tan míticas como Un tranvía llamado deseo, Al Este del Edén, El último Magnate o La Ley del silencio. En aquellas fechas Elia Kazan era uno de los últimos directores clásicos que quedaban vivos. La presentación del homenajeado vino de la mano del “rojo” oficial de Hollywood , Warren Beatty (otro que por desgracia algún día veremos metido en la política) y los que fingen no serlo y los morbosos estábamos expectantes a la ovación que seguiría a la entrega de la estatuilla de marras.
Alguna gente del mundillo del cine dijeron que, como motivo de protesta, no iban a aplaudir, así que el realizador de aquella noche estaba como loco dando instrucciones a los cámaras para que enfocaran a unos y otros, y así ver cual era su actitud. La mayoría aplaudieron, y sólo puedo recordar a Nick Nolte sentado y con los brazos bien pegados a los respaldos, aunque puede ser que ese día más que protestar, el actor se hubiera equivocado de pastilla y no pudiera ni moverse. También Scorsese abrazó con efusividad a Kazan uniéndose a la pandilla de los redentores. Satisfecho el morbo, que yo recuerde, esa noche tuvo un momento más emotivo que fue cuando le concedieron el Oscar a When we were King (cuando fuimos reyes), el documental sobre uno de los mejores combates de boxeo de la historia, el que disputaron George Foreman y Mohamet Ali (alias Classius Clay) en Congo.
El que iba hacer la presentación se le fue la olla ,e improvisó uno de esos discursos que ponen de los nervios a los realizadores de los Oscar, empezó a hablar de que era el momento del perdón y no se que más chorradas, porque ya os digo se le fue cabeza ,supongo que se refería a que era el momento de que se le perdonara a Classius Clay lo que para ellos fue antipatriotismo por no haber querido dejarse matar en la Guerra de Vietnam ,sus declaraciones criticando al Gobierno de los Estados Unidos, y por supuesto su conversión al Islam, de ahí que, al igual que Malcom X, cambiara su nombre por el de Mohamed Alí. El caso es que todo el mundo se puso de pie, y el bueno de Foreman, muy campechanamente, invitó a Clay a salir al escenario (ambos estaban sentados juntos). Un muy deteriorado Alí, machacado desde hace años por el Parkinson (la enfermedad por antonomasia de los boxeadores) acompañó a Foreman en ese, en teoría, improvisado homenaje. Fue emocionante ver como aquellos dos tipos que se había dado de hostias con tanto arte en un combate glorioso, iban uno junto al otro, despacito, Foreman ayudando a Clay, que se movía con dificultad, hasta el escenario, mientras la gente se puso en pie en una de las ovaciones más largas de la noche.
Uno de los asuntos más complejos ,tanto en la vida como ante la historia, es el de enfrentarse a alguien que traiciona y a su traición, muchas veces el límite no está claro, y en más de una ocasión el traidor tiene razones tan sólidas que han sido los traicionados los que le han fallado a él y a los demás, y la historia con un argumento tan poderoso como es la objetividad que da el paso del tiempo, suele poner a cada uno en su sitio. Ocurre además con Kazan, que se apoyó mucho en sus películas para dar explicaciones a aquella trascendental decisión de vender a sus compañeros.Pero como dicen en los tribunales, vayamos a los hechos. El director fue llamado a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas del Congreso de los EEUU en enero de 1952, al poco de estrenar Viva Zapata ,una película bastante sospechosa ante los ojos inquisidores de los miembros del Comité.
En esa ocasión, aún reconociendo su antigua afiliación al Partido Comunista, no quiso aportar nombres de compañeros suyos afiliados a dicho partido, paso necesario para que no te echaran de Hollywood. Hasta entonces Kazan se había comportado como debía de ser, pero a los tres meses ocurre algo inesperado, decide comparecer voluntariamente y en esa ocasión revela los nombres de gente del Group Theatre que había pertenecido al Partido Comunista en los años 30. Lo que siguió después, fue una grotesca explicación por parte de Kazan de cada una de su películas, para que los miembros del Comité vieran que no se trataban de películas subversivas. A los dos días de tan explosiva actuación, el director, realizó la primera explicación pública por su actitud, a través de unas declaraciones en el New York Times del 12 de abril de 1952 en las que defendía su postura e invitaba a los demás a unirse y de esta forma romper el secretismo que había imperado en el Partido Comunista, según él “Para defender la libertad”.
Curiosamente el daño que hizo Kazan con sus declaraciones no fue muy grande, ya que casi todos los nombres de los que se había chivado ya eran conocidos por el Comité (excepto los de Clifford Odets y Paula Stragberg, muy amigos de Kazan y a los que había tenido la “delicadeza” de avisar antes de que los iba a vender). Pero el aislamiento del directo entre la mayoría de colegas y amigos que tenía en Brodway y Nueva York, que eran los ambientes en los que Kazan se había movido mayoritariamente ,fue inmediato y lógico, no les jodio, ya digo el daño que hizo, sino su sucia actitud, y la repercusión que tuvo, ya que Kazan en aquel momento era un director de éxito.
A priori nadie entendió, y aún ahora después de que Kazan se justificara mucho más convenientemente que en aquel estúpido comunicado de New York Times, qué pudo pasar en esos tres meses desde su primera comparecencia ,hasta que lo hizo por segunda vez. Cuando el Comité empezó a actuar, Kazan, por supuesto, se mostró totalmente contrario a su intervención. El director siempre se ha expresado de forma ambivalente al respecto. Ya desde poco antes que declarar veía al Partido Comunista tremendamente influenciado por el Stalinismo y por tanto por sus siniestras actitudes secretas y represoras Si esto era así, por qué no se salió, y criticó al Partido abiertamente con su opiniones en vez de denunciarlo ante un Comité tan siniestro y represor como los aparatos que el denunciaba dentro del partido.
Por otro lado ¿Qué creía cambiar denunciando a un grupo de intelectuales, que al fin y al cabo no pasarían de simpatizantes y que dudo, actuaran como comisarios políticos feroces y dispuestos a llevar la disciplina hasta sus más coactivas consecuencias? Si sus intenciones ,cuando denunció, eran buenas incluso beneficiosas para sanear el Partido Comunista, como se desprende a veces de sus declaraciones, ¿Por qué no acusó, puestos a acusar, a los que de verdad lo encorsetaban?. Luego existe, claro, una opinión mucho más malévola, y es que en el momento en que Kazan fue llamado a declarar se encontraba en un periodo de ascenso fulgurante en su carrera, y el enfrentamiento con el Comité amenazaba con mandarlo todo al carajo, y desbancarlo de un posición que ,más aún por ser emigrante, tanto le había costado conseguir, así que prefirió vender a sus amigos y mantener su status en la industria cinematográfica. En fin, como tantas veces he dicho, que cada cual escoja la opinión que más le convenza y intente buscar a partir de ésta sus propias respuestas. Quizás ,las razones de Kazan fueran justas, quizás, pero su modo de actuar no lo fue. Este episodio le perseguiría a lo largo de toda su vida ,y era rara la entrevista en la que no se hiciera mención de él, a pesar de que Kazan dedicó un amplio espacio en su biografía ha hablar sobre el tema. Pero sobre todo tuvo efecto en los estudios que los críticos norteamericanos, más marcados por este suceso que los europeos, hicieron sobre su obra. Kazan no fue ajeno a ello y sabía que todos los ojos iban a estar puestos en su próxima película tras el revuelo que había armado. Y no decepcionó a nadie, hizo de La ley del silencio una auténtica apología de la delación y una las mejores películas de la historia del cine.


sansar dijo
yo tb recuerdo esa ceremonia. En los aplausos vi a varios sin aplaudir por algo que había pasado hacía casi cincuenta años. Me pareció un poco violento pero allá cada cual.
Yo hubiese aplaudido, porque se trataba de un homenaje por las pelis que hizo. Lo otro, pues, sí, igual estuvo mal. Pero ya sabes el dicho: No juzgues y no te juzgarán.
Lo de Nolte me ha desconjonciado :-)))
15 Octubre 2006 | 08:07 PM