UN DIRECTOR PARA UN PAISAJE: JOHN FORD
“El western es la historia de una persona que esta en peligro de morir, pero que también esta en peligro de vivir”, esta frase de Howard Hawk ,define mejor que cualquier cosa lo que es este género y todas las historias y temáticas que en él se hayan contenidos. Los personajes centrales, efectivamente, son aventureros que buscan o a los que le busca el riesgo, pero en una faceta más intima, hay algo en ellos (y ellas) que les impide aceptar o vivir como los demás.
John Ford empezó a rodar Centauros del desierto, en 1955 ,venía precedida de un puñado de títulos que siempre se han considerado comerciales como Mogambo (1953) o Escala en Hawai (1955) y algunos encargos para televisión (si, el gran John Ford, también trabajó para la denostada televisión). La película estuvo a punto de no ser dirigida, porque el productor Cornelius Vanderbilt (os sonará el apellido, un heredero multimillonario que tenía el capricho de producir películas) que era un profundo admirador de la trilogía que había hecho Ford sobre la Caballería, deseaba que éste adaptara una serie de relatos que se incluían bajo el título tan patriotero como The Valiants Virginians . Pero algo tuvo que ver el viejo socio de Ford, Merian C. Cooper en la novela de Alan Le May The Searchers (Los buscadores, que es también el título original de la película), que consiguió convencer a Vanderbilt, para que ésta fuera su primera colaboración con el director. Este último, no tuvo nada que objetar, sobre todo cuando vio las condiciones monetarias, por esta película recibió 125.000 dólares, ahora quizás una miseria, pero que fue el salario más alto de toda su carrera y además se llevaba un 10% de la recaudación neta.
En enero de 1955 Ford empezó a escribir el guión con Frank S. Nugent, que era su colaborador habitual desde que rodara Fort Apache en 1948. Siempre suponemos que las novelas en las que se basan las películas del Oeste son tipo Marcial LaFuente Estefanía, y que uno de los méritos añadidos del director es convertir un material de partida abominable en una obra maestra.
Pero al parecer, el libro de Le May está bastante bien escrito (no lo he leído, ni creo que lo haga, por esta vez me conformaré con la película), pero su tono era muy amargo y melancólico, incluso el personaje que interpreta John Wayne, que no se llama Ethan como en la película, sino Amos, muere al final. Ford y Nugent, superado el escollo inicial de remodelar totalmente el libro, tuvieron que trabajar duro, sobre todo para darle ese tono fordiano a la narración y a los personajes que tanto gusta a los críticos. Como la acción se desarrollaba a lo largo de 10 años y se requerían muchos cambios, tanto en el tiempo como en el espacio e incluso de estaciones, una segunda unidad empezó a rodar lo que se llama las secuencias de transición: vaqueros que atraviesan montañas, que cabalgan en el atardecer, etc. Aunque la mayor parte de Centauros del desierto se rodó en el mítico Monumental Valley, varios escenarios de rodaje ponen de manifiesto el arduo recorrido vital de los personajes: Se rodó en Aspen, Colorado, en México y en Alberta, Canadá, aunque Ford no rodó estas secuencias de transición, si las diseñó y supervisó.
Éste no se puso ante las cámaras hasta el 13 junio, aquel día estaba de un excelente humor pese a que hacía poco que había sufrido una operación de ojos y otra de vesícula biliar, pero el encontrarse en el Moumental Valley el que no había rodado desde 1950, cuando hizo Río Grande le hacía estar feliz, aunque ,como otras veces el paisaje no le correspondiera: el equipo tuvo que soportar altísimas temperaturas, tormentas de arena y vientos huracanados, estaba claro que la relación de Ford con su paisaje fetiche fue una relación de amor y odio digna de incluirse en la leyenda.
Ford sabía que tenía entre manos una película de personajes cuando le dijo a uno de los chicos de Les Cahiers du Cinema poco antes de rodar que Centauros del desierto era “Una especie de obra épica psicológica”, desde luego incluía a el héroe fordiano por antonomasia, esos homeless (sin hogar) emocionales y geográficos (a veces metafóricamente claros, otras no tanto) a la búsqueda de un refugio en el que lamerse estoicamente su melancolía. Y yo no se como lo hace Ford, que muchas veces estos personajes ,que no tienen porque ser tan épicos, que su melancolía sobre el papel en la vida real daría risa ,que , como en este caso, no tienen cuartada moral, los consigue salvar. Esa es parte de su genialidad. Porque ya me diréis vosotros que épica tiene un hombre que lo deja todo y se dedica ,lleno de odio, a buscar a su sobrina (interpretada por Natalie Wood) para matarla.
Sabemos desde el principio, que los indios la han secuestrado y han matado a su madre (que era amada por Ethan), la hija crecerá entre los indios y se convertirá en una más de la tribu, pero lo que es peor en la concubina (squaw) de uno de ellos, el tío promete a los familiares que la buscará, pero cuando la encuentre lo más probable es que la asesine, da por supuesto que los indios la han violado, y esa es una carga terrible para traerla al mundo del que salió. Esta es una de las controversias mas grandes que siempre se le ha atribuido a la película, el racismo tan grande y el odio que le tiene a los indios el personaje de Ethan. Originalmente en la novela la sobrina no era la concubina de un indio sino la hija adoptiva del jefe, Ford y su guionista introdujeron ese cambio para acentuar la rabia que podía sentir Ethan, para aumentar su paranoia. Para mi la resolución final del desenlace, hace que el astuto de Ford desmonte todo este argumento. En el libro Ethan muere, cuando llega al campamento indio para rescatar a su sobrina, mientras masacra un indio tras otro, consigue verla y acercarse , pero se equivoca, no es ella, es otra squaw que le dispara y lo mata, sobre el guión, por supuesto Ethan no muere, llega hasta la sobrina y le apoya el arma en su cabeza, mientras le pedía que cerrara los ojos, finalmente ve en su rostro a la mujer que amó y no consigue matarla. La secuencia final ya la conocemos todos, Ethan coge a su sobrina entre sus brazos y la sube al caballo y le dice que todo ha acabado, que la devolverá a casa. No es un mal mensaje, después de tanto odio acumulado del desprecio y asco que le da su sobrina por el simple hecho de ser india y que la haya tocado un indio, al final ve, en el último momento, a la persona que tuvo que querer (en vez de odiar) durante todos esos años, el sentimiento final es de ternura, cumpliendo así el propósito de su odisea que es llevarla a casa, y lo bueno de Ford es que hace que te lo creas y te emociones. De lo que ya no se puede escapar el director, es que en esta película los indios son los malos, son sanguinarios, e incluso introduce comicidad en el personaje de ese medio reverendo Clayton que pistola en mano y a cargo de una cuadrilla armada entran a saco en el poblado indio al final de la película. Es difícil saber si Ford solo se dejó llevar por la novela en este aspecto, ya que luego se redimió con los indios en películas posteriores, y desde luego no era racista, no hay mas que ver el Sargento negro (1960) para comprobarlo.
Otro personaje interesante y muy fordiano de la película es el acompañante de Ethan a lo largo de su búsqueda Martin Pawley (interpretado por Jeffrey Hunter), aunque quede un poco desplazado por el primero, también lo ha perdido todo y por añadidura es mestizo. Esta junto a Ethan-Wayne porque como dice en un momento de la película “Sé que cuando la encuentra la matará, y allí estaré para impedirlo” incluso si tiene que matar al propio Ethan que considera un casi padre y con el que a lo largo de la película tiene por todo lo dicho antes una relación bastante compleja. Quizás él, más que Ethan se encuentre identificado por esas dos famosas secuencias de la puerta que se abre con las que empieza y acaba la película y que por cierto no estaban ni en la novela, ni en el guión y se le ocurrieron a Ford sobre la marcha, por lo que hizo construir dos cabañas en medio del desierto. Las dos puertas también le sirven a Ford para meter de pronto la cabeza de forma sutil (que te abran la puerta, es la forma más sencilla de entrar en un sitio íntimo) en una historia que sigue su curso, porque el director odiaba las secuencias explicativas, y la verdad es que no recuerdo ninguna película suya en las que encadene una serie de escenas para contarnos los antecedentes (quizás las del combate de boxeo del Hombre tranquilo).
Ningún personaje en las películas de Ford (y menos en esta) esta dejado al azar. Cuando Frank Nugent empezó a trabajar para él, le exigió dos cosas: Que se documentara sobre cada tema exhaustivamente y luego se olvidara, para que siempre al escribir quedara un poso que flotara a lo largo de toda la historia y creara el ambiente. Y el otro consejo era hacer una biografía de cada personaje, de tal manera que al entrar en sus vidas en un momento concreto pudiéramos saber todo lo demás. Exigió todo esto a Nugent, porque era así como él quería transmitir las cosas. Y así es cine de Ford, con detalles, con miradas ,con pocos diálogos sabemos muchas cosas. Por ejemplo con la escena inicial ,una sola escena, vamos a saber todo sobre Ethan y su familia: con la manera brusca con la que trata a su hermano sabemos que nunca han estado juntos, que no lo considera una persona fuerte, con el diálogo entre éste y su mujer vemos que ella no esta enamorada de su marido, que Ethan no esta a gusto dentro de la familia, incluso viendo el vestuario de éste, con la capa de los sudistas, aun cuando ha terminado la Guerra Civil, expresa que mantiene esos valores y su carácter reaccionario. Con cuatro palabras, con cuatro diálogos, expresa todas estas cosas.


Las cosas de Tara referenció
El hombre tranquilo
...y alguna cosa más que no recuerdo.
Davichof,no la comento,pero hizo este post de Ford...
8 Marzo 2007 | 02:21 PM