EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS (2)
En Marlon Brando se mezclaba la grandeza del actor con comportamientos de un auténtico mal nacido que incluso a veces da vergüenza ajena, como hace unos años cuando se presentó en unos estudios de televisión proponiendo una seria basada en sus videos caseros, presuponiendo que cualquiera estaría deseando ver como retozaba en la piscina un tipo gordo y viejo y un montón de tías buenísimas dispuestas a acostarse con él para decir que se han acostado con Marlon Brando. La grandeza del actor que se negaba a aprenderse los papeles de memoria, pero que en su papel de Julio Cesar dejó flipados a los críticos ingleses que iban predispuestos a degollarlo. Cuando no se hacía la putada así mismo de endiosarse y era consciente, para bien, de lo bueno que era equilibrar modos expresivos, los gestos, las palabras propias, con lo que cada personaje significaba, conseguía bordar las interpretaciones, como el Terry Malloy de La ley del silencio (1954). Un trabajo bastante bueno para alguien que definió el oficio de actor como algo maravilloso porque te pagan por hacer tonterías.
No se las recomendaciones draconianas que le dan los agentes a los actores y actrices para que éstos no muestren sus sentimientos en publico, quizás para que tengamos otra razón mas para verlos como algo inalcanzable ,para mi desde luego tiene mas merito mostrarlos que no, ni que decir tiene que mostrar lo que uno siente no es el mercadeo al que estamos acostumbrados. De Camus es “que el amor no es lo suficientemente fuerte para encontrar su propia expresión”, quizás esa sea la desgracia del ser humano y no que vamos a morir, lo mejor de nosotros, que es el afecto ,el amor que sentimos por la gente que queremos: padres, hijos, pareja...a veces no lo sabemos expresar...Pero Brando si lloró con todas sus lagrimas cuando juzgaron a su hijo por matar al novio de su otra hija (Cheyene que era preciosa) y aun mas cuando esta después de un calvario de desequilibrios se ahorcó, solo lo he visto igual....en la película de la que estamos hablando, por eso quizás haya sido uno de los mejores actores que ha dado el cine, porque no se sabe a que atenerse con él.

En cierta manera, para saber sobre la vida de Marlon Brando no hay que abrir enciclopedias ni biografías. En una ocasión su director, dijo que el Último Tango en París era una especie de documental, una película acerca del actor. Bertolucci le dio carta blanca para hacer lo que quisiera. Así que tras uno de sus encuentros con Janne empieza a hablar de su pasado, en una especie de monólogo que el actor improvisó: “Mi padre era un hombre fuerte, un peleón de taberna, amigo de prostitutas, vulgar, ordinario y borracho...y mi madre era muy romántica, pero también alcohólica”: Así era la familia de Marlon Brando, y así de desgraciada parece que fue su infancia. Por lo que no es de extrañar que saliera escopeteado de la Nebraska profunda. Dice Paul en el Último Tango: “Recuerdo que un día me había puesto mi mejor ropa para llevar a una chica a un partido de baloncesto, y cuando iba a salir, mi padre me dijo: `Tienes que ordeñar la vaca´ Yo le dije: `¿Te importaría ordeñarla tu?´ Y él me contestó: `Ni hablar, mueve el culo´. Salí a la calle. Tenía mucha prisa. No me quedaba tiempo para cambiarme, y de camino al partido lleve los zapatos cubiertos de mierda. El coche apestaba”. Harto de tanta mierda, y no solo de vaca, a los 19 años se trasladara a Nueva York. Allí se buscó la vida como pudo. Muchas veces se nos olvida que detrás de cada persona que triunfa hay una legión que se quedaron el camino, trabajando de ascensoristas, camareros, acomodadores...¿Pero quién le dijo a Marlon Brando que se dedicara a la interpretación? ¿Quién le aconsejó a un busca vidas que diera una pirueta mortal y se metiera en esa tómbola que es llegar a ser algo actuando?.
Inspirado en Jean Renoir, Bertolucci hizo lo que se llama cinema vérité o lo que es lo mismo, “Abrir las puertas para que la realidad imprevisible entrara en cada plano”. Durante toda la película se produjo una lucha entre el director y el actor para que este se mostrara tal y como era y se quitara la máscara de Actors Studio que le había identificado a lo largo de toda su carrera. Probablemente el actor también estaba cansado de ser un intérprete del método, aunque Bertolucci dice que Brando nunca le dijo si compartía su punto de vista.
Así que cuando el actor llegaba con el rostro deteriorado, porque había salido de juerga la noche anterior, en vez de cubrirle de maquillaje, se le dejaba tal y como estaba. En una de las escenas más impresionantes de la película, que es el monólogo del personaje de Brando ante el cadáver de su mujer, éste, estaba inspirado en un texto de Strindberg que tenía un cierto tono misógino. Brando ,como era costumbre suya, no se aprendió el guión de memoria, pero al interpretarlo a su manera lo transformó convirtiéndolo en algo desgarrador y emotivo. Durante la escena vemos al actor moverse, y en cierto momento se sienta, reflexivo y desesperado bajo la tímida iluminación de una lámpara, en ese momento Brando tenía una pizarra detrás de la cámara en la que estaba reproducido todo el diálogo, pero apenas lo leyó, durante toda la secuencia entre gestos improvisados y reflexivos solo sacó ideas y palabras después de haber ojeado el texto solo una vez. Mientras habla, echaba un vistazo una y otra vez la pizarra, pero el espectador solo percibe desesperación ,tristeza en cada una de las miradas. Lo que hace que esta mezcla de planificación e improvisación de sentimientos de lugar a una gran escena ,en donde la intimidad del ser humano se expresa como pocas veces en el cine, es uno de los grandes misterios de la interpretación y algo que muy pocos actores pueden hacer. Hace algunos años, al encontrarse con Brando, Bertolucci le preguntó: “¿No crees que conseguí mi objetivo de arrancarte la máscara?”. A lo que el actor respondió echándose a reír: “¿Cree que ese era yo de verdad?”.


operadoor dijo
Nutrido de información. Hasta la próxima
10 Septiembre 2006 | 05:39 AM