¿SUEÑA DICK DECKARD CON OVEJAS ELÉCTRICAS? (1)
Recuerdo la primera vez que vi Blade Runner. Éramos un grupo de amigos embutidos en la resaca de Indiana Jones que ese día habían preparado una sesión muy especial: Esta vez Indi vivía en un sitio con muchas máquinas: El espacio....El futuro. Se encargaría de matar a los malos, que no eran los nazis, ni los seguidores de los tugs, eran robots. Había de todo, Fantas, un video Beta....Pero había algo raro de entrada. ¿Por qué no nos habíamos enterado antes de esta aventura de Indi en el futuro?¿Por qué la cinta parecía ocultarse entre las otras del videoclub?. Cuando terminó la película nadie habló. Hubo tiros, persecuciones, e Indina se había cargado a los malos, creo que eso fue lo peor, que se había cargado a los malos...
Habíamos pasado de puntillas delante de una buena lección, una instrucción en forma de imágenes, si ,puede que estilizadas al máximo, puede que con una estética de videoclip como inmediatamente dirían los críticos, pero una iniciación en toda regla para arrancarnos de cuajo esa visión maniquea que por entonces supongo teníamos de la vida: blanco y negro, malos y buenos. Quizás era demasiado pronto para apreciar que en la vida en general y en el arte en particular, lo que entendemos por normalidad no es la usual normalidad y que la realidad va a pivotar entre la fantasía (a la que en nuestro caso se le añadiría la recreación de ambientes y universos cotidianos) pero también entre nuestra respuesta ante ella. Que en el arte, como en la vida ,no nos podemos comportar frente a nuestro entorno como meros sujetos pasivos, si no que podemos expresar la realidad que nos rodea después de interiorizarla, porque la normalidad ,la esperada cotidianidad esconde algo que solo se puede manifestar como respuesta. Quizás expresó de forma mas clara lo que quiero decir Van Gogh, cuando afirmó: “Mi anhelo es aprender a hacer las imperfecciones, desviaciones, remodelaciones, cambios en la realidad, de tal manera que, sí, sean mentiras, pero mas ciertas que la pura verdad”.
Volviendo a aquellos pobres diablos que se pusieron a ver Blade Runner creyendo que iban a ver una película de aventuras y se encontraron con una narración ,como señala Miguel Ángel Prieto, “sobre un hombre emocionalmente estéril que se dedica a cazar androides y que descubre, gracias a unas criaturas que sólo aparentan ser humanas, lo que significa su humanidad”, sólo intuyeron con un dejá vú de que aquellos robot no debían morir, que Van Gogh, que todavía no sabían quien era, tenía razón, que algunas mentiras son más ciertas que la pura verdad, en definitiva, que los replicantes de Blade Runner son más humanos que los propios humanos.
¿Pero qué pasaría, si aquel hombre que descubre su condición humana, no lo fuera? ¿Qué iba a ser de nosotros si Dick Deckard fuera un replicante?. Cuando el 11 de septiembre de 1992, se estrenó “Blade Runner el montaje del director”, se convocó una rueda de prensa en la que participó el propio Ridley Scott. Más que cualquier otra cosa, el tema central y de más expectación, era la confirmación por parte del director de que Dick Deckard, el cazador de replicantes, era él mismo uno de ellos. La clave estaba en el unicornio. Al final de la película, Harrison Ford llega a su apartamento no sólo deshecho física y emocionalmente después del combate con el replicante NEXUS 6, alias Roy Batty, sino también desesperado con la terrible y enigmática frase de Gaff (Edward James Olmos) sellada en su mente: “Es una pena que ella no pueda vivir. Pero ¿quién vive?”. Ella es Rachel ,la replicante, la única “persona” que todavía le pude redimir y que para él significa algo. Pistola en mano llega a su apartamento y la encuentra dormida, casi inerte. La besa tiernamente como si de un cuento se tratase y la despierta. Ambos salen del apartamento, pero antes ella pisa un unicornio de papel. Durante toda la película hemos asistido a compulsiva afición de Gaff a la papiroflexia. Así que ,al igual que Deckard, comprendemos que el siniestro personaje estuvo allí, pero le perdonó la vida a la replicante, Deckard asiente enigmáticamente, y ahí se queda la cosa. O por lo menos eso parecía.

Desde su estreno el 25 de junio de 1982, el dichoso unicornio ha traido tela, analizara quien lo analizara. El crítico Tony Partearroyo en el estupendo estudio que sobre la película hace en la revista DIRIGIDO POR...afirma que el dichoso caballo cornudo es un guiño del director al espectador de cara a preparar el terreno para la famosa y mitológica Legend, donde el unicornio tendría un papel central. Antes del montaje del director, los listos de siempre, se había dedicado a analizar al milímetro Blade Runner para encontrar indicios de que Deckard era un replicante: Al principio de la película el sargento que le asigna el trabajo al Blade Runner ,afirma que ha la tierra han llegado 6 replicante, si Deckar elimina a 4, y Rachel es el quinto ¿Quién es el sexto?, había más pistas: la afición de Deckar a coleccionar fotografías en un tiempo que ya no existían, venía a delatar su naturaleza androide, ya que los replicantes eran colectores de imágenes como única forma de tener pasado, otro indicio se revelaba en una escena breve de la película: Deckar sale de la ducha y sus ojos brillan un breve instante con el mismo fulgor de los replicantes, para apreciar esto último ,hay que analizar la película hasta límites insospechados. Así que Ridley Scott ,con su montaje del director en la mano, volvió a su viejo unicornio y salvó del mundo friky la naturaleza androide de Deckard. El montaje que Scott presentó en 1992, incluía una escena descartada en el estreno original, en la que Deckard soñaba con un unicornio galopando de forma onírica en un bosque. El hecho de que, al final de la película Gaff dejara ese unicornio de papel para Deckard, era la forma en clave de decirle que conocía hasta sus sueños más íntimos, ya que estos eran implantes de memoria, tal y como se les hacía a los replicantes.
Sinceramente ,que el Ridley Scott de ahora, toque Blade Runner ,me hizo la misma gracia que cuando el actual Coppola le metió mano a los Padrinos. Que más me da que Deckard sea replicante. Probablemente para el muchacho que fui aquel día, al que todavía le quedaba mucho que aprender sobre las gamas de grises de la vida ,que todos los personajes sean replicantes y que el héroe se humanice persiguiendo a no humanos con más sentimientos que los propios humanos, para que luego se traicione a si mismo descubriendo que es una máquina, probablemente sería un despropósito. Pero también una parábola si queréis verlo así, de una máquina al servicio de eliminar todo lo bueno y afectivo que pueda producirse, al igual que (y sobre todo en este último siglo) el ser humano parece que ha evolucionado solo para eliminar a sus semejantes. Quizás, todavía, nos queda la esperanza de soñar con unicornios.


laluzenmi dijo
enorme post. glups, espero no soñar con unicornios esta noche.
ni con ovejas eléctricas.
13 Agosto 2006 | 11:58 PM