La Coctelera

Meditorráneo

15 Julio 2006

ALFRED HITCHOCK: VÉRTIGO (DE ENTRE LOS MUERTOS) (3)

Con James Stewart, Hitchcock continuó con la buena relación que había empezado en el rodaje de La soga (1948). Con el actor que más y más a gusto trabajó el director, tenía un relación curiosa, bueno, más que eso, es un tipo de relación que si sale bien, puede crear uniones para toda la vida, me refiero a una relación mercantil: eran socios. En todos los film que Hitchcock dirigió a Stewart se estableció un pacto en la cual ambos se repartían los beneficios...y el riesgo. En el caso de Vértigo el intérprete cobró un salario más bajo de lo normal y con la condición de llevarse un porcentaje al final si las cosas salían bien en taquilla. A partir de esta alianza, el trato personal se movía dentro de los márgenes establecidos por un correcto caballero inglés y un actor muy poco dado a la superficialidad ,a los chismorreos y a las bromas. Trabajaban a gusto el uno con el otro, pero raramente Stewart visitaba la casa de Hitchcock (en cambio este último no perdía la oportunidad de ir a la casa de Hawai del actor a pegar la hebra, lo quisiera este o no). En las reuniones y el plató no solían hablar demasiado y quizás fue con el único actor con el que Hitchcock estableció una relación de complicidad. Para Stewart, frases como “Se trata sólo de una película” “No profundicemos demasiado”, eran música para sus oídos. Significaban libertad de movimientos y es que el actor tenía muy claro desde el principio su personaje y la forma de encararlo. Fue un poco Stewart el que actuó de amortiguador entre Novak y Hitchock. “Jim cuidaba de mi” evocó muchos años después la actriz.

Hitchcock ,que no había parado de pensar en Vértigo durante su hospitalización, durante la primera reunión que mantuvo con el guionista después de su convalecencia le reveló a Taylor que la mejor resolución para el desarrollo de la trama, era que la implicación de Judy en la muerte de la verdadera Madelaine no la conociera, o por lo menos se le revelara directamente al público hasta la segunda mitad de la película. Aun así la verdad se revelaría sutilmente a través de los recuerdos de Judy (es la pista que se le da al espectador), que no son otra cosa más que un deseo de ésta para que Scottie la quiera por ser ella misma y por otro lado, un rastro para liberar su culpabilidad por su implicación en el asesinato y el dolor que siente por el daño que le ha hecho.Aunque Taylor estuvo de acuerdo en desarrollar esa idea, aunque la forma definitiva en la que se resuelve la trama: Judy escribiendo la carta para explicar todo a Scottie, y el encadenado de escenas en forma de flahsback, en la que en pocos minutos se desarrolla todo el maquiavélico plan nunca le parecieron bien. Hitchock nunca estuvo tampoco seguro de esta escena, de hecho la primera vez que la proyectó ante el público la eliminó, y por culpa de ella tuvo una de las discusiones más gordas con un productor, la cosa llegó incluso a la las altas esferas de los estudios Paramount ,y el jefe supremo Barney Balaban, desde Nueva York, llamó dando órdenes implícitas de que la escena de la carta y los flashback se incluyeran. Hitchock estaba a punto de pelearse con todo el mundo, pero al final aceptó (Patrick McGilligan habla incluso que fue su mujer, Alma, quien al final le convenció para que la incluyera). Hitchock llegó a la Paramount y después de gritar que volvieran a montar la película tal y como estaba se metió en su despacho dando un portazo.

Finalmente el guión estuvo para finales de octubre, que es cuando por fin, si por fin, se empezó a rodar. De las manos de Hitchcock y Taylor salió un guión cuidadosamente detallado y pulido donde se explicaban incluso las posiciones de cámara y había comentarios sobre la música en cada escena. Después de tantas vueltas el resultado había sido una historia enrevesada, profunda y sombría que encima acaba con la muerte de las dos protagonistas ,que son la misma persona, pero dos personajes distintos, uf que lío.

En Vértigo ocurre algo muy curioso que no se va a producir en ninguna película de Hitchcock. Un malvado enrevesado, que idea uno de los planes más maquiavélicos, crueles y fascinante de toda su filmografía, queda totalmente desdibujado por una historia en la que se mezcla el amor y la obsesión de una forma incluso lírica, hasta el punto que muchos han calificado a Vértigo como un “poema visual”. Apenas vemos al manipulador, al astuto marido que ha conseguido cazar a una heredera rica y ha arrastrado a un chica sencilla (la cual nunca sabremos su pasado) a seducir y manipular los sentimientos de un desconocido al que termina amando y que la ama. La introduce violenta y sutilmente en un plan, que culmina en un asesinato y finalmente en su muerte. Tampoco duda el asesino en destrozar la vida de su antiguo amigo, en convertirlo en un enloquecido en pos de una búsqueda obsesiva de un fantasma. Semejante villano (encarnado por el actor John Gavin, que luego sería el novio de Janet Leigh en Psicosis) apenas aparece en una escena de diálogo con Scottie (James Stewart), cuando le hace morder el anzuelo contratándolo para que siga a su mujer, que cree que está poseída por una muchacha muerta llamada Carlota Valdés (esta es una película que gira en círculos tan concéntricos como los del cartel que la promociona) y en el momento fundamental en el que se revela la verdad, entonces podemos ver al preocupado marido tirar por la ventana del campanario de la iglesia a su esposa, a la que previamente ha estrangulado.

Lo más curioso es la reacción de James Stewart cuando descubre la verdad, cómo lo utilizaron, cómo le engañaron con un amor inexistente. Como señala Boris Izaguirre (si, han leído bien) en su estupendo libro sobre el director llamado El armario secreto de Hitchcock (que pena que un tipo con una gran cultura y con tantos recursos saliera siempre en Crónicas marcianas haciendo el gilipoyas y despelotándose a la primera de cambio como única manera de llamar la atención, ahora, que eso habla mucho de la capacidad ,como gran comunicador que siempre se ha dicho que era, de Javier Sardá para sacar lo mejor de sus colaboradores). Dice Izaguirre que cuando al detective Scottie le explota la verdad en la cara, se da cuenta de algo mucho peor: no ha sido capaz de inventar a Madelein tan a la perfección como lo ha hecho el criminal marido. La manipuladora y enrevesada mente de Gavin ha podido más que todo el amor que sentía por ella a la hora de reconstruir al ser amado. “Fue el asesino quien creo a Madelein, la vistió y la enseñó a hablar, a caminar y a mirar” ,la diseñó para que el la amara. El terrible manipulador no solo jugó con su terror a las alturas ,al vértigo. Si la recordara ,sobre el alma de Scottie ,retumbaría una frase oculta en la profundidad de esta película: “Los muertos tienen sus propias leyes” y Madelein ,lo acepte Scottie o no, está en el lado de los muertos.

Por supuesto ,esto es lo que podríamos percibir si nos dejáramos llevar por la película, la razón nos dice que Stewart debería vengarse, conocer la verdad .Y el asesino le arrebata, no solo una, sino dos veces lo que más quería, esta es una de las pocas películas de Hitchcock que el asesino queda impune: En el juicio se asume totalmente que la esposa se ha suicidado y que el detective que la seguía no pudo evitarlo debido a su vértigo. Cuando Judy muere, esta vez por accidente y también cayendo del campanario, después de revelar la verdad y asustarse al ver a una monja inoportuna a la que confunde con un fantasma (ella también termina trastornada), el espectador sólo puede ver desolado, como Scottie queda suspendido de la cornisa ,aterrado por su propio vértigo que le ataca como una maldición, la sensación que queda, es que esta vez, contrariamente a lo que ocurre en las películas del oeste que protagoniza, Stewart no le va a ajustar las cuentas a un villano que le deja existencialmente desgarrado. Hitchcock descartó en el montaje final una secuencia en la que se ve a Scottie escuchando por la radio que la policía busca al marido por asesinato, quizás si la hubiera incluido la película hubiera sido muy distinta.

Patrick McGilligan en su biografía sobre Hitchcok da detalles muy interesantes sobre el rodaje. Éste, se inició en San Francisco el 30 de septiembre de 1957. La primera escena que se rodó estaba sacada de la novela original y ya aparecía en el guión de Maxwell: Scottie sigue a Madelaine a visitar la tumba de Carlota Valdés en la misión Dolores. Todo el equipo estaba concienciado del trabajo que había costado poner en píe la película y lo enrevesado que había sido concepción. Después de dos semanas en dicha ciudad ,se pasó a rodar las escenas de interior en Hollywood. Hasta entonces el programa de se había cumplido al píe de la letra, hasta llegar a la escena 151: La primera conversación de Scottie con Madelaine después de que él la rescatara de su intento de suicidio en la bahía. Lo que ocurre no es muy complicado, pero Hitchock tenía 11 páginas de guión y el director no quedó muy satisfecho hasta varias tomas, esta escena provocó el primer retraso en el plan de rodaje.

El 16 de diciembre se rodó una de las escenas más famosas de la película y más importante para el desarrollo de la trama: Aquella en la que Scottie pide que Judy se ponga la ropa de Madelaine y se peine igual. Nada más verla, él la abraza y la besa apasionadamente. Entonces, como he dicho antes la cámara empieza a dar vueltas entorno a ambos, Scottie empieza a recordar y evoca cuando besó a Madelaine por primera vez, y ésta se escurrió entre sus brazos para tirarse al vacío. Era una escena difícil de rodar porque los actores debía abrazarse en una posición muy complicada mientras la cámara se movía muy cerca de ellos (a su vez, los actores también volteaban gracias a un escenario giratorio), debían además de inclinarse al mismo tiempo para no quedar fuera del plano. En la segunda toma, Stewart se cayó y se interrumpió el rodaje casi durante todo el día. Cuando estaba a punto de terminar la jornada el actor regresó y se pudo rodar este plano, para muchos críticos uno de los mejores que ha rodado Hitchcock ,para la antología de la historia del cine.

Hitchcock retrasó para el final, precisamente la primera escena, aquella que la había obsesionado desde el principio. Esperó hasta el 18 de diciembre para rodar a Scottie agarrándose con las puntas de los dedos a la cornisa del tejado. La mareante perspectiva de Stewart se lograría posteriormente en postproducción. Cuando el director les sugirió la idea al estudio, estos se echaron las manos a la cabeza, aquello necesitaba grúas, un plató especial y no se cuantas cosas más. Finalmente Hitchock propuso utilizar maquetas y luego sugirió hacer un travelling vertical a la misma vez que hacían un zoom hacia atrás, aquello costó cuatro perras.

Al día siguiente iba a terminar el rodaje, pero faltaba el cameo del director. “Sec. 21 Ext: astillero. El señor Hitchock se dirige hacia la cámara de izquierda a derecha y desaparece cuando entra Scottie. Scottie se detiene para hablar con el vigilante. Scottie entra y desaparece”. Fue la última escena y sólo hubo que hacer una toma.

Tags: hitchock

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mmar

mmar dijo

Una de mis pelis favoritas,la he visto unas cuantas veces,y la música me encanta,precioso todo lo que sabes de los entresijos de ella.Un fuerte abrazo

3 Agosto 2006 | 08:58 PM

Davichof

Davichof dijo

Muchas gracias mmar por haberlo leído. Es una de las pelis de Hitch que más me gusta aunque las que más son Encadenados, La ventana indiscreta, Psicósis o Frenesí. Pero esta desde luego esta es genial. Además lo que quería que se viera en estos post (siento que hayan salido tan largos) es que no fue azar, Hitchock las pasó canutas para darle al argumento y a la historia la forma que tiene definitivamente, y que decir de la música Herrmann es un un genio. Un abrazo muy grande.

5 Agosto 2006 | 09:11 PM

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