La Coctelera

Meditorráneo

2 Julio 2006

ALFRED HITCHCOCK: VÉRTIGO (DE ENTRE LOS MUERTOS) (1)


Según los críticos , la mejor película de Hitchcock es Vértigo (1958) o como se llamó en España De entre los muertos , y es que por una vez en la vida, en este país no se inventaron el título y le pusieron el de la novela en la que está basada la película. Y no sé porque ,pero por más veces que la veo, no me gusta tanto como otras del director. Es como si alguien que me conociera muy bien me presentara a una mujer ,que ciertamente ,fuera mi media naranja, pero mira , va a ser que no, me quedo con la que estoy, que traducido al cine de Hitchcock sería Con la muerte en los talones, Encadenados ,La ventana indiscreta, Psicosis o Frenesí.

Lo que más me gusta de esta película es la enrevesada idea argumental: El protagonista se enamora de una mujer, esta se suicida, pero vive obsesionado con ella, encuentra a otra mujer distinta de carácter, pero no físicamente, la transforma y poco a poco la convierte en la que era su amada, ¿Qué pasaría si ambas fueran la misma mujer?, ¿Si detrás de todo esto hubiera un complot de asesinato?, el argumento es increíble. De esta película también me encanta la música de Bernard Herrmann, que crea un auténtico clima de suspense. La película está llena de detalles, que necesitan más de un visionado para entenderlos y una vez más Hitchcock juega con el espectador: que bien se da cuenta desde el principio que Madelaine y Judy es la misma persona ,o acompaña a James Stewart en su proceso de obsesión-recreación. Esto pone de manifiesto la importancia que tiene la concepción de la película por parte del director, independientemente de la novela donde todo se revela al final.

Hay libros, que de tan buenos, te quitan de verlos en el cine, y existen películas que ya no te dejarán jamás leer su contenido. Choca ,con el cuidado que tenía Hitchcock para todos los detalles, que no escogiera textos, por lo menos de partida, de calidad para sus películas .Y es que cualquiera que defienda a ultranza la ruptura entre literatura y cine, tendría en este realizador su máximo exponente. Como ejemplo estarían las obras de teatro en las que se inspiran La soga o Crimen Perfecto, que pasarían sin pena ni gloria si no fuera por estar referenciadas a la película, o La ventana indiscreta ,basada, según los estudiosos del director, en uno de los relatos más flojos de Cornel Wooldrich .Igual parece ocurrir con el caso que nos ocupa, De entre los muertos, escrita al limón por Pierre Boleau y Thomas Narcejac literariamente no se aproxima ni por asomo a la calidad de la película. De lo que si he leído ,como excepción, sólo me viene a la cabeza Extraños en un tren de Patricia Highsmith, libro que me gustó tanto como la película.


Ya en la década de los 40 Hitchcock tenía en mente un argumento enrevesado, no se hasta que punto de lírico, en el que también aparecen dos mujeres y el asesinato relacionado con la mezcla de irrealidad y obsesión. Según cuenta Donald Spoto en su biografía de Hitchcock, en 1942, cuando el director estaba todavía bajo contrato de O. Selznick, una de las editoras de guiones del productor Margaret McDonell, le propuso al director varias novelas y obras de teatro para su adaptación. En un momento en que estaba todavía a prueba y abriéndose camino en la industria americana, Hitchcock no dudó en coger la arriesgada trama de una novela llamada Ventrílocuo, que gira entorno a un tipo que comete bigamia y atormentado por la culpa asesina a su primera esposa, este hecho lo enloquece y entra en un mundo de paranoias y mezcla de realidades. La mujer, la que le queda, le advierte que la policía lo vigila y el tipo se raya todavía mas, cree que la otra esposa, la asesinada, todavía continúa viva, y mata a la otra que a estas alturas de la historia confunde con la primera que asesinó. La hostia de argumento, Hitchcock hubiera sido un perfecto adaptador de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, una de las noveles más complicadas que he leído en mi vida. Ni que decir que O. Selznick no vio en aquella película algo ni remotamente claro para presentarlo ante un público que no esperaba otra cosa de él que Lo que el viento se llevó II. Le dijo a Hitchcock, bajara un poco bastante el listón, y que aceptara una historia más sencilla, el resultado de esa negociación fue La sombra de una duda (1943).

No solo basta con ser un buen director de cine, para resolver todos los problemas que plantea transformar un punto de partida en una historia elaborada. Y es que muchas veces se olvida que Hitchcock ,además de un buen realizador , era un buen director de guionistas. A lo largo de la elaboración de la síntesis de Vértigo, intervinieron varias personas,de distinta personalidad y forma de ver las cosas, con cada uno de ellos, Hitchcock habló y se implicó directamente, haciéndoles hincapié en que tomaran uno u otro camino argumental o resaltaran tal o cual aspecto de la trama, teniendo siempre en cuenta el tratamiento visual que le iba a dar a la historia en continua elaboración, esto tiene todavía más mérito si añadimos que la elaboración del guión de Vértigo pasó varias dificultades y se prolongó a lo largo de bastante tiempo.

Al margen de lo que he puesto arriba, leyendo y viendo las películas del director, me pregunto qué hacía para elegir ciertas historias. Luego ,es cierto, se implicaba en ellas pero de entrada que cogiera uno u otro argumento respondía simple y llanamente a motivos de orden en la agenda. Porejemplo ,antes de realizar Vértigo, Hitchcock tenía pensado hacer Flamingo Feather, una historia de aventuras en África con James Stewart y Grace Kelly, película que al final no se realizó porque la actriz no estaba disponible y por problemas logísticos .Al volver de África ,el director miró en su agenda de argumentos y el siguiente era Vértico. Si Grace Kelly no hubiera sido princesa de Mónaco y Hitchcock hubiera visto buena predisposición con el equipo y producción de rodaje en África, probablemente tendríamos un Mogambo versión Hitchcock (se trataba de una historia de amor) y si después se hubiera cruzado otra historia por medio, nos hubiéramos quedado sin Vértigo, así ,sin más. Quizás me equivoque, y al director le obsesionaba una y otra vez la secuencia de una persecución en la azotea, el hombre que huye, salta, el detective que le persigue hace lo mismo pero resbala en el bordillo opuesto, y en el fondo de sus ojos el miedo al vacío, el vértigo. Si, quizás me equivoque.


Aunque los proyectos se movían como un tablero dentro de su agenda, el director contrataba a un guionista ocasional para que desarrollara cada uno de los argumentos previstos, mientras él se dedicaba a rodar otras películas. Cuando se fue a África para preparar Flamingo Feather dejó la historia de Vértigo en manos de Maxwell Anderson, el guionista de Falso culpable (1956). Siguiendo instrucciones de Hitchcock (Anderson fue de los guionista que más al pie de la letra se tomaba las instrucciones del director). Trasladó la acción del París y Marsella de la Segunda Guerra Mundial al San Francisco de los años 50. Esas fueron las instrucciones directas de Hitchcock, el resto vino en forma de insinuación, mandándole dos billetes para él y su mujer con indicaciones para visitar algunos lugares concretos como la misión de Dolores. El realizador, tenía la esperanza que el obtuso Anderson se iba a ceñir al pie de la letra al espíritu de la novela, que es lo que de entrada quería. Pero lo que le entregó no le gustó nada, sobre todo los diálogos. Así que se quitó de en medio a Anderson con la suficiente diplomacia para poder contar con él si hiciera falta, o eso al menos creyó el director.

Hitchcock ya le había echado el ojo a otro guionista con el que había mantenido charlas mucho más fructíferas entorno a la futura película. El guionista inglés Angus McPhail estaba pasando por una época tormentosa de su vida, bebía como un cosaco y se sentía fuera de lugar en Hollywood. Sólo contribuiría durante dos meses al guión de Vértigo y lo abandonó diciendo que la historia “necesitaba un contribución llena de imaginación”. El resultado de su colaboración con Hitchcock se condensó únicamente en dos páginas, pero debieron de ser dos folios increíbles: En ese diminuto espacio, estaba desarrollada la escena de la persecución inicial de la azotea que obsesionaba a Hitchcock ,incluso, Scottie, el nombre que le puso McPhail al protagonista perduró hasta el final.

Hitchcock no quería enfrentarse a Vértigo solo, y sobre todo a ese argumento mágico que por ahora estaba encerrado en sólo dos páginas, como si un elixir de un perfume se tratara. Para continuar el desarrollo eligió a un tercer guionista Alec Coppel, famoso por ser un hacha construyendo estructuras dramáticas y además era un tipo con bastante sentido del humor. Como hiciera con Anderson, Hitchcock lo puso en situación: le dio las ideas sobre 23 secuencias que había pensado en forma de lista (por supuesto, que no se le ocurriera quitar la de la azotea), le proyectó un miniciclo de sus películas y le obligó a ver Las diabólicas (la primera versión, de Henri-Georges Cluzot, que esta basada en un novela de los mismos escritores que hicieron Vértigo). Hitchcock quería el guión para rodar en diciembre de 1956.


Mientras, el director se lió en sus múltiples compromisos. Incapaz de centrarse en un proyecto a no ser que este se estuviera desarrollando in situ. Estaba preparando la película el Misterio del barco perdido (film que nunca rodaría y en el que se implicaría o se desentendería según le pillara el cuerpo). Durante finales de verano y principios de otoño de 1956 se dedicó a rodar esas presentaciones tan divertidas (bueno, según se mire) de la temporada 1956-1957 de la serie de culto llamada “Alfred Hitchcock presenta”, además realizó también tres episodios. Como siempre, se adjudicó el primero de cada temporada y además, en esta tanda realizó también, El secreto de la señora Blanchard, una especie de parodia de la Ventana Indiscreta, y ese episodio famoso en el que el marido calzonazos mata a su mujer y la mete en el maletero, el suspense se basaba en que un nervioso policía para una y otra vez al asesino ,el título lo decía todo: Una milla para llegar.

Si Hitchcock encendiera el televisor, probablemente zapearía hasta llegar a Saber y ganar o Cifras y letras, a lo mejor pondría la 2 Noticias, o conectaría con el Canal Internacional, para saber que pasa por el mundo. Cuando un periodista le preguntó que programas le gustaban más, el director, lejos de contestar que no ve la televisión como tanto intelectualoide de hoy en día, dijo que se quedaba con los concursos y los programas de noticias internacionales. Pero aunque se pasó al enemigo, Hitchcock siempre guardó cierto resentimiento y desdén frente a un medio que en los años cincuenta era la bestia negra del cine. Pero, ay, el diablo (en forma de cadena de televisión llamada CBS, la misma que emitía Doctor en Alaska) le hizo caer en la tentación: le plantó un cheque de 125.000 dólares de la época por episodio, más de lo que había cobrado hasta entonces por hacer una película, y además, todos los derechos de la serie serían para el director después de la primera emisión, unas condiciones que hoy en día no tendría nadie ni de coña (en aquella época parecía que a la tele le salía petróleo por todos sitios y se dedicaba a tirar la casa por la ventana para fichar a sus estrellas). Las apariciones de Hitchcock en su serie es un icono del imaginario colectivo de varias generaciones, normalmente solía hacer chistes irónicos y de humor negro sobre la historia que iba a presentar, a menudo le acompañaba algún personaje raro al que el director en algunas ocasiones puteaba y a veces era el propio director el que ironizaba sobre sí mismo. Hasta el punto recurría a la autoparodia, que la marca de fábrica de la serie es la silueta oronda del realizador (dibujada por el propio Hitchcock), a la que, en los títulos de crédito, le acompañaba esa música que parecía marcar el paso de una comparsa de tipos cansados. Fue Bernard Herrmann (el autor de la música de la película que nos ocupa) el que le sugirió a Hitchcock la “Marcha fúnebre para una marioneta” escrita por Charles Gounod en 1872.

Tags: hitchock

servido por davichof 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

alicia

alicia dijo

Me ha gustado tu post.
saludos

5 Julio 2006 | 10:52 AM

mmar

mmar dijo

Precioso!!!una de las pelis de Hicht que más veces he visto,púes yo tengo vertigo y esa sensación en la escalera de caracol,es lo que me pasa a mi cuando estoy subiendo escaleras y miro abajo,sin bromas,a mi me encantan todas las de Hicht,pero esta le tengo un cariño especial,y la música?bestial,la tengo en mp3 en el ordenador y justito ahora la estoy oyendo.Un placer leerte.Abrazos

5 Julio 2006 | 11:27 PM

marta drooker

marta drooker dijo

Me zambullí en tu post y di varias brazadas en el maravílloso mar de tus reseñas. Davi: a los que el cine nos traspasó y traspasa, leerte es un privilegio.
Un abrazo.

6 Julio 2006 | 02:44 PM

Davichof

Davichof dijo

Hoolas.

Muchas gracias Alicia, ya me he pasado por tu blog (y me enlazado para pasarme más todavía) ,me han gustado mucho tus dibujos (hago comic a nivel amateur ,pero amateur de esos profundos). Un abrazo.

Es verdad, mmar, la música de esta película es la hostia, Hermman era un genio, Hitchock era Hitchcock ,pero también tuvo mucha suerte de rodearse de los mejores colaboradores que un director pueda tener como Hermman o Saul Bass, que ahora me vengan a la cabeza. Una alegría enorme verte por aquí, gracias por tu comentario y un abrazote.

Marta como siempre muchas gracias, que hariamos nosotros sin en cine, es una pena que no se inventara antes, lo mismo podíamos tener películas hechas por Byron y con guión de Mary Schelley, jejejej (jodida imaginación). Un abrazo.

9 Julio 2006 | 02:08 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Fotos

davichof todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera