LA BODA (2): LOS CURAS

Creo que en algún post por ahí conté como estaba el clero. Decía algo así, que al no ir a misa nadie (ni Dios) y que haya en este país ese convencimiento tan absurdo y arraigado de que no se está casado si no es delante de un altar (en ese sentido los servicios de propaganda y concienciación del señor Radzinger funcionan de puta madre).Pues los cléricos no se encuentran con abundantes parroquianos nada más que en comuniones, bautizos y sobre todo en bodas (a las que van hasta los irrecuperables). Ante tan elevada audiencia (cuando se volverán a ver en otra) es del común que se salten su habitual recorrido por los salmos y cansina liturgia, provocando esto, no pocas y aveces desafortunadas anécdotas.
No soy el más adecuado para hablar de sermones diáconos. Me aburren, si tengo que conocer cosas de la religión, prefiero buscar solo. Ya dijo Sartre que "Se puede pasar de la fe al ateismo, pero una vez que se ha dado el paso ya dificilmente se vuelve a la fe, siempre queda la sospecha". A mi manera (cada uno/a tendrá la suya) prefiero ser un ser humano de fe, buscando mis propias respuestas a aceptar las que me vengan dadas. Pero bueno, estamos todos de acuerdo que estas celebraciones son más sociales o convencionales que otra cosa ,más que nada compromisos.

Me contaba mi hermana de una celebración en Ciudad Real, en la que por una vez no habían seguido la tradición y se habían casado en la ciudad donde era oriundo el novio. Eso le provocó al cura un desajuste, y durante la boda empezó a recordar la infancia de ella, y a evocar los momentos en los que asistió a catequesis con el. Allí estaba el novio y la novia mirándose el uno al otro con cara de pasmo. El caso es que continuó el rito, todo bien, hasta que el cura cierra el libro y pide ,para sorpresa ya de todos, que la novia y el novio intercambien sus zapatos. La desposada dice que nanai, "Yo no veía nada más que a Inés todo el rato delante del altar moviendo el moño para un lado y para otro" contaba mi hermana. El cura dice que porque se niega. Y la novia ,en sus trece, que no, y que no. Al final el párroco empieza, en mitad de la boda, a contar su viaje a Japón y lo que le sorprendió que allí los contrayentes intercambian sus zapatos y dan una vuelta al templo como señal de unión, y que aquello le pareció muy bonito. Pero Inés dice que no, que su futuro marido nada más empezar su vida marital no se va a poner unos tacones y se va a dar un paseito por la iglesia saludando a su familia con gestos orientales. Total después de muchas vueltas y el desconcierto general, el cura cierra la boda, y mi hermana me asegura que fue cierto al cien por cien, con una bendición: "Calzaros los unos a los otros". Allí cada uno pensó lo que quiso, pero el descojone fue general.

En fin espero que haya otro concilio Vaticano III como el que promovió ese maravilloso Papa llamado Juan XXIII, quien sabe, lo mismo se imponen las tesis de este cura de Ciudad Real y las bodas, sino un poco más divertidas, si serán por lo menos distintas.


srta Honeychurch dijo
Uy, que bien una boda por la Iglesia con sorpresa incluida!! Al menos indica algo de apertura, solo por eso hubiera merecido la pena cambiarse los zapatos!!!!
Ayer yo estuve en una boda tan aburrida y tradicional que me hubiese encantado una anécdota así!
Besotes
11 Junio 2006 | 04:56 PM