EL PADRINO I: COPPOLA CONTRA EVANS
Para fortuna de su salud mental a Coppola ,del grupo de de Bulhdorn , Yablans y Evans, solo le tocó lidiar directamente con éste último, con sus chorradas, su caprichos de divo, sus decisiones arbitrarias y sobre todo con su desprecio, si hubiera tenido que soportar a los tres no estaría vivo, trató con uno de ellos y casi le cuesta la vida. Pero también es verdad que si Evans no hubiera hostigado a Coppola y éste no se hubiera estado todo el rodaje en la cuerda floja, el Padrino I no sería el peliculón que es, ya que el estar en entredicho todas las decisiones del director y la inestabilidad de los interpretes por él elegidos determinó el ritmo de rodaje, pues Coppola rodaba a toda pastilla para que ante la abundancia del material filmado, los productores no pudieran cambiar nada, convirtió en un reto un trabajo de encargo.
Cuando le preguntaron Robert Evans,el porque de escoger a un director desconocido para una película tan importante, respondió: “Porque es joven y fácil de controlar”. Coppola siempre se ha quejado, de la falta de confianza que tenían en él los productores durante el rodaje del Padrino I y las inseguridades que le provocaron ante el equipo ,pese a que ,sobre todo porque controló el guión desde el principio, siempre supo lo que quería hacer. Por ejemplo durante todo el rodaje cuestionaron todas las elecciones de reparto que había hecho Coppola. Un caso sangrante es el de Al Pacino. Desde el principio los productores lo rechazaron, Evans no quería ver al actor para ese papel ni aunque trabajara gratis,el personaje de Michael Corleone, excepto para él, había sido pensado para una retahíla de actores entre los que se encontraban Warren Beatty ,Robert Reford, Ryan O´Neill ,Jack Nicholson y Martin Scheen. Pacino se encontraba permanentemente cuestionado, era su primer personaje importante y nadie confiaba en él, empezó a rodar sin saber si iba a terminar la película y mientras se estaban haciendo pruebas con otros actores para su papel. Le hicieron incluso la putada de probar a James Caan (el actor que hace de Sony Corleone) para ver si era más adecuado para hacer de Michael, curiosamente el rol de Sony Corleone, también estuvo a punto de cambiar de manos y se hicieron pruebas con Robert DeNiro, que lo hace bastante bien, de hecho la prueba gustó tanto que en la segunda parte no tuvieron dudas en contar con el actor.

Pero por encima de todas las cosas, Evans no quería ver en esta película a Marlon Brando ni en pintura. Cuando se le insinuó que era uno de los candidatos al papel preguntó irónicamente: “¿Tendrá subtítulos esta película?”. En la escena en la que Vito Corleone llora por su hijo, Evans dijo de Brando “Este tipo es un imbécil ,ni siquiera puede interpretar a Marlon Brando, es la escena más sobreactuada y peor interpretada que he visto en mi vida”. Y es que este personaje tiene tela. Coppola impuso a sangre y fuego al actor, los productores, Evans a la cabeza, decían que no con evidencias más o menos ciertas: Brando era un tío egocéntrico e impredecible, además era ya un actor acabado. Pero el director ponía argumentos encima de la mesa: él y Mario Puzzo habían escrito el guión teniéndolo en mente. A todo esto entró un tercero en discordia: Anthony Quinn, probablemente los productores siempre habían pensado en él porque daba el tipo de carácter latino, las declaraciones de éste a propósito siempre han sido muy enigmáticas: Según él le mandaron el guión de la película, lo dejó en lo alto de una mesa e inesperadamente se presentó Brando en una visita de cortesía, hablan, se despiden, pero cuando va echar mano al guión este ha desaparecido, a los pocos días era Brando el protagonista. Del actor de La ley de el silencio se puede esperar cualquier cosa, ¿pero por qué iba a robar el guión ,si se escribió pensando en él, si el director se estaba peleando para que lo interpretara?, es absurdo.

Según cuenta Peter Biskind, que Brando se quedara definitivamente con el papel fue una decisión directa del gran jefe: Charlie Bluhdorn. En una de las primeras reuniones con los directivos de la Paramount, antes de empezar a rodar, Coppola, dejó caer el nombre de Marlon Brando para el papel de Vito Corleone. Nada más mencionarlo, uno de los directivos, Stanley Jaffe, pegó un puñetazo en la mesa y dijo que el actor jamás interpretaría al Don mientras él estuviera en la Paramount. Tanto le afectó el berrinche de Jaffe a Coppola ,que allí mismo tuvo un ataque de epilepsia y cayó espectacularmente al suelo sin sentido. Impresionado, Jaffe, permitió únicamente que se le hiciera una prueba de video al actor mientras se trasformaba en Don Corleone. Con la cinta en la mano, el director se jugó el todo por el todo, y sin decirle nada a Evans, se fue a Nueva York donde estaba la sede central de Gulf + Western, e instaló una pantalla en la sala de juntas en la cual proyectó la prueba. Cuando llegó Bluhdorn y vio a Brando en la pantalla se puso histérico “¡No!, ¡Definitivamente no! ¡No quiero a ese chalado!”, pero antes de abandonar la sala se volvió y quedó con los ojos fijos en la proyección. “Es fantástico” dijo. ¿Qué vio el gran jefe en la pantalla?, ¿Se vio a si mismo?, quien sabe, el caso es que Brando se quedó con el papel y nadie habló más del asunto.

Con el personaje en sus garras el actor lo interpretó a conciencia, se puso unos algodoncillos detrás de las encías, adoptando un tono de voz que en lo sucesivo sería imitado en todas las películas de mafiosos y que fue el autentico quebradero de cabeza de Robert DeNiro, ítaloamericano por parte de padre ,que tuvo que estar en Sicilia varios meses para adoptarlo. Nadie creía en la composición del personaje que estaba haciendo Brando, los propios mafiosos que supervisaban la película decían que no daba el tipo: pero creó un estereotipo...casi todos los capos mafiosos que veríamos en lo sucesivo en el cine serían una imitación de este. Otros actores fueron candidatos al papel de Vito Corleone, entre ellos Laurence Olivier, Orson Welles (que dijo que hubiera matado por el papel) y Frank Sinatra, este último con la condición de quedarse con los derechos de la novela, probablemente para hacer cambios en el guión a su conveniencia y así quitar el personaje de Johny Fontane, el cantante aspirante a actor que recurre a Corleone, y que Puzo creó inspirándose en Sinatra y sus continuos lazos con la Mafia. Podía haber aparecido Brando en El Padrino II, Coppola estaba dispuesto a forzar el guión para que su personaje saliera de nuevo, pero la pelea que tuvo el actor con el jefe de los estudios Paramount como consecuencia del espectáculo que montó en la recogida de los Oscars el año anterior, lo hizo imposible.

La consigna era joderse el uno al otro. Evans puteaba a Coppola cuestionando a todos sus intérpretes, y agotaba todo el tiempo de preparación de la película rodando pruebas con actores, lo que impedía al director concentrarse en la película y preparar los exteriores. Coppola ,por otro lado , cuestionaba todas las decisiones de Evans por sistema, para él Evans “era un imbécil, que el noventa por ciento de lo que decía eran gilipoyeces”. Al final, por suerte, también en el tema del reparto ganó el director: “Si no hubiera peleado, habría hecho una película con Ernest Borgnine y Ryan O´Neal ambientada en los años 70”. Pero viendo lo peseteros que eran en la Paramount, más que la cabezonería del realizador, al final fueron los bajos sueldos (siempre desde la óptica de Hollywood) lo que determinó el reparto: casi todos los actores principales sólo cobraron 35.000 dólares cada uno, incluso Brando, se “conformó” con 50.000 dólares. Coppola cobró 110.000 y un 6% si la cosa iba bien. Una cláusula de la que no se iba arrepentir. Ni los de ING le iban a sacar tanto rendimiento a ese porcentaje.
Pero más que la elección del reparto, el cuestionamiento del director y los delirios de grandeza de ambos, donde realmente chocaron directamente Coppola y Evans fue en el montaje final de la película, que es, al fin y al cabo, el resultado.
Coppola se había llevado los negativos a San Francisco para montarlos, deseaba ,por lo menos en el último proceso de la película ,estar lo más lejos posible de Evans y sus secuaces. El histórico día en que se iba a proyectar la película ,ya montada, para que los directivos de la Paramount dieran el visto bueno, no pudo ser peor para Coppola. Evans tenía un dolor de espalda galopante y desde hacía varios días estaba hinchado de calmantes, según su mano derecha Peter Bart “Hacía venir a un tío todos los días, una mano de santo, que le daba una inyección, un chute de vitaminas, quién sabe qué,…creo que eran anfetaminas”. El mayordomo de Evans, lo llevó a la sala de proyecciones en una cama de hospital, iba vestido con un pijama de terciopelo negro y también se había llevado unas pantunflas a juego. Durante la proyección Coppola estaba desquiciado, cada vez que oía el motor de la cama, significaba que Evans bajaba la cabecera para poder dormir un rato. Mucha gente vio ese primer pase, entre ellos el guionista Robert Towne, que había ayudado a Coppola a escribir algunas escenas, entre ellas la famosa en la cual Vito Corleone le trasmite el poder a su hijo. Pese a la insistencia del director, se negó a figurar en los títulos de crédito y oficialmente los guionistas son Puzzo y Coppola. Towne, se las tendría que ver con Evans unos cuantos años después en Chinatown (1974), pero por aquel entonces no conocía bien al productor y el espectáculo de la cama ,el pijama, las zapatillas y Evans medio grogui lo dejó de piedra, pensó: “Si este hombre dirige un estudio, la industria debe estar en un serio aprieto”. Casi al empezar la película un Evans medio drogado empezó a tararear algo y se metió el dedo pulgar en la boca como si fuera un niño y así estuvo durante toda la proyección , probablemente no vio casi nada de la película, pero tenía que dar por saco hasta el último momento.

Evans cogió a parte a Coppola y le dijo: “Dices que has rodado una gran película, pero ¿dónde coño está la película? ¿En la cocina con tus espaguetis?”. Evans presionó a Bluhdorn para que el material se montara de nuevo y él supervisara el montaje, insistentemente afirmaba que “en la pantalla no se ve nada”. Coppola estaba horrorizado. Evans le dio un ultimátum: podía montarla él, pero que la película no durara más de 2 horas y cuarto. El director se puso manos a la obra y el resultado fue el de una película de 2 horas y 50 minutos. Y queridos lectores, esto es lo que hace una gran película, primero un gran guión, luego la creatividad, la genialidad, buenos actores y actrices, y la salsa, en puntillo necesario: que tengas un productor que te esté jodiendo y dando por saco. Hace unos años, Coppola, sacó una edición de los dos Padrinos con metraje adicional, o sea todo lo descartado en el montaje, y que queréis que os diga, todas y cada una de las escenas añadidas estaban bien en su sitio: almacenadas en el estudio Paramount como curiosidad para los cinéfilos y ahí se deben de quedar. Horrorizado Coppola volvió a cortar su versión larga y la redujo a 2 horas y cuarto, que es en lo que finalmente se quedó. Se la presentó a Evans y le dijo que no le gustaba y que se la llevaba para montarla él, que es lo que en realidad quería, Coppola le volvió a enseñar la película con el metraje adicional y le gustó más a Evans, el caso es que los dos estaban de acuerdo en lo mismo, pero la película ya estaba montada y bien montada. Gracias a esta pelea tan surrealista ,Coppola tuvo que hacer un ejercicio de autocrítica, que a lo mejor no hubiese sido capaz de hacer y quitar de El Padrino todo lo que le sobraba, la película fue podada, para durar lo justo, lo necesario. Porque al final se impuso el criterio comercial: la versión corta, sino, pensaban todos en el estudio, el público se dormiría.
Todos estos años ha perseguido a el Padrino la controversia de si la autoría es únicamente de Coppola o de Evans, como ya comenté, éste se creía que era Irving Thalberg, y tal y como hiciera su ídolo, se veía en la obligación de intervenir directamente en las películas mucho más de lo que debería. Sin duda ninguna Coppola es creador del Padrino ,pero éste no sería igual si no hubiera estado incordiando Evans, igual que Lo que el viento se llevó no sería lo mismo si no la hubiera producido Selcknick. Las pretensiones de la autoría persiguieron a ambos hasta 1983, año en que se volvieron a encontrarse en Cotton Club (1983) ocupando las mismas posiciones. Pero esta vez Coppola no era pobre director novato y pardillo, así que se soltó y le envió a Evans un telegrama, al cual éste le puso un marco en forma de corazón y lo colgó en el cuarto de baño, la misiva, que es un resumen de todo lo que he dicho, la reproduce Peter Biskind en su estupendo libro “Moteros tranquilos y toros salvajes”, dice Coppola: “Querido Bob Evans: he sido una auténtico caballero en lo tocante a tu pretensión de haber participado en el Padrino. Nunca le he dicho a nadie que te cargaste la música de Nino Rota, que quisiste suprimir del reparto a Pacino, Brando, etc. Pero tu imparable parloteo sobre el montaje de El Padrino sigue resonando en mis oídos y me irrita por su ridícula pomposidad. Tú en el Padrino no hiciste nada que no fuera incordiarme y retrasarla”.


operadoor dijo
¡Qué buen trabajo, Master!
Saludos
3 Junio 2006 | 09:32 PM