La Coctelera

Meditorráneo

28 Mayo 2006

EL PADRINO I: ROBERT EVANS

Esta claro que Evans no era otra cosa que un trepa, que si no hubiera sabido aprovechar sus oportunidades lo más seguro es que hubiera sido un gigoló o algo por el estilo. Nacido en 1930, antes de entrar en el mundo de el cine se había dedicado a la confección (a menudo Bluhdorn se refería a él como “el cortador de pantalones”). De cara a la gente era la persona perfecta que además se esforzaba en aparentarlo, pero como mucha gente que a los ojos de todo el mundo parecen ideal, Evans guardaba impulso de autodestrucción que al final lo llevó a la perdición, y al igual que los dos personajes anteriormente descritos no le importaba codearse con todo elemento mafioso o sospechoso que rondara por las fiestas de Hollywood. Por la mansión llegaban y salían modelos, actrices y prostitutas (qué típico), cuyos nombres se tenía que apuntar en un papel para recordarlos, a la única mujer a la que le era fiel ,era a su ama de llaves, hasta que un buen día vino la dulce Jennifer y se quedó...

En 1969 contrajo matrimonio con Ali MacGraw, en apariencia la prensa rosa pintó el enlace como un cuento de hadas, él era el joven ,atractivo y prometedor ejecutivo de la Paramount y ella era la chica que había enamorado a todo el mundo en Love Story(1968) ,pero los que estaban alrededor veían que aquella pareja iba a durar menos que una chocolatina en la puerta de un colegio. La angelical actriz tenía fama de acostarse con todos sus compañeros de rodaje, y lejos del cándido papel de la película con la que alcanzó la popularidad, era bastante materialista, ambiciosa y autodestructiva, o sea en teoría era igual que Evans, por eso todo el mundo temía lo peor. Con su habitual delicadeza Evans definió así su vida íntima con MacGraw: “Tuve una vida sexual fantástica con Ali hasta que me casé con ella; después de casarnos no pude follármela ni una sola vez. No me empalmaba”. Estaban en Hollywood, eran la pareja de oro, él era superproductor y ella la actriz de moda. Pero en la cúspide de la fama, MacGraw pensaba que ya había cumplido en el mundo del cine y se quería dedicar a escribir poesía y secar flores. Entonces Evans le propuso actuar en una película que estaba en las antípodas de Love Story, la que para mí, es una de las mejores películas que ha hecho el medio indio Sam Peckinpah : La huída (1972).

La llegada de MacGraw, con su aureola de éxito ,pretendía poner un poco de orden en la también accidentada producción de esta película. Y es que no se que tenía la Paramount para que toda película que tocaba o producía se enrevesara. En 1959 ,Jim Thomson publica The Getaway (La huida), que con toda la cortesía del mundo se la ofrece al productor James B. Harris para que se estrene como director, Thomson le estaba agradecido porque en los malos tiempos había contado con él para los guiones de Atraco perfecto (1956) y Senderos de gloria (1957) y además lo había defendido frente a las iras de Stanley Kubrick. Pero en aquellos momentos el que estaba pasando una mala racha era Harris que había emprendido una huida de costa a costa para librarse de los acreedores (también la vida de un productor de cine es arriesgada).

Tras muchas, y rocambolescas vueltas, la novela recala en la Paramount, llegando a manos de Steve McQueen, que recientemente había creado First Artists (bueno eso de que los actores crean sus propias productoras es una falacia, porque las perras al final siempre las ponen los grandes estudios), y en seguida piensa en Sam Peckinpah como director, había rodado ya varias películas con él y la relación, pese a la fama de conflictivo del realizador, había sido buena. Jim Thomson tenía ya escrito un guión sobre su novela, pero Peckinpah y el guionista contratado para la ocasión, Walter Hill (luego famoso director) pasaron olímpicamente de él: Movieron la acción de 1959 al año del rodaje y para terminar la faena pusieron un happy end, cuando en el libro la pareja es retenida por las autoridades mexicanas en una especie de campo de concentración para delincuentes donde tienen que sobornar los guardines para seguir vivos.

La película empezó a rodarse a mediados de enero, justo en el punto álgido del enfrentamientos de su marido con Coppola a causa de El Padrino. Cuando Ali MacGraw llegó al plató, nada más ver a Steve McQueen entre los dos se produjo un flechazo. Rodeados de paparazzis y un Evans tan enfrascado con El Padrino ,que apenas veía a su esposa, el coqueteo inicial ,se convirtió en un romance público. Evans no era tonto y sabía que había tomate, “Es un asunto pasajero” respondía a los que le avisaban. Muchos de los que estaban a su alrededor pensaron que Evans era el primero que deseaba tirar por la borda su matrimonio, que por lo que sea, se dio cuenta que no estaba hecho para estar casado. Durante la fiesta que se hizo para el estreno de El Padrino, nada le salió bien a Evans: deseaba que estuviera la prensa allí, él junto a todas las estrellas, pero Marlon Brando se vengó escabulléndose en el último minuto y Ali MacGraw llegó in extemis desde El Paso ,donde se estaba ultimando La huida. Posteriormente diría Evans en una mezcla entre autoengaño y autocompasión: “Fue el mejor momento de mi vida, pero todo era un engaño. Mi mujer estaba acostándose con otro y yo no tenía ni la menor idea. Tenía tanto interés en estar conmigo como en estar con un leproso. Me miraba a mi y pensaba en la polla de Steven McQueen”. Al poco tiempo, ella se fugó con el actor, con el que finalmente se casaría para vivir su propio infierno, del que finalmente salieron en 1978.

Cuando Evans consiguió lo que quiso, podía haberse dedicado a vivir la vida y aprovecharse de la situación, pero se volcó de lleno en el trabajo de productor, se autodefinía como el heredero de Irving G. Thalberg uno los productores más poderosos y con más talento de la historia del cine, Evans se consideraba en la obligación recoger la herencia de estos y nos ser un mero mecenas, sino que debía intervenir en el proceso creativo.

Irving G. Thalberg, el ídolo Evans, el espejo en el que se miraría profesionalmente durante todo su vida, y con cuya trayectoria vital , para bien o para mal, guardaría bastante paralelismo, nació en Nueva York en 1889. Con 19 años ya trabajaba en la productora Universal, otra de las grandes ,como ayudante de su tío Carl Leamme, que pronto aprecia su talento y lo pone al frente del departamento de producción. Su prestigio crece como la espuma en Hollywood, gracias a su habilidad como administrador, y sobre todo su increíble intuición para saber que quería el público. Igual que Roberts Evans con Coppola años más tarde, Thalberg chocaría también con uno de los más grandes creadores de la historia del cine, Erich Von Stroheim, este director ,entre otras cosas, se caracterizaba por hacer la película que creativamente le pedía el cuerpo, durara lo que durara, o si se llevaba la película la mitad del presupuesto del estudio y casi lo arruinaba. Eso, al austero y práctico de Thalberg le ponía de los nervios, el primer choque lo tuvieron en 1923 cuando Stroheim rodó bajo sus órdenes Los amores del príncipe. Pero su relación debía de tener algo de masoquismo, porque cuando Stroheim se pasó a la Metro Goldwyn Mayer, Thalberg hizo lo propio para encargarse de toda la producción. Allí, cada uno en su puesto, iban a librar una de las batalla más terribles de la historia del cine durante el rodaje de Avaricia (1925), costó en aquella época 750.000 dólares (un dineral por entonces) ,y el metraje que presentó Stroheim duraba 10 horas, os podéis imaginar la cara que se le quedó a Thalberg, que en seguida cogió las tijeras y empezó a recortar. Avaricia siempre aparece en las listas de las 10 mejores películas de la historia del cine, pero la lucha entre el productor y el director llegaría a tales extremos ,que nunca se ha exhibido una versión definitiva tal y como la concibió Stroheim, que quedó tan tocado que haría pocas películas después (una de ellas con Thalberg, que a pasar de todo siempre reconoció su talento, ya digo, dos masocas) y se dedicaría sólo a actuar.

Thalberg seguiría su meteórica carrera hasta convertir la Metro Goldwyn Mayer en uno de los estudios más poderosos de su época y sería el impulsor del starsystem. Pero su salud le pasaría factura. Tenía problemas cardíacos y en 1932 sufrió un infarto, por lo que su jefe Louis B. Meyer contrató al que sería su mano derecha para sobrellevar algunas tareas, un tipo que tomaría bastante de las enseñanzas de Thalberg y que unos años después tendría mucho que decir en la historia del cine: David O. Selznick, ¿Os suena?. Su mala salud y una neumonía lo tumbaron definitivamente el 14 de septiembre de 1936. Su vida fue fuente de inspiración para una novela de Scott Fritzgerald llamada precisamente El último magnate, y que fue llevada al cine por Elia Kazan en 1977 y protagonizada por Robert DeNiro, una bonita película en la que Thalberg aparece como un tipo melancólico y enamorado.

Tags: el padrino

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

operadoor

operadoor dijo

Enterado. Gracias

28 Mayo 2006 | 05:43 PM

marta drooker

marta drooker dijo

Demás está decirte Davichoff que uno de tus post me recordó una historia mía. Cuando recuerdas a Poltergeist, vino a mi mente algo similar que nos sucedió...bueno... que inventamos que nos sucedió. Y lo puse en mi blog.
Sos una fuente de inspiración!
Te leo siempre.

1 Junio 2006 | 03:03 PM

Davichof

Davichof dijo

Holas marta, muchas gracias. En estos casos no se que poner, mujer si tu no necesitas que te inspiren, eres una narradora estupenda, cada uno de tus post son un cuento pequeñito, lleno de metáforas, un juego del lenguaje, increíble. De verdad y sin falsas alabanzas, invito a quien hay llegado hasta aquí, que aproveche el enlace de Marta, y entre en un universo del que ya no se podrá desprender. Tu si que me inspiras a mí. Un abrazo.

3 Junio 2006 | 07:08 PM

tom

tom dijo

hay varios datos inexactos en el articulo: LOVE STORY no es de 1968, el supuesto impulso autodestructivo de Robert Evans no aparecio hasta muchos años más tarde, etc. No es un relato histórico riguroso, sino medio novelado

8 Noviembre 2009 | 10:26 AM

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