HELLO !! NORMA JEANE: CON FALDAS Y A LO LOCO
El punto de partida de Con faldas y a lo loco (Some like it hot, 1959), se basaba en el argumento de dos películas alemanas: Dos músicos que trabajaban en la época de depresión en ese país se disfrazan para conseguir trabajo: unas veces de chicas, otras se pintaban de negro para meterse en bandas de jazz o se ponían trajes típicos alemanes para tocar en grupos folclóricos.
Wilder y su guionista Isadore Diamond, tuvieron que trabajar un poco más sobre el argumento. Partiendo de que la idea del travestismo de los protagonistas para conseguir un trabajo les parecía maravillosa y con unas posibilidades de comicidad enormes, como cuenta el director en sus memorias, tenían que encontrar una justificación de peso para el transformismo ante los ,todavía conservadores, ojos del espectador (años después Sydney Pollack, volvería a la coartada original de vencer el paro como necesidad de vestirse de mujer en Tootsie) y desde luego no encontraron mejor razón: Salvar el pellejo. Pero detrás de todo esto, además, había un argumento más lógico que la de eludir los perjuicios del público americano: Al disfrazarse de mujer, en cualquier momento de la acción, podían quitarse la ropa y darse a conocer (cosa que ocurre en Tootsie) y como diría posteriormente Wilder “La comedia adquiría un carácter forzosamente inevitable”.

Todo esto llevó a director y guionista a trasladar la acción al Chicago y los años 20 y de ahí a la matanza de San Valentín. Y es aquí donde empieza a rizarse el rizo. David O. Selznick (el director de Lo que el viento se llevó) le dijo a Wilder que una comedia que empieza con una masacre ensombrecería la película y la haría imposible. Fue precisamente ese reto de hacer posible aquello que no lo era lo que forzó las situaciones y provocó que surgiera un montón de escenas cómicas en un guión que Wilder y Diamond se plantearon como una partida de ajedrez. Vamos a irnos por ejemplo a la escena (o al diálogo quizás) más famoso de toda la película, el que mantienen al final Joe E. Brown (que hace el personaje de Osgood, el millonario que corteja a Lemmon, vestido de mujer) y el propio Lemmon:
OSGOOD: Hablé con mamá. Estaba tan contenta que hasta lloró. Quiere que lleves su vestido de novia.
JERRY (LEMMON): Osgood, no puedo casarme con el vestido de tu mamá, seguro que ella y yo no tenemos el mismo tipo.
OSGOOD: Podemos retocarlo.
JERRY: ¡No hace falta! Osgood, debo ser sincera contigo. No podemos casarnos.
OSGOOD: ¿Por qué no?
JERRY: Pues, primero porque no soy rubia natural.
OSGOOD: No me importa.
JERRY: Y fumo, fumo muchísimo.
OSGOOD: Me es igual.
JERRY: Tengo un horrible pasado. Desde hace tres años estoy viviendo con un saxofonista.
OSGOOD: Te lo perdono.
JERRY: Nunca podré tener hijos.
OSGOOD: Los adoptaremos.
JERRY: ¡No me comprendes, Osgood! (se arranca la peluca y con voz de hombre dice): ¡Soy un hombre!.
OSGOOD: Nadie es perfecto.
Cuando Wilder y Diamond escribieron esta escena, era domingo, tres días antes de que empezaran a rodar. Habían llegado hasta la frase en la que Lemmon dice: “¡Soy un hombre!”, pero faltaba la guinda, la respuesta. Pensaron durante horas y flotaron algunas frases como “”¿Y qué?” o “¡Genial!”. La solución, llegó cuando recordaron la discusión entre un matrimonio en la que la mujer le dice al marido: “Eres un perfecto idiota” y él contesta: “Nadie es perfecto”. Solo había que hacer algo tan sencillo como sustituir, pero qué difícil es llegar hasta ahí, de hecho, ninguno de los guionistas estaba muy convencido, pero estaban tan cansados de darle vueltas al asunto, que la dejaron puesta y así se quedó en el guión definitivamente.
Pero Con faldas y a loco, contaba además con otra baza de peso. “Nos tocó el número de la suerte”, como diría años después Wilder en sus memorias: La presencia de Marilyn Monroe. Que apareciera la mujer más deseada del mundo en una película de dos hombres travestidos daba lugar a un montón de situaciones disparatadas: hombres que eran aparentemente mujeres, compartían baño, yacían en la cama con un mito erótico y no podían hacer nada, todo esto creaba una tensión en el espectador, que solo podía descargarse en una explosión cómica. Pero es que en la otra vertiente, cuando uno de los personajes ,en este caso Tony Curtis, actúa como hombre para seducir a Marilyn, Wilder y Diamond fueron todavía más lejos planteándose la siguiente pregunta: “¿Qué hay más excitante que seducir a la Monroe?”: Ser seducido por ella. Así construyeron ese entramado en el cual Curtis se hace pasar por un millonario insensible a la pasión, dando lugar a que la seductora rubia (Sugar Kane) lo intente curar con sus besos (la censura de aquella época no daba para más). A raíz de estas escenas ,probablemente Tony Curtis dijo aquella gilipoyez de que besar a Marilyn era como besar a Hitler, frase que le dolió mucho a la actriz.

Pero contar con Marilyn en esta película (a pesar de que sin ella sería hoy en día imposible imaginarla), fue una baza a medias. Y si no que se lo cuenten al director, como fue el rodaje. Porque pese al cariño que en cierta manera le tiene, respecto a Marilyn Monroe, Wilder no puede decir mas que perrerías y con razón, porque el director se ciñe al aspecto puramente profesional. Wilder ,de entrada, no quería rodar con ella, sabía de sus impuntualidades tras haber trabajado ya en La tentación vive arriba. Fue impuesta por los productores y la resignación del director la expresó en una divertida frase: “Mi tía Vinnie es mucho más puntual, pero nadie paga por ver a mi tía Vinnie”. En Con faldas y a lo loco, Marilyn batió todos los record que hasta entonces había ostentado en llegar tarde a los rodajes. Tiene que ser desesperante que tengas todo preparado desde las nueve de la mañana y que empezar dependa de una persona que llegue ¡A las cinco de la tarde!, como se presentaba Marilyn. Pero lo que más jodía a Wilder era las excusas que le daba, que eran un insulto a su inteligencia: “El despertador no ha sonado”, “El paso a nivel estaba cerrado”, “No encontraba los estudios” (estudios de cine donde llevaba trabajando desde hacía 6 años), son famosas las frases derivadas de los quebraderos de cabeza que la actriz le daba al director, como aquella que se le atribuye de que por culpa de Marilyn ,cuando llegaba a su casa y veía a su esposa, no tenía más que deseos de golpearla, por el mero hecho de ser mujer (cosa que no hacía, por supuesto), hasta ese punto encabronaba la Monroe a Wilder, “Ahora todo el mundo se divierte con lo que dije” afirma en sus memorias, “Pero lo que no tenía gracia es los dolores de espalda que el trabajo con ella me provocaba”.

Las tardanzas de la actriz afectaban sobre todo a Lemmon y Curtis, ya que para interpretar a sus personajes, requerían varias horas de maquillaje, cuando Marilyn no aparecía, les crecía la barba y tenían que empezar de nuevo. Y es que durante la película se hacían auténticos esfuerzos para que ambos actores estuvieran caracterizados lo mejor posible. Al hacer las pruebas antes del rodaje, se optó definitivamente por el blanco y negro, con gran oposición de Marilyn, para disimular al máximo la apariencia de ambos actores travestidos. Curtis, podía pasar pero Lemmon era el actor menos femenino del mundo (aunque inicialmente se había pensado en Frank Sinatra que probablemente rechazaría el papel). Para dar realismo a sus interpretaciones, Wilder, no se sabe si medio de cachondeo o en serio contrató a uno de los mejores imitadores de mujeres del mundo para que asesorara a ambos actores, era francés y tuvieron que traerlo en barco porque se negó a volar en avión. A los dos días dimitió: “¡Abandono!. Lemmon es imposible. No hace correctamente nada de lo que le digo. Nunca será capaz de interpretar a una mujer”. Por suerte el actor no le hizo caso, ya que la intuición de Lemmon ,para el que resultar gracioso le pareció más importante que reproducir los gestos correctamente, junto con los golpes de efecto del guión hacen que el personaje de Daphny soporte y sea producto de la mayoría de las escenas cómicas más buenas de toda la película.
A los retrasos de la Monroe, se añadía la enorme dificultad de la actriz para aprenderse los diálogos. En este aspecto Marilyn se comportó de la forma más imprevisible: lo mismo era capaz de rodar en 20 minutos una escena que el director había planificado rodar en un día (la escena en la que Marilyn conoce a Curtis en la playa), que en otras, en las que solo tenía que decir una frase (¿Dónde está el Bourbon?, cuando acude deprimida a la habitación de Lemmon y Curtis) se tuvo que repetir 65 veces...volvió locos al equipo: optaron por escribirle la frase por todo el decorado. Pero nada, ella entraba y decía: “¿Dónde esta....ummm?”, “¿Hay whisky ahí?”, además se empeñó en que sus frases no quería leerlas. Se tardó un día y medio en rodar la escena, no solo porque la equivocación daba lugar a cortarla, es que a continuación Marilyn se echaba a llorar, había que tranquilizarla y volver a aplicarle el maquillaje...Y mientras, Lemmon y Curtis, disfrazados de mujer y con zapatos de tacón dando vueltas por el plató agobiados.
Además por allí estaba la mujer de Lee Strasberg, a la que Marilyn llevaba para que fuera su juez en cada una de sus escenas, si ella decía que si, la Monroe daba la escena por buena, cosa que ni mucho menos le hacía gracia al director, ya que era el quien tenía que decir si lo rodado era válido o no. A este desprecio de la labor de Wilder, se unió una enorme desconsideración hacia sus compañeros de rodaje. Marilyn era la estrella total, por encima de Curtis y Lemmon. Wilder podía haber hecho el guión que le gustaba (o sea en cierta manera se rodaba lo que el quería), pero aparentemente cuando entraba en el plató tenía que estar supeditado a los mandatos de la estrella: así que se rodaba una y otra vez hasta que a Marilyn, o a la señora de Strasberg, le parecía bien, poco importaba que Curtis o Lemmon y los demás perdieran fuerza en cada toma. Para rematar la faena, posteriormente al rodaje, Marilyn rechazó el personaje de Sugar, influenciada por Arthur Miller y como no por los Strasberg, empezó desde entonces a pensar en hacer papeles serios, quizás se diera cuenta más tarde o nunca, de que hacer reír es mucho más complicado que hacer llorar.
Posteriormente al rodaje, Marilyn perdió un hijo que esperaba de Arthur Miller, y éste le echó la culpa a Wilder, cosa que fue ya el colmo, después de todo lo que habían tenido que aguantarle a la actriz: que se perdieran días y días de trabajo, cientos de miles de dólares, pérdidas de salud del resto del equipo, de aguantar su desprecio...era demasiado que se le hiciera responsable de aquello. Hubo un distanciamiento seguido de una reconciliación cuando ambos coincidieron en algo tan paradójico y surrealista como el recibimiento que Hollywood le hizo al que por entonces era presidente de la Unión Soviética: Nikita Krushev, en su visita a Estados Unidos. Esa vez Marilyn llegó a su hora, y Wilder no pudo evitar soltar un comentario: “Mira, por lo menos alguien la hace ser puntual, debería ser Krushev, el que dirigiera a partir de ahora sus películas”.
Wilder no volvió a rodar con Marilyn, a la pregunta de un periodista sobre este supuesto, el director respondió: “Lo he discutido con mi médico de cabecera, mi psiquiatra y mi contable y me han dicho que soy demasiado viejo para poder resistirlo de nuevo”. Pero Wilder debió de cambiar de opinión, ya que, por imposiciones del estudio o por voluntad propia quiso contar con Marilyn para el rodaje de Irma la dulce , esta vez fue la actriz quien rechazó el papel, obsesionada por interpretar personajes complejos . La muerte de la actriz en 1962, alejó definitivamente cualquier posibilidad de que volvieran a trabajar juntos. Pese a todos los comentarios que hizo sobre la Monroe, a la que el director siempre tuvo como una magnífica actriz cómica, la últimas palabras sobre su relación lo dicen todo: “Trabajar con ella fue un infierno, pero mereció la pena”.


tara dijo
Una de mis peliculas favoritas,el dialogo final,una pasada,y la explicación no la conocia.Un placer leerte(oirte)hablar de cine,sigo diciendo que los clásicos,los de antes,tienen más de dos visionados cada pelicula buena,y muchas de las de hoy no aguanto siquiera la primera vez que la veo,por algo sera.Un abrazo de cine.
15 Abril 2006 | 01:41 AM