LUIS BUÑUEL: LOS SUEÑOS (2)
Aunque todo este rollo de neuronas que se encienden y se apagan parezca complicado, una aproximación objetiva al mundo de los sueños siempre me ha parecido mas fácil que una subjetiva. En la antigüedad se le negaba incluso esa particularidad, los sueños no eran personales, eran mensajes de los dioses, y el ser humanos que soñaba un simple instrumento, no se tenía un sueño, se veían los sueños: El cine es un sueño visto, en la mas amplia concepción clásica...Antiguamente interpretarlos era una tarea importante, y que fueran caóticos y desordenados respondía a la propia naturaleza de los dioses, que no tenía reglas propias y se regían por la mas absoluta arbitrariedad (la verdad es que iban a su bola). Hay que irse luego mucho mas hacía delante en la historia para encontrar algo interesante en la interpretación de los sueños. Y es que fue el romanticismo el que mas interés se tomó, sobre todo con las pesadillas, los sueños para ellos eran algo subjetivo que atormentaba a los seres humanos. Si hay algo en el romanticismo que me gusta, es que fue un movimiento que convirtió al ser humano en un maldito, en alguien torturado, pero lejos de autodestruirse, lo condujo a la aventura, a la libertad y a la ruptura de las convicciones morales. Quizás porque el siglo XIX fue el último en el que se pudo explorar lugares físicos ,también se exploraron lugares interiores. Luego hay que atribuirle a Freud no solo ser un gran psiquiatra sino ser un santo paciente por escuchar horas y horas de sueños ajenos e interpretarlos (a nadie le gusta escuchar sueños de otras personas).
Curiosamente, Freud, tan arriesgado científicamente, era bastante conservador en el terreno estético, por lo que paradójicamente no le gustaban mucho los surrealistas. Al margen de los gustos estéticos del que para muchos (tantos como para los que no) es el padre de la psiquiatría moderna, lo que le cabreaba a Freud de Bretón y compañía, era la libre interpretación que hacían de sus investigaciones, y más concretamente de la utilización que se hacía de los sueños. Si mientras para el psicoanálisis los sueños eran síntomas psicológicos que había que interpretar, para los surrealistas eran la clave misma que revelaba los misterios del ser y el universo. Si para Freud los sueños ayudaban a entender al ser humano, para Bretón y los suyos, éstos era lo único que merecía la pena de su existencia. Entre el escritor y el científico se estableció una correspondencia que no se si aclaró la situación.

Los surrealistas querían soñar a todas horas y en los momentos de vigilia recurrían al hipnotismo o se ponían en contacto con médiums que los pusieran en trance. Como he dicho antes, soñar era el estado supremo del ser humano. En el número 1 de la revista La revolución Surrealista (1924) Paul Éluard, Roger Vitral y Jacques André decían “El proceso del conocimiento no tiene ya nada que hacer, la inteligencia ya no es tomada en cuenta, sólo el sueño deja al hombre todos sus derechos a la libertad”. Paul Reverdy, es un poco más benévolo que sus compañeros con el intelecto y el mundo racional, afirma “No pienso que el sueño sea lo estrictamente contrario del pensamiento. Lo que conozco me inclina a creer que no es en suma sino una forma más libre, más abandonada”. Finalmente unos años más tarde Louis Aragon diría “Se puede decir que en ninguna parte se logra alcanzar una objetividad más grande que en el relato de un sueño. Pues aquí, a diferencia del estado de vigilia, no se interpone entre la realidad y el durmiente la censura o la razón”. Los paradójico de los surrealistas es que están tan equivocados como cargados de razón. Tan absurdo es lo que dicen Éluard y los otros firmantes como tan intrínseco a nuestra propia existencia es lo que cuenta Aragon: los sueños están más allá de la moral, la ética e incluso de nosotros mismos. Hablar sobre la supremacía de los sueños es algo tan complicado como discutir, por ejemplo, la existencia de Dios.
Pero la realidad, es que a la hora de crear era necesario rebozar la inspiración basada puramente en los sueños, con una buena cantidad de racionalidad. Pues los resultados poéticos en muchas ocasiones fueron desastrosos. En el terreno del cine, que es el que nos ocupa, el mismo Buñuel, se dio cuenta que tras sus dos películas que eran surrealismo en estado puro, seguir esa línea creativa no le llevaba a ningún lado, algo que supo de forma intuitiva antes de que las condicionantes exteriores y comerciales lo fueran domando. Sus propios compañeros también tuvieron que volver a formas de escritura tradicional, y como Buñuel, convertir esa “realidad absoluta entre el sueño y la realidad: el surrealismo” en una más entre las fuentes de inspiración que tenían a su alcance.

Espero que después de todo este rollo, quien lea esto, se haya enredado un poco en los misterios del cerebro. Los expertos dicen que nunca lo vamos a conocer, porque un sistema solo puede ser analizado por un sistema superior y claro, resulta que para analizar el cerebro solo tenemos....nuestro propio cerebro. Pero los científicos se consuelan pensando que éste lo podemos dividir en subunidades sencillas, que si son fáciles de analizar, juntando todas ellas quizás tengamos una visión de conjunto...pero el cerebro es tan vasto, tan increíblemente complejo que aun así tardaremos muchísimo tiempo en conocerlo. Quizás lo que quieran decir los expertos es que hay tantas mentes como personas y cada una en si es difícil de conocer ,pero también cada una guarda la llave del conocimiento total....joder quien sabe. Lo que es una verdad como un puño, es que después de un siglo XX dedicado por entero a la investigación del cerebro y cuyo resultado ha sido conocer sus partes y funciones, así como cuales de ellas determinan cada uno de los aspectos y comportamientos del ser humano, todavía no se ha descubierto qué mecanismo hace que las personas tengan la percepción de lo que piensan y de sus sentimientos, en definitiva, aquello que los expertos llaman conciencia, y es fundamentalmente lo que nos hace ser humanos. Así que el desconocimiento de lo que es la conciencia, es una puerta abierta por la que se pueden colar todo tipo de religiones y definirla con un término que os sonará muy familiar: Alma .Y bueno, si se quiere dejar la religión a un lado, por suerte también todavía, puede entrar, y por supuesto resolver muchas preguntas, la filosofía a la que algunos listillos consideraban acabada entre esa maraña de contestaciones exactas llamada ciencia. Por supuesto, también el arte se puede apuntar. Los surrealistas desde luego se metieron en esa aventura haber que pasaba.
Michael Powell, un cineasta inglés (el director del El fotógrafo del pánico), decía que todo el cine, por definición, era surrealista: Un sueño soñado por cuatro ojos –los del espectador y los del director- que coinciden en un punto de fuga infinito llamado pantalla. Ahí es nada. En el cine, las puyas surrealista van desde los psicodélicos de los años 60 ,que hacían cine hartos de pastillas de LSD , las películas de Antonioni, o cualquier película extraña de festival alternativo ,incluso el cine iraní recurre a él para eludir a los censores. Lo malo de todo esto, es que es un cine muy aburrido y el mérito de Buñuel es que su cine no lo es, el porque quizás haya que agradecérselo a los productores mejicanos que le mandaban dramas y culebrones y ahí tenias a Buñuel metiendo sus cuñas surrealistas, alterando los guiones, se pasó todo el tiempo engañando a todo el mundo (eso que veía tan difícil Abraham Lincoln cuando afirmó que “Se puede engañar a algunos siempre, a todos una vez, pero no a todos siempre”). Y es que en el cine pagamos por algo ,que fuera de ese ámbito jamás pagaríamos por ello: Para que nos engañen.


tara dijo
Buñuel,que buen director,pero esa escena de la foto,nunca he podido verla,siempre cierro los ojos.Abrazos
10 Abril 2006 | 11:14 PM