La Coctelera

Meditorráneo

5 Marzo 2006

JAMES DEAN: AL ESTE DEL EDEN (1)

Durante uno de los descansos de Gigante, James Dean grabó una especie de anuncio junto con el actor Gig Young (otro que terminó pegándole un tiro a su mujer y luego disparándose él). El objeto del anuncio, era advertir a los jóvenes sobre los peligros de una conducción temeraria. “Antes solía viajar a toda velocidad y corría riesgos innecesarios en la carretera. Luego empecé a participar en competiciones...Ahora conduzco con mucha prudencia. La gente dice que las carreras de coches son más peligrosas que la carretera. Bueno, ya es hora de que me vaya”, decía James. “Espera un momento Jimmy –decía Young- ¿Quieres darle algún consejo a los jóvenes conductores?”. Y el actor decía finalmente: “Sed prudentes al conducir. Puede que la próxima vida que salvéis sea la mía”. Este hubiera sido un típico anuncio más de ídolo juvenil dando buenos consejos que ni los demás ni el mismo se creen y que estamos hartos de ver, hubiera pasado desapercibido si al poco tiempo no hubiera pasado lo que pasó.

Poco antes de matarse a James Dean la habían puesto una multa por exceso de velocidad, iba a 180 kilómetros por hora en su flamante y plateado porche, que era capaz de pillar los 240. Y eso que solo le gustaba correr nada mas que en los circuitos. Ocurrió exactamente igual que otro malograda figura del cine, pero esta si, con más talento llamada Murnau, el acompañante que iba con el actor cuando tuvieron el accidente, salió milagrosamente ileso y Dean se rompió el cuello: murió instantáneamente. Luego, los pirados típicos de siempre ,que no se quedan a gusto si no hay un misterio en la muerte de cada famoso, dijeron que Dean no había muerto, sino que su rostro había quedado tan desfigurado que renunció a volver al cine y por supuesto llevaría una vida alejada y anónima, así que según esta gente, por ahí debe estar todavía.

Aquel 30 de septiembre de 1955 Dean iba con el “pequeño bastardo”, que no era el colega que le acompañaba ,sino el nombre que le había dado a su porche. Tenía la intención de participar en una carrera de autos que se celebraba en Salinas, llevaba el dorsal número 130 en el capó, y también colgaba por ahí la medalla de una virgen que le había regalado la mujer que supuestamente más quiso en su vida después de su madre, la actriz Pier Angeli. Ahora bien, lo que ocurrió en aquel famoso cruce no se sabe con seguridad, desde luego ,como he dicho, iba a gran velocidad, e incluso se ha rumoreado que estaba borracho (cosa bastante improbable). El caso es que en la intersección de autopista 466 con la 41 un Plymouth blanco chocó contra el bólido de James por el lado del conductor. El atestado indica que podía haberse salvado si no hubiera salido despedido del coche, pero todo esto es especulación. Desde luego el bólido quedó hecho polvo, y fue un verdadero milagro que el acompañante saliera ileso. Tras el accidente y debido a las cotas de morbo que alcanzó la muerte del actor, una agencia publicitaria se quedó con los restos del vehículo por 2500 dólares (a Dean le había costado el coche 7000), para exhibir la dramática chatarra en un escaparate de la calle Ventura. Quien pagara 35 dólares podía sentarse en el asiento del conductor, donde el actor había perdido la vida, y poner las manos sobre el volante, en el que según se decía, aún había restos de sangre. Es muy triste, pero solamente el primer día de exhibición, nada mas y nada menos que 3000 visitantes probaron la experiencia.

James Dean solía decir a menudo que una de las razones por las que iba a ser famoso es porque tenía a Brando en una mano diciéndole “Vete a la mierda” y a Montgomery Clift en la otra diciendo “Perdóname por favor” y en medio estaba el, James Dean. Supongo que se creía la pieza que faltaba en esa generación de actores de los años cincuenta. Pero la realidad es que fue rápidamente sustituido en cuanto murió por Paul Newman, cuyos primeros papeles fueron los que iban a estar destinados a Dean. La verdad es que ha tenido que ser una combinación de voluntad, unido a la suerte de ser aceptado por ese criterio tan voluble que es el del público, lo que ha librado a Paul Newman de no ser aplastado profesional y personalmente por el mito de James Dean. A parte de recibir la herencia envenenada de los papeles que iban a ser para el actor muerto, ya desde antes de morir, James Dean condicionó la vida profesional de Newman.

Cuando Elia Kazan se desplazó a Nueva York para encontrar quien interpretaría al personaje de Carl Trask, tras el rechazo de Marlon Brando, tenía en mente que fuera una joven promesa. El casting para el papel, era uno de los más concurridos en aquellos momentos, todos los actores que allí se presentaron y habían leído el libro sabían que ese tipo de películas son las que consagran a una actor de golpe. Paul Newman y James Dean hicieron la prueba juntos. El primero con la profesionalidad que le ha caracterizado toda su carrera se presentó con camisa y corbata y sólo se permitió un detalle de chulería poniéndose un cigarrillo detrás de la oreja. Dean llegó con una chaqueta deportiva, y para disimular que no veía tres un burro se metió las gafas en uno de los bolsillos. A los actores se les dijo que no tenían que hablar, que solamente se trataba de ver cómo se comportaban ante la cámara. Pero no era cierto, Kazan se guardaba un as detrás de la manga. Sentado en las butacas empezó a provocar a ambos actores: “¡Eh, vosotros dos maricas, mirad hacia aquí!”. Newman no se cabreó, es más empezó a tomárselo a cachondeo y de broma se metía con Dean “No quiero mirar a ese, es un amargado” dijo cuando le indicaron que mirara a su compañero. Estaba suelto y se ganó la confianza de Kazan, que le preguntó: “Paul ¿Crees que James le gustará a las adolescentes?”, a lo que el actor contestó de broma: “No lo se, usualmente no salgo con chicos, pero creo que si”. Dean estaba callado, la complicidad había surgido entre Kazan y Newman y este le estaba quitando el papel. Cuando parecía que la suerte estaba echada, el director le pregunto a James “¿Crees que le gustaras a las chicas?”. El futuro protagonista de Al Este del Eden se sacó una navaja del bolsillo y dijo: “Seguro”. Probablemente Newman tenía mucho mejor currículum, iba a hacer mejor el papel, pero en aquel momento perdió. Cuando le preguntaron a Kazan porque había elegido a James Dean en vez de a Paul Newman, respondió que éste le había dado la sensación de que era capaz de hacer cualquier cosa incontrolable, algo que no vio en Newman, que ni siquiera se llevó el papel del hermano.

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mmar

mmar dijo

En Gigante estuvo magnifico,pero en Rebelde sin causa,me gustó un montonazo,que lástima que muriera tan joven,saludos

26 Marzo 2006 | 10:31 PM

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