La Coctelera

Meditorráneo

26 Febrero 2006

EL COCO

He de confesar que nunca le he tenido miedo al Coco, mis padres ,muy modernos ellos, nunca lo evocaron. Sabía que estaba ahí, pero para otros, siempre dispuesto a llevarse a la gente que no hacían lo que los adultos querían (jodido cómplice cabrón).

Así que el Coco siempre me pareció simpatico. Y aunque su terror estaba basado en la subjetiva pesadilla que cada uno pudiera crearse, los que nos criamos con Barrio Sésamo, tuvimos la suerte de saber de un ser que le daba forma definida . Ya digo ,jamás fue llamado, pero estaba deseándolo. Si alguien decía "Niño, si no te comes esto viene el Coco", para mis adentros decía: "Que venga, que venga", a la espera de que llegara un un ser azul volando con un casco que no lo querría ni Don Quijote, o vestido de camarero ,andando a trompicones "Hola, señor" y con un plato distinto al que habías pedido. Las comidas hubieran sido muy cachondas con el Coco presente.

El Coco ya aparece en 1445 en unos versos de canciones de Antón de Montoro, pero se ve que su oficio de asustador profesional está ampliamente extendido por el mundo, aunque lógicamente se le llama de otra forma: el Hombre de negro en Italia ,Bau-Bau en Rumanía, o el Bogeyman inglés (¿Humphrey Bogart?, no puede ser). Muchos creen que el Coco viene de Napoleón, ya en su tiempo se le llamó El Ogro, porque iba por los campos de Europa alistando jóvenes (devorándolos) para sus guerras.

Miento, ahora lo recuerdo, sólo una vez le he tenido miedo al Coco. Había terminado de leer un relato de Stephen King llamado precisamente así: "El Coco", el escritor de Maine no es que me apasione, pero en las distancias cortas, en los relatos breves (él o los que escriben para que él luego firme) se portan. Se trataba de un libro de cuentos llamado "Los ojos del gato" (el relato principal, luego lo hicieron película). Terminé de leer, apagué la luz y ví que el armario estaba abierto...sentí el cosquilleo del miedo irracional: "Duermete niño, duermete ya, que si no viene el Coco y te comerá".

Pero el coco existe, y no nos come, sino que nos lo zampamos nosotros. Es habitual verlo en ferias y en Navidad convenientemente troceado y lavado con un chorrillo en los puestos ambulantes. Lo que nos comemos es la semilla del cocotero. Recuerdo de las clases de botánica la explicación de como las palmeras soltaban la robusta fruta perfectamente diseñada para caer al mar y flotar ,aveces durante años, para llegar a una isla paradisíaca y aislada del mundo. Fueron los españoles en sus expediciones, los que la bautizaron, según el "Sumario de la natural y general historia de las Indias" (1562) esta fruta parecía "hacer un coco" (en castellano antiguo, hacer gestos feos, asustar).

Pero nos hicimos mayores. Algunos, los más desafortunados, no solo se libraron del Coco, sino que le hicieron un corte de manga,lo puentearon y se lo montaron con su mujer: la Coca, tremenda parienta. Otros nos comimos el coco,la mayoría de las veces inncesariamente, con muchas de las decisiones que fuimos tomando en la vida.

En fin, para terminar ,igual que Cristina M. Frutos que hizo un estupendo artículo corto dedicado precisamente a nuestro personaje hace unas semanas, me quedo con la disertación que Federico García Lorca se atrevió hacer del Coco en una conferencia de 1928.Invito a quien alguna vez meta miedo a un niño con el Coco, que recuerde estas lineas.

"El Coco forma parte del mundo infantil, lleno de figuras sin dibujar, que se alza entre graciosas fábulas de espíritus caseros que se alientan en algunos rincones".

servido por davichof 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

womanseparatta

womanseparatta dijo

Me gustó leer tus palabras sobre el coco. Yo ya no me lo como!

Saludos y a seguir escribiendo asi de bien!

17 Marzo 2006 | 05:29 PM

Davichof

Davichof dijo

Muchas gracias womanseparatta. Si, en eso estamos todos, en no comernos mucho el coco. Un abrazo

25 Junio 2006 | 03:22 PM

Cristina M. Frutos

Cristina M. Frutos dijo

Gracias por citarme al hablar del coco. Disfruté como una enana con ese artículo y me devolvió por un momento al mundo infantil de figuras sin dibujar que tanto añoro a veces... tan solo difiero en un punto: con esa truculenta historia ¿quién no teme al coco????

17 Julio 2006 | 11:51 AM

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