CASANOVA
Los que saben de comportamiento humano, dicen que la sociedad se desintegraría si todos fuéramos sinceros ,por lo que se ve, las relaciones sociales serían imposibles en un mundo sin mentira (metemos unas 20 trolas diarias), sobre todo ,porque en general, no estamos preparados para que nos digan la verdad sobre nosotros mismo. No se si alguien de los que está leyendo ha jugado alguna vez al famoso “Juego de la verdad”, en el que alguien propone un tema y todos se sinceran, es raro que a alguien no se le vaya la pinza, y conozco un caso de que yendo en un coche mientras jugaban, a medio camino, se han bajado la mitad y no se han vuelto a ver. Pero contradictoriamente, los sentimientos más importantes que vivimos cada uno de nosotros deben de ser sinceros, es necesario, sino moriríamos, a lo mejor no por fuera, pero si por dentro y por desgracia vivimos rodeados de muchos zombis espirituales, y no hace falta que nos muerdan, podemos convertirnos solos.
Pero la mentira también es necesaria, sin el embuste, como diría mi abuela, el mundo sería inmensamente simple. Sería más primitivo que el actual y más aburrido. No podría existir el lenguaje (la retórica) ni los juegos de azar (que sería del mus), excepto quizás el parchís (porque en el ajedrez además de inteligente tienes que ser astuto, pillo y más de lo que se cree, mentiroso). No habría teatro, ni literatura, ni cine porque no existirían ,entre otras cosas, la fantasía y las tramas enrevesadas. Y lo peor de todo, tendríamos un mundo sin sexo, sin seducción ni cortejo .Hasta Kant, que era un virtuoso y cuadriculado dijo que un mundo sin mentiras no podría estar habitado de seres humanos.
En lo que a mi respecta, me gustaría ser más mentiroso, o que me hubieran vacilado más, si me luce el pelo como hasta ahora es porque en muchas ocasiones estaba fuera del juego. Y es que como la mayoría de las veces, cuando uno interactúa con los demás, se trata de una partida de póquer, y siempre va ganar quien mejor sepa jugar con las cartas que le tocan, si queréis, se pude traducir en términos actuales, que es la inteligencia emocional la que triunfa, la argamasa que une las otras inteligencias y atributos. Un guaperas o una chica explosiva , pude ganar varias manos pero el juego lo ganará el o la que mejor sepa utilizar sus recursos (apurando, incluso, contra condicionamientos sociales). Pero la seducción solo tiene una regla para ganar: saber entrar y retirarse a tiempo, sino se pierde todo. Lo gracioso es que a lo largo de la historia la sociedad se ha fijado sobre todo el en jugador o la jugadora compulsiva. Y es que la imposición del seductor o la seductora en las relaciones viene dada por algo que parece tan de sentido común como que “Si uno de los dos no hace algo, las cosas no pasan”. No sé por qué la literatura y las épocas que tanto les ha encantado fabricar don juanes no se han preguntado simplemente qué ocurría en general para que no pasara nada. Qué daba lugar para que mujeres y hombre no pudieran quererse libremente, que se perdiera la espontaneidad en los sentimientos o que nunca se consiguiera llegar expresarlos.
Durante muchos siglos, no debió existir el cariño, al menos oficialmente. Las relaciones eran concertadas, en las altas esferas para ampliar los intereses de las familias y en las bajas para dirigir la honra de la mujer en la dirección más adecuada. Tan desastrosas eran las relaciones personales por entonces (si es que planteaba la necesidad de que existieran) que tanto unos maquinaban y dirigían fríamente los destinos de sus seres queridos como una inversión, como los otros hipotecaban sus sentimientos como único patrimonio. Aparentemente siempre se ha dicho que el hombre era más libre porque la sociedad hacía la vista gorda ante sus amantes, sus visitas a burdeles o el asalto a sirvientas, esclavas o vasallas. Pero eso no es libertad. Un ejemplo de todo lo que he dicho y que además tira por tierra la figura del seductor, es el periplo amatorio del protagonista de esta peli, siempre considerado como un ejemplo hasta el punto de que su apellido tiene categoría de adjetivo. Y es que hay que andarse con mucho ojo en clasificar como conquistador a un noble del siglo XVIII.

Casanova podía haberse tirado todos los faroles que hubiera querido en su Historia de mi vida (un mamotreto de 3.000 páginas en las ediciones más abreviadas), fue mas listo que eso, y se dedicó a contar su aventuras sexuales de manera metafórica por lo que siempre se guardó un as en la manga frente a la posteridad. Es por ello que los expertos no están de acuerdo en si se acostó con 122 o 132 mujeres. Si tenemos en cuenta que el gran seductor perdió la virginidad a los 11 años (ella se llamaba Bettina, tenía 14 y cuando se liaron le daba sopas a Casanova) y que paró de escribir sus memorias al llegar a los 46 , en total, yació con una media de cuatro mujeres por año. Esta cifra, aplicada a mis posibilidades, mi circunstancia, y quien sabe, quizás tenga deseos ocultos de monógamo que todavía no encontré, es impensable .Pero en el siglo XVIII, la época en que se desarrolla la novela de Las amistades peligrosas, donde la nobleza refinada, ociosa e ilustrada se pasaba el día encamada unos con otros, liarse con cuatro personas al año no era una cifra importante y ni mucho menos escandalosa. Conozco gente (hombres y mujeres) ,que no se si habrán parado ya el ritmo que llevaban ,pero de no ser así, dejan a Casanova a la altura del betún. Pero lo más triste de su carrera como encantador de damas, no es que el número de ligues sea una mierdecilla para su época, sino que dentro de las 122 mujeres hay incluidas prostitutas (que las vas a seducir cuantas veces les pagues) ,sirvientas (en aquella época ante la ley toda mujer que se encontrara bajo el vasallaje o servicio de un insigne no era nada más que un agujero en el que éste podía introducir su aparato genital cuantas veces desease, y pobre de ella si denunciaba) y lo que es peor, muchos estudiosos consideran que algunos desenlaces amorosos de Casanova descritos se podrían calificar de violaciones en toda regla (no siempre las víctimas de sus encantos se sometían).
Si algo bueno tiene ,si reducimos al máximo lo que puede ser, una relación, es que se trata de la conjunción de elecciones hechas con criterios individuales. Llegar a alguien condicionado tanto exterior como interiormente, cosa que ocurre bastante a menudo, solamente es engañarse a sí mismo. Por supuesto no soy tan racional, ni la definición que he puesto antes lo es como a primera vista parece. Hay algo que se escapa y son esos criterios individuales: ¿Debemos guiarnos por la razón o los sentimientos?. La conciencia nos dice que debemos ser libres para amar y por otro lado ,el corazón, nos impulsa a que amemos para ser libres. No existe una razón suprema para decirnos que una u otra es mejor, ni un forma de sentir por la que nos dejemos llevar y estar totalmente a salvo. Por suerte o por desgracia existen tantas formas de querer como personas hay y el ensayo para la mejor receta no es otra cosa que la historia sentimental de la humanidad. Por supuesto hecha a trompicones, llena de muertos y heridos.
Ye es que en este asunto lo más fácil es quitarse el problema de encima, o algunos o algunas no expresamos nuestros sentimientos la mayoría de las veces u otros/as se pasan, porque elegir un camino en este tema, es llevarse palos, de esos que no se ven las cicatrices, aunque te dejen como Jesús en “La Pasión de Cristo”, pero merece la pena.

