¿QUÉ ES NORTH BY THE NORTHWEST?
Con la muerte en los talones (North by northwest, 1959) quizás sea la pélicula de Hitchock y por ende del cine de espionaje donde se de menos explicaciones sobre los objetivos de la organización enemiga. Cuando Cary Grant le pregunta al jefe del servicio Central de Inteligencia que pretenden aquellos que le persiguen:
-Digamos que se dedican a importaciones y exportaciones.
-¿Pero qué venden?
-Oh...precisamente secretos del gobierno.
Una respuesta tan vacía como la que le da el de los servicios secretos a Indiana Jones cuando al final de la pelicula le pregunta qué va a pasar con el Arca de la Alianza.
-¿Y qué pasará con el Arca?
-No se preocupe, se encargará de ello nuestros expertos.
-¿Pero quien?
-Nuestros...expertos...dice el tipo malhumorado, sin dar posibilidad a Indiana de réplica.
Y el caso es que Con la muerte en los talones es el ejemplo típico de McGuffin, se lo dijo a Truffaut en la famosa entrevista "Mi mejor McGuffin y por ello quiero decir el más vacío, el más inexistente, el más irrisorio, es el de Con la muerte en los talones".
Eran, además tiempos de no dar muchas pistas y de llamar al oponente Doctor No y demás cosas ambiguas, aunque luego con Topaz (1969), Hitchock se soltara el pelo o lo que le quedaba.
En 1958 el director se había comprometido con la Metro Goldwyn Meyer, para rodar una adaptación de la novela El misterio del barco perdido. Para ello iba a colaborar con el guionista Ernest Leheman que había trabajado entre otros con Billy Wilder. A éste no le interesa lo más mínimo la novela (cosa que afortunadamente suele ocurrir) y le propone a Hitchock escribir un guión original. El director tenía varias ideas desde hacía tiempo con ganas de desarrollarlas, ocurrencias tales como una persecución en el emblemático Monte Rushmore entre los rostros de los presidentes de Estados Unidos, un asesinato cometido en uno de los lugares "mas seguros" del mundo como es la sede de la ONU, o una avioneta fumigadora persiguiendo al protagonista en pleno día y en un desierto, más surrealista imposible (ya se sabe que Buñuel y Hitchock se declararon admiración mútua en la famosa cena en casa de George Cukor).

Le tocó a Hitchcock el marrón de tener que ir a la productora y contarles el rollo de que la historia del barco llevaría mucho tiempo y que lo mejor era preparar una película más sencilla. La Metro (o el león, se lo tragó). Y tanto el guionista y el director comenzaron a realizar un guión original, que a pesar de adolescer de algunos fallos, es una de las tramas más rocambolescas de la filmografía de Hitchcock.
Roger Thornill (Cary Grant) acude a una reunión en un hotel de Manhattan. Un ambiente aparentemente tranquilo, es el campo de batalla del espionaje mundial. Los malos (no se nos explica porque) están esperando a que un botones anuncie a voz en grito en el salón una llamada para George Kaplan, éste, lo sabremos después, es un agente inventado ,por otra agencia, esta del gobierno, y de la que tampoco nos cuentan mucho, para que los malos se descubran cuando lo intenten cazar. En el momento que anuncian por el altavoz el nombre de Kaplan, a Thornill le comunican que tiene una llamada y se levanta, ya le ha caido el cenizo, los agentes enemigos lo confunden con Kaplan y van a por él, lo secuestran lo llevan a una mansión, y pese a que jura y perjura que no es Kaplan, el jefe de la organización enemiga consiente que lo maten. Thornill, ya convertido en Kaplan consigue escapar e inicia una búsqueda de su alte ego que constituye el argumento de casi toda la película ,una de las subtramas más analizadas del cine de Hitchock, con escenas tan memorables como la del avión, aunque como he dicho antes, no puede haber forma más caótica de intentar eliminar a una persona, que convocarla en un campo abierto y matarla con una avioneta para curar.
A pesar del juego de espejos: la organización de Vandamm busaca a Kaplan, que en realidad es Thornill, que a su vez trata de encontrar a Kaplan, el cual no existe, pero que ha sido inventado para pillar a la organización de Vandamm, en fin un lío, para cualquiera de que no fuera Hitchock. El director, se mueve como pez en el agua en una trama que le era familiar, uno de los grandes miedos del ser humano: ser acusado de algo que no se ha cometido y además no poder demostrar tu inocencia.
Mientras elaboraba el guión, al primero que tuvo en mente el director para el papel de Roger Thornill fue a James Stewart, tanto el actor como Hitchock trabajaban cómodos el uno con el otro. Siempre problemático con los actores, con Stewart había conseguido hacer hasta 4 películas. Pero conforme avanzaba el libreto se dio cuenta que el papel encajaba más dentro del estilo de Cary Grant, así que le hizo la pirula al otro, le puso la golosina delante de las narices y luego se la quitó. Al final harto de llamar y que Hitchcock le pusiera excusas para no enseñarle el guión, lo dio por perdido y acabó interviniendo en otra película.
En cuanto al personaje de Eva Kendall, la productora insistió para que la protagonista fuera Cid Charisse, que a Hitchock no le gustaba nada. Con Grace Kelly casada con su Rainiero, la elección que a él le hubiera encantado (Atrapa a un ladrón, 1955, puso de manifiesto la química que la actriz tenía con Cary Grant) Hitchock tuvo que encontrar una nueva "rubia de hielo" y se fijó en Eve Marie Saint que había ganado un Oscar por La ley del silencio (1954). Como malvado Vandamm eligió al impagable Charles Manson, y como su inquietante esbirro Leonard (por lo menos a mi en la película el personaje me produce más miedo) eligió convenientemente a Martin Landau. Para la madre de Cary Grant escogió Jessie Royce Landis que era dos años menor que el actor que hacía de su hijo. Grant, que hasta entonces se había llevado bien con Hitchock tuvo en su última película con él encontronazos, sobre todo porque el actor veía que el guión forzadamente complejo y el director no le aclaraba nada, ni de la trama , ni del personaje.

El rodaje fue mucho más complicado de lo previsto. Para empezar, no pudo rodar en casi ningún escenario donde se desarrolla la película. Para la escena en la que Cary Grant entra en la ONU, tuvo que situar en el exterior una camioneta con una cámara oculta (esto dice mucho de las medidas de seguridad de allí). Para el resto de las escenas que transcurren dentro del edificio, el propio Hitchock y un fotografo echaron fotos dentro de las Naciones Unidas y con ese material consiguieron hacer una réplica lo más fielmente posible en el estudio.
Tampoco le dejaron rodar in situ la escena en el famoso Monte Rushmore obra del escultor Gusten Borglum. El Departamento de Interior de Estados Unidos no veía con buenos ojos que los protagonistas corretearan y además se cometiera un asesinato ante la esfinge en piedra de sus más ilustres presidente (ya se sabe como son allí con los asuntos patrioteros). Es más intervinieron en el guión y quitaron una escena (que tenía que ser buenísima) en la que Grant se esconde en la nariz de Lincoln y un estornudo le delata. Posteriormente el director se desquitó de todo el porculeo que le dieron al sacar un cartel publicitario en el que aparecían las famosas esfinges junto a la cara de Hitchock y quitó el habitual agradecimiento a las instituciones correspondientes al final de la película (ese que nadie nunca lee). Y además rodó la escena con el monumento como marco, por cojones.
Obsesivo también hasta con la más simple detalle, eligió como refugio para el malo una casa del arquitecto Frank Loyd Wright (el de la famosa Casa de la cascada, que a mi me gusta más la cascada sin casa, pero bueno), pero como en el caso de la ONU y el Monte Rushmore tuvo que recurrir al decorado o la réplica.
Ni que decir tiene que todos estos escenarios están utilizados al máximo y actúan como un elemento más sobre todo al suspense y la acción trepidante del final de la película.
Como dije en el primer artículo en esta película Hitchock volvió a hacer gala de su buena capacidad de rodearse de buena gente, las personas adecuadas para lo que quería, volvió a contar con Bernard Herrman(con el que ya había contado en Vértigo y con el que repetiría en Psicósis), el montador George Tomassini, con el director de fotrografía Robert Burks y el diseñador Saul Bass.
Por aquella época estaba ampliamente extendido el vicio entre los espectadores de buscar Hitchock en sus películas, así que ,en Con la muerte en los talones, quiso despistar al personal saliendo en la primera secuencia para que no le buscaran más durante la película: Un tipo gordo y cargado de cosas intenta tomar un autobús que le cierra la puerta en sus narices. Pero posteriormente vuelve a salir en otra escena. Además la película esta llena de detalles de humor: Los diálogos entre Eva Marie Saint y Cary Grant, o la madre de éste que está dispuesta a ser sobornada por 50 dólares...o bromas ocultas, como cuando James Mason le pregunta a Cary Grant en la escena de la subasta: "¿Nadie le ha dicho que sobreactúa en sus distintos papeles...?".
La película que superó los 100 millones del presupuesto inicial, fue un éxito de taquilla, cosa que agradó mucho a Hitchock y Cary Grant que por contrato tenían derecho a un porcentaje sobre la recaudación (el actor además tenía derecho a cobrar 5.000 dólares por día extra de rodaje).

Ojalá, se hubiera estrenado con uno de los posibles títulos que barajó Hitchock: The man in the Lincoln nose (por el asunto de la nariz antes comentado), pero no pudo ser, también se barajó el quizás más adecuado Breathless (Sin aliento) pero finalmente Hitchock optó por un título enigmático donde los halla sacado de un verso de Hamlet y que no tiene nada que ver con la película ,aunque aparece de vez en cuando, por ejemplo en la Estación de tren: North by Northwest. Frase cabrona en cualquier examen de filología inglesa, y complicada de traducir al español (¿Norte por el noroeste?, probablemente sea una frase hecha). En Italia y Sudamérica no se complicaron la vida y le endiñaron el título de "Intriga internacional", nosotros nos copiamos de los franceses y le pusimos "Con la muerte en los talones".
Cuando la película llegó a España la censura la estaba esperando con las tijeras afiladas. Primero se fueron a por las escenas eróticas entre Cary Grant y Eve Marie Saint y alteraron muchos de los diálogos. Si en la escena de la subasta Cary Grant alude, para hacerle daño, a que Eve "pone los cinco sentidos en el trabajo, en reliadad todo su cuerpo", en el doblaje español quedó como "pone en el trabajo sus cinco sentidos, pone su corazón". O cuando Grant ,que sigue picada con Eve, le dice a su jefe que la odia porque "utiliza el sexo como otros usan un matamoscas" aquí se oyó "por utilizar sus atractivos con premeditación y alevosía" ,probablemente los espectadores no supieron nunca que quiso decir. Por supuesto parte de la escena del tren, besuqueos incluidos, se fue a la papelera (los cambios de doblaje en la versión española delatan claramente los cortes, para recordarnos eternamente lo que supuso aquella infamia). Sólo una cosa se les escapó a los censores. En la escena final, después de que Cary Grant recoge a Eve ,en ese genial contrapunto en el que él la sube del monte Rushmond a la litera, el tren se introduce en el tunel, en un final que siempre se ha visto como una metáfora del acto sexual. El guionista siempre dijo que esa escena nunca estuvo en el guión, y que si se rodó, el único responsable fue Hitchock.



dulcinea dijo
has sido elegido. 5 extraños habitos tuyos...
21 Enero 2006 | 03:39 AM