EL EXPRESIONISMO ALEMÁN (1)
El expresionismo como corriente artística ya se había manifestado sobre todo en la pintura, pero aquellos que estaban inmersos en él, tenían claro que era en el cine, y especialmente en un aspecto que tenía gran importancia en las películas mudas: los decorados, donde se podía expresar con más fuerza otra realidad, posteriormente, el que se perfilaría como el séptimo arte, dio nuevos elementos con los que configurar e incluso explorar nuevas formas estéticas, que es lo que ocurrió con la iluminación o los movimientos de cámara. Pero para poner en marcha el motor era necesario una chispa, algo exterior a lo puramente artístico, que en este caso fue un poco de mala hostia.
Como punto de partida, la visión de las cosas debía de estar impregnada de un fuerte disconformismo y eso desde luego era lo que sobraba en la Alemania de entre guerras. Cuando se empezaron a realizar obras desde un punto de vista expresionista, en Alemania había un popurrí impresionante, un caos de sentimientos en el que el espíritu germánico que había exaltado los ánimos para desencadenar la Primera Guerra Mundial se mezclaba con el derrumbamiento del sueño imperialista y la humillación. Ante la barbarie que fue el nazismo, todos tenemos idealizada la Republica de Weimar que se proclamó antes, tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Pero no fue un periodo compasivo para este país ya de por si castigado: proliferaban los clubs, que posteriormente darían lugar a partidos minoritarios y más a delante a los nazis, las revueltas tanto de izquierdas como de derechas estaban al orden del día. Si Hitler ganó las elecciones es porque en Alemania se reprodujo a pequeña escala lo que ocurrió posteriormente en el resto del mundo: la derecha se creía que era un iluminado (eso si, un iluminado que podía serles útil contra los marxistas) y los comunistas, por otro lado, pensaban que no iba a llegar muy lejos. Incluso dentro del propio partido nazi había una confrontación de ideas y se definía a si mismo como anticomunista y lo más increíble: como anticapitalista, de hecho, que se llamara a si mismo Partido Nacional y Socialista, era porque contemplaba reformas para los trabajadores. Ni que decir tiene, que todo fue extirpado totalmente y el partido rápidamente viró hacia la más sanguinaria, execrable y mortífera expresión de la extrema derecha. La pobre República de Weimar cayó, como cayó la República Española: debido a que la izquierda no supo cooperar. Porque si, como siempre se dice, Hitler ganó las elecciones de 1933, no fue por mayoría absoluta, sino con un 33%. El cómo un partido xenófobo, que estaba contra todo, con una ideología repugnante y dirigida por un iluminado pudo llegar a gobernar los destinos de una nación tremendamente avanzada, es objeto de multitud de libros y ensayos, un asunto complejo que trae a los historiadores de cabeza y no se resuelve con la explicación ,que siempre he oído, de que el ascenso del nazismo fue una consecuencia del Crack que se produjo en 1929 en la Bolsa de Nueva York y que dio al traste con toda la economía mundial.

Tiene que haber algo más, que se encuentra en las entrañas de lo que es en sí el poder y que forma parte de su esencia más secreta. Porque el poder, al igual que el ser humano que lo ejerce o se ve dominado por el, como dice Alexander Demandt (alemán por cierto) esta formado por una parte racional y otra irracional. Dentro la primera se encontraría la interrelación entre obediencia y protección, por la cual se sigue al dirigente de turno, ya que bajo su amparo se vive mejor que aislado. Probablemente las cualidades de éste se pongan en duda o no sea el más capacitado, pero si uno hecha un vistazo a las hordas de líderes repartidos a lo largo de la historia, todos eran conscientes de que el arte de mandar es rara vez más que la disposición a obedecer. El jefecillo de turno puede querer lo mismo que sus subordinados, pero sabe también que bajo su mando se encuentra gente que puede llegar mucho más allá de los deseos de los individuos que domina, así ,los dirigentes desde siempre se han movido entre el fanatismo y el oportunismo, poniendo en los dos lados de la balanza el consentimiento de los pueblos y el miedo que generan. La parte irracional del poder, es todavía mucho más inquietante y es la que hace inexplicable que millones de seres humanos se lancen al abismo con solo una orden, es también este desconocimiento, este misterio, el que dificulta el acercamiento de los historiadores, que pueden sentirse fascinados, e impedir su objetividad. Es ahí quizás donde se tenga que situar ese fantasma que asoló Alemania y Europa bajo el nombre de nazismo, ejerciendo fascinación incluso a sabiendas de lo terrible que fue. Y es que me temo, que no vamos a cansarnos de oír hablar de Hitler, que es quizás el tipo más malvado de la historia y es raro el año que no aparece un libro sobre su vida, o la de algunos de sus correligionarios, ya sea Himmler, Menguele o Göering, esa preferencia tan extraña que convierte estas biografías en bestseller quizás forme parte de esa sugestión tan rara que compone el poder.



krina dijo
MUY BUENOOOOOO
17 Agosto 2007 | 08:41 PM