En el cine la música, la ambientación y los mas diversos efectos hacen el miedo ,pero en la vida real no ocurre así. A todos nos es fácil distinguir dos tipos de miedo, el que sentimos cuando entramos en una habitación oscura ,el que nos acecha cuando atravesamos el pasillo cuando nos levantamos para ir a la cocina, el miedo cuando entramos a coger algo en la habitación del abuelo que se ha muerto, el miedo en fin a los Dráculas ,hombres lobos, zombis y demás ,el miedo de los niños pequeños, el que nos hacía tener las luces encendidas toda la noche, el miedo que ya no sentimos, pero cuando lo sentimos, nos produce una especie de placer porque lo ahuyentamos diciendo que es irracional, aquí quería llegar, porque existe un miedo que llamamos más racional, que es la preocupación de que nos pase algo real a nosotros y sobre todo a los seres queridos, el terror de un accidente de coche en el que muera alguien querido es totalmente insoportable comparado con un trapo colgado de la percha que en la oscuridad parece la capa de Drácula. Todos los miedos son absurdos ,incluso el miedo a que ocurra algo que por posible no lo vamos a evitar sintiendo temor, sino poniendo alguna solución.
Bucear en el origen de lo que nos provoca miedo no es fácil. Pero también explicaría que lo irracional tiene un origen mas racional de lo que creemos, hay que remontarse a cuando somos niños: cuando los propios temores interiores son tan insoportables, que tenemos que exteriorizarlos, en objetos ,en la oscuridad....los retomamos después y nos lo administramos así en pequeñas dosis, es un proceso un poco extraño pero salvador...Quien lea esto se quedará mas tranquilo si digo que esos temores interiores que tenemos que exteriorizar tienen una base racional, y son los primeros que se nos pasan a todos por la cabeza: el miedo a que falte comida, que nos abandonen, que nos dejen de querer, la autoridad del adulto, por blando que sea, o no cumplir la obligaciones....Todo esto en fin, hace que nuestra vida no sea una película de Amenabar. El cine se tiene que mover entre estos dos parámetros: lo racional y lo irracional.
El por qué de hablar del miedo cuando hablo de Alfred Hichcock ,es debido a que quizá existe una línea que une estos dos tipos de miedos: El suspense, la incertidumbre de lo que va a pasar, la posibilidad de que pase lo que no queremos. Y claro Hichtcock es el “Mago del suspense”. Con el suspense nos cubrimos las espaldas, como equilibristas podemos balancearnos de un lado a otro de la cuerda y si lo hacemos bien, siempre sin caernos, pero lo mas importante, se mantiene al público en tensión todo el camino, pendientes...y llenando butacas, porque dejémonos de rollos, este tipo de películas nos atraen ,porque nos gusta sentir terror ,incertidumbre, dudar ,pero sin sufrir las consecuencias que hay en la vida real.
Miedo es lo que sintió el pequeño Alfred cuando su padre, lo mandó a la comisaría mas cercana con una nota en la que su padre daba orden de que lo encerraran durante unas horas en una celda oscura. El madero de turno tomó la nota de su mano temblorosa, la leyó sonriente, y cogiendo al chavalillo de un brazo, lo encerró diciéndole: “Esto es lo que le pasa a los chicos malos...” “Desde entonces no me gusta ni la policía ni la oscuridad” dijo ya un Hitchcock adulto con voz temblorosa cuando lo recordaba. Normalmente se olvida a menudo una cosa cuando se habla de Hitchcock, y es que era católico, o lo que es peor, era católico en Inglaterra, o lo que es muchísimo peor: recibió una educación católica. Ser católico en el país de su “Graciosa Majestad” donde el protestantismo es la religión oficial, viene a ser algo así como ser plesbiteriano ,o testigo de Jehová aquí en España, es decir ya eres alguien “raro”. En cuanto a la educación católica, es difícil de imaginar por gente que nos hemos escapado de la mano secular del clero y su influencia, pero todo el que haya pasado por ella sabe lo que marca que te eduquen en los preceptos católicos, hay una cosa en la que son especialistas: en crear culpabilidad. Todo esto parece tontería, pero Hitchcock lo siguió al pie de la letra, se casó con una mujer formal (a la que es dudoso que quisiera al principio), con la que al parecer dejó de mantener relaciones sexuales después de nacer su única hija. Mujer de la que jamás se divorció, y a la que al parecer nunca le fue infiel, físicamente claro, porque el deseo le atenazaba, y posteriormente la culpa. Todo esto lo convertía en un viejo verde y en un acosador, que por desgracia ,hacían del Hitchcock persona un tipo patético. Tampoco su familia le ayudó a ser mejor, en su vida también existieron los padres distantes, que como señala Chavela Vargas en su última biografía hacen que las familias acaben pareciéndose a “Un grupo de personas que se conocen ,pero no se aman”. Es Hitchcock cineasta el que era un genio, lo supieron los ingleses mucho antes que los franceses años después. Cuando marchó a Hollywood ya era considerado un niño prodigio, y ya había planteado en un puñado de películas, algunas de ellas mudas, todos los temas que después desarrollaría en su etapa americana e incluso había empezado a introducir elementos totalmente originales en las tramas.

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