
Retratar la monotonía de las existencias, las hace extrañas por su irreal naturalidad: dos expendedores de helado (o lo que sea), un camarero tocado de marinerito, la pareja que esta de compadreo con éste…Un bar desangelado de artilugios, lejos de los tugurios nocturnos en los que cualquiera intenta camuflarse. Hasta el famoso solitario me parece artificial, cuando en las ciudades la alienación da para llenar miles de locales.
Cada vez que miro este cuadro, siento que la soledad no esta dentro, sino fuera. Y es el contraste, el que va haciendo, casi sin querer, que la escena lentamente cobre vida: la mujer y al hombre, a los que les espera una noche prometedora (quizás juntos, o no, quien sabe), el camarero que les esta poniendo la última copa. Un solitario que podría únicamente estar esperando.
Es de noche y dentro de la ciudad deshabitada explota un exagerado reflejo de la luz, que se mueve y hace sentir a sus habitantes, así lo vio Hooper y lo describiría John Dos Passos en su Manhattan Transfer es “algo que se asemeja a un crepúsculo” y que redondea suavemente los duros ángulos de las calles.
En el interior de un cruce de Greenwich Avenue, cada noche, un visillo de luz se ofrece de guarida. Aunque sólo sea por un instante.
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Contaba el gran dibujante español Josep Maria Beá que, siendo niño, visitó el estudio de otro gran creador Boixcar, el autor de Hazañas Bélicas. El hombre, admirado por el chiquillo, le fue mostrando todo su trabajo hasta que llegó a la obra que estaba ultimando. En ese instante el maestro se tuvo que usentar y dejó al pequeño Beá frente a la última creación. Sin dudar, cogió la pluma e hizo un pequeño punto en la págica que Boixcar estaba haciendo en aquel momento y ahí quedó todo. Pasó el tiempo, aunque no mucho, y aquel álbum se editó. Por aquellos días, Beá no tuvo más que una obsesión, saber si se había editado aquel punto, "su punto". Abría el comic por la página cuya elaboración aquella tarde había presenciado y allí estaba, situado en una esquina, pasando desapercibido a los ojos de correctores, editores, tipógrafos y todo aquel que de alguna u otra manera hubiera revisado aquel trabajo: su punto. Beá compró la revista en distintos lugares de la ciudad, e inequívocamente estaba allí, para siempre, perenne frente a las nuevas generaciones, para la eternidad.
Para mi este blog siempre ha sido "mi punto". Un punto en todos los sentidos. Uno ha visto abandonar muchos blog, muchos de los vínculos que aparecen en el apartado de enlaces o amigos son ya cadáveres. El abandono de un blog en Internet, es como dejar un barco a la deriva en un enorme océano, un buque fantasma, donde se detuvo el tiempo, donde el recorrido por sus camarotes es una metáfora de comentarios, post de reflexiones e instantes de una vida que quedan congelados. Una nave que vaga hasta que alguien que busca en Internet lo activa de nuevo: las máquinas se encienden, las luces brotan y todo se reanuda donde quedó. Si a caso alguien comenta algo, se une a la fiesta y al irse, todo se desconecta, el buque continúa su travesía aciaga a la espera de que alguien le de un nuevo giro al timón. Creo que siempre he tenido en mente esa imágen del barco y hablar de algo actual, de ayer, de siempre como es el cine, haría que estas voces sonara siempre, hablar de cine, era para mí como poner el piloto automático. Pero en el fondo contar algo que a uno le gusta y más si es un arte, es hablar de uno mismo.
Pero lejos de metáforas, lejos de ilusiones, la realidad es que hay lugares donde sólo somos palabras, pero también lugares comunes donde se lucha porque nuestra vida permanezca narrada. Este blog también ha sido así. La convivencia ha sido como el de esas parejas sui géneris: el blog iba por un lado, mi vida por otro, sólo excepcionalmente convergían. Era un referente de ideas y reflexiones, intentar contar las cosas como a mí me gustaba leerlas, pero me encolerizaba en muchas ocasiones cuando veía la carencia de sentimientos propios, de vivencias. "Le falta alma", le ponía mentalmente como epitafio, casi antes de irme a Irlanda, en una autocrítica a este edificio de palabras que, si alguna vez tuvo entidad propia, siempre le va a perseguir. Pero en aquel país ocurrió algo curioso. Aunque vivía intensamente, siendo una esponja de nueva experiencias, aunque como siempre, existía al margen del blog, repasarlo de vez en cuando, era un ancla, un referente de lo que había sido mi vida durante un tiempo.
Tenemos relaciones extrañas con lo que escribimos, son parte de las reglas, del hecho de escribir, poner algo de uno mismo, aunque se narren vidas que no te pertenecen. Así cuando hablaba de la tristeza de Kurosawa, cuando intentaba sacar de las entrañas lo que para mí había sido ver aquella película llamada Vivir, también quería intentar transmitir el mensaje de ir más hallá de lo cotidiano, de un día a día que me ahogaba. Cuando hablaba de la soledad en el Último tango en París, ahondaba en el mensaje de la dificultad que era transmitir la soledad. Mi vida, tanto como lugar físico ,como estado de ánimo, distinta a la de ahora, estaba al lado mientras escribía aquellas palabras. Esos artículos hablaban de películas, si, pero si los escribiera ahora, lo haría de otra forma, con otro diferente estado de ánimo, destacando otros aspectos, resaltando otras ideas. Así, desde aquella Irlanda, que dejo que pase el tiempo para verla con perspectiva, iba repasando lo que había sido mi vida aquellos últimos dos años.
Vuelta otra vez a empezar, para seguir igual supongo. Pero como se decía en aquella película del Gatopardo, no me gusta anunciar cambios, "Para que todo siga igual". De todo lo que he escrito arriba quiero deducir que durante todo este este tiempo el blog sólo ha sido un acompañamiento, ya no quiero que sea ese punto, ya no quiero que sea un barco a la deriva, ya no quiero sorprenderme. Sólo quiero que sea un lugar, un lugar para volver y encontrar.
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Contaba Juan Goytisolo en su artículo "Porque vivo en París" (cuando vivía en aquella ciudad), que en cierta ocasión un diario londinense encargó un texto al escritor y dramaturgo Jean Genet para que diseccionara al pueblo inglés. El autor se puso manos a la obra y describió sin piedad aquella sociedad que le parecía insulsa, con una cultura pobre, un dieta pésima, unos jóvenes sin ningún atractivo y una reina sin sentido. El traductor de aquel artículo a la primera ocasión que pudo ponerse en contacto con Genet le hizo saber su punto de vista: "¿No cree usted que ha sido un poco duro con nosotros, tenemos buenas cualidades, somos un pueblo que apenas defrauda, fíjese usted en los italianos". Genet tomó nota de las observaciones de aquel traductor y lo mencionó en aquel artículo, que tras la anécdota concluía: "Los ingleses son un gran pueblo, porque los italianos no pagan sus impuestos".
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La verdad es que el campo esta este año que se sale. En esta semi-primavera-otoño-o vete tu a saber que carajo es de tiempo que nos esta dejando el cambio climático (y al que tantas pelillas y laureles le esta sacando el señor Gore) , todavía hay árboles que cumplen, que se queman por dentro para arder por fuera, quizás de tristeza por los compañeros caidos en verano, quizás para decirnos a los seres humanos que los bosques saben arder a su manera, natural expontánea y bella. Estas fotos pertenecen al castaño de Jerez del Marquesado (excepto de la del bar que es un local emblemático de Granada) ,las ha sacado un compañero de trabajo, Raúl, que es un fenómeno haciendo fotos y que hasta finales de este mes tiene una exposición junto con otros amigos fotógrafos en el centro cultural de Maracena (Granada).
Una ruta recomendable al cien por cien, que este que os escribe hizo también hace unos meses. Si vais alguna vez, buscar un castaño centenario que es una verdadera joya viviente.




servido por davichof
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Carlos Castaneda llevaba toda la noche dando vueltas en la habitación, permanecía tumbado y rodaba de un sitio para otro, probó en cada esquina, cada recoveco. Después de horas y horas de recorrer la superficie de la pieza, no había más remedio que pensar que ahí no se encontraba su sitio y las pocas veces que intuía encontrarlo Don Juan se mostraba tajante: "Ese no es tu lugar, tienes que seguir buscando". Ante las dudas del aprendiz, el indio yaqui zanjaba: "Debes buscar tu sitio en cada lugar, en él te sentirás poderoso, seguro, fuerte, tranquilo. Allá donde vayas debes de encontrar tu sitio de poder". Carlos aturdido, cansado, volvía a dar vueltas una y otra vez, rastrear de nuevo el lugar y analizar cada sentimiento experimentado. El cansancio y el aburrimiento se apoderó de él, definitivamente no había encontrado aquello que Don Juan le señalaba buscar, así que estiró su cuerpo. Sin saber explicar porqué, sintió una sensación placentera, de tranquilidad. Carlos tenía la certeza de que había ocupado aquel lugar antes, pero no había llegado a experimentar las emociones que ahora sentía. Y allí se durmió.
Cuando abrió los ojos Don Juan reía: "Por fin has encontrado tu sitio. La posición que te hace fuerte".
Después de un año que casi esta llegando a su
fin, de tantos cambios, en el que tantas cosas excepcionales se han ido apretando. La vuelta a Almería, Irlanda...y ahora Granada. No puedo evitar pensar en algo que intuyo desde hacía mucho tiempo y de lo que cada día me doy más cuenta: "Un sitio no es un lugar físico, sino un estado, no hay que ir tras ello sino que has de buscarlo donde estas". Para mi ese sitio no es un lugar de poder, mas bien aquello que sintió aquella noche Carlos Castaneda, un lugar donde me siento tranquilo, a gusto, seguro, feliz, como nunca antes. Después de tantas vueltas, mi sitio esta en su piel.
servido por davichof
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