La Coctelera

Meditorráneo

8 Diciembre 2008

CATCHING THE BUTTERFLY

Predecir el tiempo es y será el sueño del ser humano, una forma de conocer uno de los fenómenos que controlaban su destino, Durante mucho tiempo no se dispuso de la tecnología suficiente que permitiera relacionar todos los factores, elaborar modelos y permitirles establecer aquella simple relación lineal entre las cantidades implicadas. Se hubo de esperar a la irrupción de las grandes computadoras que permitían ir más allá de un estudio convencional, realizar complejas operaciones en poco tiempo y manejar gran cantidad de datos y magnitudes. Los científicos se lanzaron a meter sus datos en ellas, pero pronto se iban a llevar una sorpresa.

Estamos en 1961, en aquella época, el meteorólogo estadounidense Ed Lorenz trabajaba en el que quizás es el centro de investigación más importante del mundo, el Massachussets Institute of Technology. Aquel invierno, utilizó un ordenador para afrontar la cuestión. Aunque Lorenz tenía a su servicio la tecnología punta de aquella época, las sesenta multiplicaciones por segundo de su ordenador no le parecieron suficientes, y decidió acelerar el proceso, lo programó para que en lugar de comenzar desde cero, en cada ejecución, la computadora totalizara la segunda mitad de la ejecución previa antes de continuar las siguientes. Con todo listo, dejó que el ordenador trabajara, y se fue a tomar un café, quizás el café más importantes de la historia de la ciencia.

Al principio Lorenz pensó que el ordenador estaba roto y todo el trabajo se había ido al traste. La computadora se había negado a repetir los procesos anteriores. Comenzaba igual, pero luego se desviaba. Las cifras obtenidas eran tan ilógicas que algo no encajaba.

El buen científico es el que sabe ver, el que esta abierto a las señales de su alrededor. Si antes estos datos Lorenz, sólo hubiera visto un fracaso, no estaríamos hablando de él. Aquellas abultadas cifras, tenían muchas cosas que contar. El meteorólogo se dio cuenta de algo: el ordenador no había arrancado usando los mismos valores que había encontrado en la ejecución previa, los había redondeado ligeramente. Lorenz, quedó sorprendido al darse cuenta de que un cambio tan pequeño supusiera una diferencia tan grande. Por azar, Lorenz había dado con un hecho increíble que posteriormente él mismo definiría como el Efecto mariposa.

Aunque más bien, se había dado de bruces con el caos, un fenómeno que una vez descubierto, parecía que siempre nos había acompañado. Una profunda investigación dio con él en fenómenos tradicionalmente predecibles como las órbitas de los planetas y en otros a priori tan deseables de desentrañar como la actividad eléctrica del cerebro, y sobre todo el funcionamiento de los mercados financieros. Dada su ubicuidad, lo extraño es que nadie haya notado la existencia del caos antes. Y desde su descubrimiento, se convirtió en uno de los fenómenos más importantes de la ciencia.

El descubrimiento del Efecto mariposa planteó una profunda duda en el mundo científico, y es que los datos meteorológicos nunca son totalmente precisos, por lo que su existencia implica que incluso errores minúsculos puede crecer con el tiempo hasta invalidar un predicción. Lorenz lo resumiría con aquella metáfora que luego se haría famosa: “El aleteo de una mariposa en Brasil podía desencadenar un tornado en Texas”. Todo estaba relacionado, cualquier fenómeno, por pequeño que fuese, era esencial y cualquier cambio haría que todo se transformara.

¿Hasta donde podemos llegar, hasta donde predecir?¿Llegará alguna vez el ser humano a controlar el caos?. También los científicos para su frustración encontrarían la respuesta.

Pronto, tipos sesudo dieron con la forma de determinar la intensidad del caos, calculando la denominada Escala temporal de Lyapunov, que capta la velocidad con la que crecen los errores a lo largo del tiempo. Se obtuvo así, la respuesta deseada durante tanto tiempo: incluso con los mejores datos y los ordenadores más rápidos, nunca será posible hacer previsiones fiables del tiempo a más de tres semanas vista.

Llegados a este punto, se puede decir que cualquier posibilidad de controlar el clima en función de su conocimiento se le escapa al ser humano. Tal saber tendría incalculable valor para el bienestar de la humanidad, pero, ¿Se emplearía para el bien común, para que afectara por igual y en beneficio de todos?. Por lo que conocemos no parece ser así.

El planteamiento de qué debemos hacer y la creación de conflictos de intereses, entra en cuestiones relativas a la ética. Si una muestra del ambito de influencia del ser humano, como es el problema del cambio climático, plantea una serie de cuestiones morales para las que todavía no se han dado soluciones satisfactorias: que la mayoría de las futuras generaciones sufrirán los efectos perniciosos del cambio climático, qué debemos pensar si influyeramos sobre todo el proceso. Por otra parte cuando se trata de la disposición de los recursos, y tomando como ejemplo el más importante. Tristemente se constata que la localización del agua no determina su disponibilidad en un lugar dado. Se convierte y se convertirá en extensible en el futuro, aquel viejo refrán del Oeste americano: “Aunque el agua suele correr monte abajo, subirá siempre monte arriba hacia el dinero”.

No se nos debe olvidar nunca, que somos parte del aleteo de esa mariposa, pero no todo es azar, el reto no es adecuarse al funcionamiento caótico del tiempo. El gran desafio será la distribución equitativa, racional y sostenible de los recursos derivados del clima. Si lo conseguimos, el ser humano habrá logrado, por primera vez desde su descubrimiento, dominar el caos.

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23 Octubre 2008

LOS SEÑORES DEL DOPPING

Original, y desgraciadamente muy revelador el artículo que publica el escritor, deportista y editor norteamericano Michael Shermer en el número de agosto de la revista Investigación y Ciencia, edición española de Scientific American. Se centra sobre todo en explicar porque se ha extendido tan asombrosamente el uso de sustancias potenciadoras en el deporte, es original en el sentido de que aplica la Teoría del juego para explicar algo tan enrevesado, de difícil solución y tan indignante como es el dopaje. Centrándonos en el ciclismo y en una prueba emblemática: el Tour de Francia. Según Shermer actualmente nos encontramos en un Equilibrio de Nash (¿Recuerdan el protagonista de aquella película llamada Una mente maravillosa?). John Forbes Nash Jr. fue un matemático brillante en varios sentidos: primero por elaborar la Teoría del juego que le valió el Premio Nobel de Economía y segundo por superar, o más bien conseguir vivir con, una enfermedad mental tan poderosa y de desgaste como la esquizofrenia. Un equilibrio Nash se establece si ninguno de los jugadores tiene la posibilidad de aumentar su ganancia mediante el cambio unilateral de estrategia. Actualmente y a nivel general en el ciclismo existe ese equilibrio, un estado en el que cada uno de los jugadores y los que le rodean no mueven ficha, una estabilidad inamovible en la que cualquier cambio no produce beneficios, esa estabilidad es hacer trampa a toda costa y si se puede lo mejor posible.

La probabilidad de que un corredor “limpio” sea eliminado de un equipo por no ser suficientemente competitivo es de un 50%. Por desgracia puede ocurrir. Lo explica Michele Ferrari, especialista en fisiología del deporte, un tipo de dudosa catadura en este campo por su relación con atletas que han dado positivo en controles antidopaje: “Si el volumen de hematíes aumenta en un 10% y el rendimiento aumenta en un 5%. Ello equivale a una ventaja que ronda entorno a 1,5 segundos por kilómetro para un ciclista que rueda a 50 Km/h en una contrarreloj, o a unos 8 segundos por kilómetro en un ascenso de 10 Km/h de un puerto con una pendiente media de un 10%”. Si extrapolamos estos datos al Tour de Francia, un ciclista que aumente un 10% su índice de hematíes (glóbulos rojos) en la sangre rebajará su marca en 75 segundos para una contrarreloj de 50 Km/h, prueba que se suele redimir por unos pocos segundos y en un ascenso tan duro como los Alpes le permitirían ganar unos increíbles y diferenciadores 80 segundos. Estos tiempos en ciclismo son un mundo. Ante estos datos qué puede hacer un ciclista honrado, si la consigna del equipo y la de los demás competidores es doparse. Por supuesto nadie lo dice, y existe ,según Shermer, un código de silencio que protege a todos de que salga a la luz a tan vergonzosa situación, sobre todo frente a los sistemas de control y penalización. Por desgracia la amenaza es menos poderosa que los beneficios.

Después de todos los escándalos ocurridos en estos últimos años: descalificaciones en masa, retirada de títulos y demás, parece a simple vista que los sistemas de control en el ciclismo son totalmente eficaces. Pues bien, según Shemer, tal y como están las cosas, la probabilidad de que un corredor dopado sea descubierto es de un 10%. Desde que en los años 90 se aceleraron los controles anti-doping en uno y otro lado del el tablero se impuso una carrera armamentística en la que por desgracia, los perseguidores se encuentran al menos a cinco años de distancia de los infractores. Si a ello le añado, que tal y como está establecido el sistema, tanto si mi oponente respeta las reglas, como si se dopa, voy a recibir incentivo (8.9 y 0.8 millones de euros respectivamente) por tomar estimulantes, la suerte del corredor honrado está echada.

Shemer propone darle la vuelta a la tortilla, que continúe ese equilibrio Nash, que los jugadores no obtengan beneficio a la hora de cambiar de estrategia y permanezcan un mismo estado, que es jugar limpio. En otras palabras, Sherer propone una serie de mejoras para que los deportistas no tengan la sensación de que cumplir las reglas sea de tontos. Muchas de ellas serán de imposible aplicación, aunque de pensamiento muy extendido, por radicales, por rompedoras con todo el tinglado comercial y económico que hay montado entorno al deporte: ofrecer premios en metálico para desarrollar métodos de análisis más eficaces (para qué vas a gastar esfuerzo en investigar eso, si siempre te pagaran más los otros para que desarrolles mejores métodos de dopaje), aplicar castigos como la expulsión de por vida para los que sean descubiertos o descalificar de la carrera a todos los miembros del equipo si uno sólo de sus componentes da positivo (¿alguien se cree esto?), etc.

Un amigo comentaba irónicamente que para acabar de una vez por todas con esto del doping debían hacer dos tipos de olimpiadas. Una de deportistas limpios y otra de deportistas dopados. En las primeras, sería un deleite ver el triunfo del cuerpo humano sobre la física, como fueron los 9.72 segundos en los 100 metros lisos con los que nos asombró Usain Bolt en las pasadas Olimpiada. En cambio, en los Juegos adulterados, veríamos como un espectáculo de feria  superar sin dificultad dicha marca. El chiste de mi amigo tendría algo de gracia si no fuera porque el doping mata.

 

Volviendo al ciclismo y al artículo de Shermer, desde que en 1967 se establecieran las normativas antidopaje a raíz de la muerte del ciclista británico Tom Simpson en el Tour de Francia durante el ascenso al Mount Vetoux y tras haber ingerido anfetaminas, han sido unos cuantos ciclistas los que han caído tras entrar en los programas de dopaje montados por los equipos. Un ejemplo es el ciclista Casado, que abandonó el equipo LeMond y se inscribió en uno sospechoso de seguir estas prácticas. Todavía no se sabe a ciencia cierta si su repentina y sospechosa muerte en 1995 a la edad de 30 años se deba a este hecho. Lo cierto es que cuando en una persona el índice de hematocrito llega al 60% o más, la sangre se vuelve tan espesa que se coagula con facilidad. El peligro aumenta al dormir, cuando el ritmo cardíaco disminuye (en un deportista de élite su ritmo en reposo a penas supera las 30 pulsaciones por minuto). Los ciclistas no son ajenos a este riesgo, y es significativo que muchos de ellos duerman con un monitor de pulsaciones conectado a un despertador, que suena en cuanto su ritmo cardíaco desciende demasiado.

Desde aquí no voy a decir a nadie como debe llevar su vida, se nos presentan muchos caminos, algunos imprevistos, otros elegidos. Cada uno y cada una sabrá discurrir por ellos de la mejor manera que crea posible o le dejen. Cada uno y cada una intentará saber a que salvavidas agarrarse para saber llevar eso que le llaman vida. Pero el deporte no es un camino obligatorio, es elegido y se sustentan sobre dos pilares: el sacrificio y la superación personal. Nunca he practicado deporte a nivel de élite, pero las pocas veces que he castigado este pobre y demasiado bien tratado cuerpo hasta ver donde podía llegar, he experimentado una cierta sensación de plenitud, de que en cierta manera no toda la suerte está echada. Así que no me quiero ni imaginar lo que debe experimentar un deportista profesional que se juegue un puesto en la cima. Esa pequeña satisfacción mía multiplicada por mucho debe compensar todo ese esfuerzo. Aunque por lo que parece no es así.

 

 

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15 Octubre 2008

LAS VIDAS DE UN MONSTRUO

Yo hacía a Radovan Karadzic en Rusia, amparado por Putín, y rodeado de buenos coleguillas antiguos exKGB, protegido por una especie de Odessa versión rusa-proservia (¿Recuerdan esa novela de Forsythe que hablaba de una organización con las siglas de este monte tan bonito, que se dedicaba a ocultar criminales nazis?). Por lo que se ve estuvo escondido en monasterios y hasta 2002 se mantuvo en contacto pleno con su familia. Es a partir de entonces cuando decidió adoptar la personalidad de un tal doctor Dragan y convertirse en ese médico de medicina alternativa que se había dedicado a viajar por China, y otros países, buscando otros caminos de sanación. Tal celo puso en anularse que cambió un sello tan personal como el propio acento.

En algún punto de su huida creyó mejor ser otro que él mismo oculto como un conejo. Esto me hace desconfiar mucho de esos tiparracos barbudos medio gurús que pululan en los carteles de nuestras ciudades (a menudo con un aspecto lo más estrafalario posible), maestros del yogui, del yang, del ying, de la atracción de energía positiva o magos de la eliminación de la negativa, expertos conferenciantes, doctos, en fin, en vete tú a saber qué. Debe ser una personalidad fácil de adquirir y de ejercer, de acuerdo con el perfil que Karadzic quería, que le dejaba ser otro pero le permitió seguir dominando mentes. Este gurú fue responsable de 10.000 muertes en la ciudad de Sebrenica de la ejecución sumaria de 8.000 varones que fueron presos tras el cerco. Porque la ONU huyó dejando la ciudad a su suerte, y Mladic y Karadzic se vengaron en ellos. Durante el poco tiempo que duró la matanza, muy pocos se salvaron, se lo dijo a uno de los supervivientes Mladic, “algunos saldreis de aquí ,pero la mayoría moriréis”. Porque esa es otra, en el fondo el otro yo no ha conseguido comerse al ambicioso y tremendo asesino. Una vez desenmascarado y metido todavía en su papel de barbudo sanador naturista, no se cortó en afirmar rotundo, que se siente orgulloso de todo lo que hizo y que se limitó a salvar pueblo servio de todos sus enemigos. Karadzic estafador y psiquiatra vendedor de humo en la Yugoslavia prebélica, Karadzic genocida, y aún sorprende que por azar un tipo semejante tomara decisiones, de tal calibre y de tan dramáticas consecuencias y encima fuera seguido tan ciegamente. Aunque fuera un charlatán, estafador, politicastro ultranacionalista, genocida, medico naturista, y aunque existan contradicciones entre algunas de las etapas nombradas, su personalidad siempre tuvo un denominador común, la esencia del manipulador, de aquel que por desgracia sabe llegar a la gente y manejarla.

Cuantos “maestros”, porque a menudo aparecen en estos carteles publicitarios como tales, no esconden un currículum (supongo que no tan tremendo como el de Karadzic) pero si nefasto y se ocultan en este tipo de personajes. Me parece a mí que el camino a la sabiduría, empieza por admitirse a uno mismo, no huir, sino encontrarse. Mi crítica pues no va contra los auténticos cultivadores de un conocimiento, a veces milenario, y en ocasiones verdaderamente sanador para quien quiera adoptar dicho camino y que promulga una búsqueda interior o en armonía con lo exterior y no un contexto evasivo y falso. Pero supongo que para aquellos que les gusta seguir maestros, les será difícil distinguir unos de otros.

A veces piensa uno que cuántos genocidas no se ocultan bajo falsos maestros y cuántos verdaderos maestros han sido mal interpretados por tanto auténtico genocida. El que buscó la verdad pierde y el que la encontró la hizo perder a todos.







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27 Septiembre 2008

EN BUSCA DE BOBBY FISCHER

Es probable que nunca se sepa quien ha sido el mejor jugador de ajedrez del mundo.Seguramente sería un persa, o un árabe. Existen pocos registros de partidas de la Edad Media, y como siempre les tenemos que agradecer a aquellos que habitaron Al-Andalus, Bagdad, Toledo y demás,los pocos testimonios de los movimientos sobre un tablero que tenemos de aquella época.Si nos aproximamos a nuestro tiempo, tampoco existe un acuerdo unánime. Pero esta muy extendido considerar al norteamericano Paul Morphy, como el mejor jugador de todos los tiempos. Desde que empezó a jugar a los diez años, Morphy no perdió jamás en su vida una partida. Otros, consideran al cubano Jose Raúl Capablanca el mejor jugador, es cierto, que ateniéndonos a criterios objetivos ocuparía el segundo lugar, si perdió partidas en su madurez, pero una vez consolidado como un gran maestro, fue imbatible.

Pero el ajedrez, aunque pueda parecer lo contrario, no se puede reducir a cifras y número, ni siquiera a simple estrategia, es mucho más. Cuando uno se acerca a las partidas que a lo largo de su vida disputó Bobby Fischer (que perdió bastantes) sales con la sensación que el ajedrez es también belleza.

Qué épocas más raras pasa uno en la vida, de verdad. Cuando estaba en instituto, entre litronas, futbol, ligotear...También estaba enganchado al ajedrez. Todos los fines de semana recortaba la partidilla que venía en el suplemento de El País, esa a la que no le hace ni puto caso nadie y abría mi tablero todo resacoso para dedicarme a recrear los movimientos de aquellos maestros. Cuando llegaba una partida de Bobby Fischer, se me ponía la sonrisa de oreja a oreja (que jodido friki era). En su época de esplendor, cada una de sus partidas son obras maestras, es difícil de explicar, pero todas, absolutamente todas, tenían una serie de movimentos, que resolvían la partida de una manera práctica, mágica e inverosimil ,sin dejar de comportarse como una maquinaria perfecta.

Pero cuando uno ve el contexto en el que se desarrolló la carrera ajedrecística de Fischer, es difícil encontrar hueco para la fantasía.La mítica serie de partidas que disputó con Boris Spassky, fue un duelo a muerte en el que sólo cabía la destrucción del adversario. A la par, Estados Unidos y Rusia, movían los peones de su guerra fría, creando dictaduras aquí y allá o apoyando guerras.

Ganó Bobby, pero el desgaste mental fue considerable, luego vino la renuncia al título y finalmente la reclusión. Hace unos años pareció retornar, algo extraño se movía por los círculos del ajedrez. Gasparov hablaba de aquel ser anónimo que lo derrotaba a menudo en sus partidas on line ,y del que tras la belleza de movimientos, genialidad de juego y magia creativa creía que se ocultaba el mismisimo Fischer. Pero el jugador estaba realmente mal, exhiliado en Finlandia hacía una declaración enloquecida detrás de otra. Perlas como que Adolf Hitler no fue suficientemente lejos con su exterminio a los judíos, su defensa a ultranza de Osama bin Laden o la denuncia de un plan mafioso de agentes comunistas y judíos para envenenarlo no fue nada mas que la punta del iceberg.

Muchas veces piensa uno si la genialidad consiste nada más que en atravesar una frontera y entrar en un mundo maravilloso pero también plagado de peligros, y en el que se paga un alto precio de permanecer siempre en él. Si se vuelve, se lleva consigo un regalo maravilloso. Pero supongo que cada vez se arriesga más, cada vez se permanece más tiempo, se llega más adentro en el bosque, se dejan de respetar unas reglas que antes se seguían escrupulosamente, no lo se. Bobby, se quedó, supongo que aveces volvía, que a solas o en su ordenador, frente a un cándido Gasparov atravesaba la frontera ,salía de aquél país con su habitual regalo y lo abría con esa satisfación infantil de aquel niño de Brooklyn.

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20 Septiembre 2008

WHISKY

Acababa de terminar Whisky (2004), y tenía delante de mí un papel en el que tenía que señalar preferencias dentro de un elenco realmente bueno: Entre copas (Sideways, 2004), Vidas Rebeldes (The Misfits, 1961) o Primavera, verano, otoño, invierno y…primavera (Bom, Yeoreum, Gaeul, Gyeowool, Geuring, Bom,2004) que me acuerde. ¿Por qué Whiky?, si al final salí con una depresión de caballo, maldita sea. Una película que te pone delante todas las miserias de la vida, que me tiraba a la cara un hecho del que trato de huir: que la realidad, la usual cotidianidad, esconde dentro de sus mecanismos repetitivos un horror, lo miserable que puede ser nuestra vida. No, esto es un plato que Woody Allen a menudo me hace digestivo. Pero esta vez, me lo estaban poniendo delante de mis narices dos cineastas casi noveles en estado de gracia. Sin efectos, sin hacer ni un solo movimiento de cámara, algo que me diera un respiro por tanta mísera cotidianidad que me ahogaba. Denostaba una y mil veces ese “¡Dios salve a los trípodes!” que con orgullo proclamaban los dos genios creadores de esta obra, Juan Pablo Revella y Pablo Stoll.

Cuenta Buñuel en sus memorias que cuando estaba montando El ángel exterminador (1962), su ayudante le llamó la atención: “Don Luís, esta escena ya está montada”. El cineasta aragonés sonrío y dejó la cosa tal cual estaban, y si uno se fija bien en la película, ve escenas que se repiten una y otra vez, como un acto surrealista, recalcando lo absurdo y lo obsesivo de los actos repetitivos. Lo triste es que si alguien pusiera una cámara en nuestras vidas, e hiciera un montaje, también alguien lo haría notar: “Oiga, aquí escenas que se repiten”. Todo eso y más me lo estaba reprochando aquella película y encima tenían la desfachatez de incluirla en aquella lista. Lo peor es que me había gustado. Disfruté con toda aquella pornografía de realidad sórdida, que mostraba obscenamente la historia miserable de aquellos tres personajes pequeños.
Ni Rebella ni Stoll eran cinéfilos, sino unos lectores compulsivos de comic. Pero ya se sabe que en todo dibujante hay un director de cine y solapadamente en todo encuadre de cámara hay una viñeta. Ya dijo Hugo Pratt , que el Comic es el cine de los pobres, aquel al que el hermano rico, recurre en forma de story board cuando quiere poner orden en las imágenes. Los dos directores uruguayos no habían puesto los pies en un plató de cine hasta que rodaron su primera película 25 Watts. Antes que las obsesiones y las aficiones, hay que contar la vida, y es raro la ópera prima que se escapa de ello: durante 24 horas se da cuenta de la existencia de Javi, Leche y Seba, tres jóvenes del Montevideo actual, que a punto de abandonar el bachillerato, esperan si saber qué.

No es fácil narrar la rutina, las relaciones simbióticas pero frías de cada día, nuestras dependencias, nuestros hábitos. El cine de hoy avanza cada día más en crear más efectos, en pone piedras sobre torres, en definitiva, riza el rizo cuando se trata de narrar vidas trepidantes o aventureras. Todavía queda mucho camino, y no abunda,  inventar esquemas narrativos que nos lleguen, que lo que sugieran (bueno o malo) sea más de lo que dicen, que se peguen a nuestra piel, que nos hagan daño por pura identificación, que lo narrado sean dos manos que salgan de la pantalla para zarandearnos el alma, y nos la dejen todavía vibrando cuando salgan las letras.

Llegar a ello se puede hacer por muchos caminos, a cual más inverosímil. Los directores de Whisky encontraron la fórmula, la estructura para narrar este triángulo amoroso y decadente en un cómic clásico: Jimmy Corrigan, el niño más listo de la clase. Su autor, Chris Ware revolucionó la historieta americana y por ende la mundial con su publicación en 1993. Temáticas complejas como la soledad, la alienación, la pérdida de humanidad, tan difíciles de transmitir en un mundo tan ecléctico como el del cómic, donde se debe de luchar con tantos y ,en apariencia, tan buenos competidores, eran tratadas con un lenguaje personal y distinto, como nunca se había hecho hasta entonces. No, Whisky no era una película sencilla, aunque en apariencia lo pareciese, pero eso no significaba que no fuera fácil de identificar.
Ví Whisky después, unas cuantas veces, la última poco antes de la muerte de Juan Pablo Revella, casi dos años después de su éxito. Lo encontró Stoll delante de un teclado y con un revolver en la mano. Invitablemente los dramas tienen muchas escenas, pero la tragedia solo una, no es cosa para pensar y sentirlo así, pero es lo único que queda, cuando la realidad, cruel e inexplicable, invade la frontera de la ficción.

¿Whisky, por qué has puesto Whisky, si conozco pocas personas más vitalista que tu, si esa película es deprimente?”. “Ser vitalista no está reñido con ver la vida como es. Simplemente es cuestión de darle la vuelta”.

Quizás el impulso vital de aquella película fuera ese, pensé con mi lista en mano, pero por si acaso señalé Entre copas, que uno tiene sus épocas, y a veces gusta que la vitalidad te la den mascada. Mientras, se desarrollaba una escena que hubiera hecho las delicias de Rebella: una madre le hacía preguntas a un chiquillo de casi un año y se contestaba a sí misma. “¿Qué quiere Javier?” “Quiero un poco de manzana” se respondía la madre y volvía al ataque “¿Qué vamos a hacer?” “Voy a andar un poquito”. Javier odiaba su alienación y balbuceaba.

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20 Septiembre 2008

UN PUNTO

Contaba el gran dibujante español Josep Maria Beá que, siendo niño, visitó el estudio de otro gran creador Boixcar, el autor de Hazañas Bélicas. El hombre, admirado por el chiquillo, le fue mostrando todo su trabajo hasta que llegó a la obra que estaba ultimando. En ese instante el maestro se tuvo que usentar y dejó al pequeño Beá frente a la última creación. Sin dudar, cogió la pluma e hizo un pequeño punto en la págica que Boixcar estaba haciendo en aquel momento y ahí quedó todo. Pasó el tiempo, aunque no mucho, y aquel álbum se editó. Por aquellos días, Beá no tuvo más que una obsesión, saber si se había editado aquel punto, "su punto". Abría el comic por la página cuya elaboración aquella tarde había presenciado y allí estaba, situado en una esquina, pasando desapercibido a los ojos de correctores, editores, tipógrafos y todo aquel que de alguna u otra manera hubiera revisado aquel trabajo: su punto. Beá compró la revista en distintos lugares de la ciudad, e inequívocamente estaba allí, para siempre, perenne frente a las nuevas generaciones, para la eternidad.

Para mi este blog siempre ha sido "mi punto". Un punto en todos los sentidos. Uno ha visto abandonar muchos blog, muchos de los vínculos que aparecen en el apartado de enlaces o amigos son ya cadáveres. El abandono de un blog en Internet, es como dejar un barco a la deriva en un enorme océano, un buque fantasma, donde se detuvo el tiempo, donde el recorrido por sus camarotes es una metáfora de comentarios, post de reflexiones e instantes de una vida que quedan congelados. Una nave que vaga hasta que alguien que busca en Internet lo activa de nuevo: las máquinas se encienden, las luces brotan y todo se reanuda donde quedó. Si a caso alguien comenta algo, se une a la fiesta y al irse, todo se desconecta, el buque continúa su travesía aciaga a la espera de que alguien le de un nuevo giro al timón. Creo que siempre he tenido en mente esa imágen del barco y hablar de algo actual, de ayer, de siempre como es el cine, haría que estas voces sonara siempre, hablar de cine, era para mí como poner el piloto automático. Pero en el fondo contar algo que a uno le gusta y más si es un arte, es hablar de uno mismo.

Pero lejos de metáforas, lejos de ilusiones, la realidad es que hay lugares donde sólo somos palabras, pero también lugares comunes donde se lucha porque nuestra vida permanezca narrada. Este blog también ha sido así. La convivencia ha sido como el de esas parejas sui géneris: el blog iba por un lado, mi vida por otro, sólo excepcionalmente convergían. Era un referente de ideas y reflexiones, intentar contar las cosas como a mí me gustaba leerlas, pero me encolerizaba en muchas ocasiones cuando veía la carencia de sentimientos propios, de vivencias. "Le falta alma", le ponía mentalmente como epitafio, casi antes de irme a Irlanda, en una autocrítica a este edificio de palabras que, si alguna vez tuvo entidad propia, siempre le va a perseguir. Pero en aquel país ocurrió algo curioso. Aunque vivía intensamente, siendo una esponja de nueva experiencias, aunque como siempre, existía al margen del blog, repasarlo de vez en cuando, era un ancla, un referente de lo que había sido mi vida durante un tiempo.

Tenemos relaciones extrañas con lo que escribimos, son parte de las reglas, del hecho de escribir, poner algo de uno mismo, aunque se narren vidas que no te pertenecen. Así cuando hablaba de la tristeza de Kurosawa, cuando intentaba sacar de las entrañas lo que para mí había sido ver aquella película llamada Vivir, también quería intentar transmitir el mensaje de ir más hallá de lo cotidiano, de un día a día que me ahogaba. Cuando hablaba de la soledad en el Último tango en París, ahondaba en el mensaje de la dificultad que era transmitir la soledad. Mi vida, tanto como lugar físico ,como estado de ánimo, distinta a la de ahora, estaba al lado mientras escribía aquellas palabras. Esos artículos hablaban de películas, si, pero si los escribiera ahora, lo haría de otra forma, con otro diferente estado de ánimo, destacando otros aspectos, resaltando otras ideas. Así, desde aquella Irlanda, que dejo que pase el tiempo para verla con perspectiva, iba repasando lo que había sido mi vida aquellos últimos dos años.

Vuelta otra vez a empezar, para seguir igual supongo. Pero como se decía en aquella película del Gatopardo, no me gusta anunciar cambios, "Para que todo siga igual". De todo lo que he escrito arriba quiero deducir que durante todo este este tiempo el blog sólo ha sido un acompañamiento, ya no quiero que sea ese punto, ya no quiero que sea un barco a la deriva, ya no quiero sorprenderme. Sólo quiero que sea un lugar, un lugar para volver y encontrar.

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22 Mayo 2008

EL DIARIO DE SUEÑOS DE HERMANN HESSE

“Quería tan sólo intentar vivir lo que tendía a brotar espontáneamente de mí ¿Por qué habría de serme tan difícil?”. Eso digo yo, porqué es tan complicado contestar a esta pregunta. A lo largo de nuestras vidas llegamos en muchas ocasiones a un punto en que no sabemos seguir adelante. Cómo mirar al exterior, si el mundo es un espejo y ante sus exigencias que cumplir, sólo se refleja un país devastado, en violencia contra sí mismo. La contestación a la pregunta que planteo al principio de este post es el comienzo de uno de los libros más fascinante que jamás he leído.

La persona que escribió Demian, tuvo la lucidez suficiente para vislumbrar que su única salvación fuera y dentro de su ser, consistía en registrar su lucha interior y que la novela sólo podía tener un posible término: la victoria final sobre sí mismo.

Estamos en 1917, en aquel momento no podía haber piedad para la humanidad, todos contra todos por culpa de un mecanismo de alianzas y débitos de favores entre países, los cuales nadie que se dejó la vida en los campos de batalla entendió muy bien como funcionaban.

Herman Hesse, que se encuentra en Suiza, siente como suya parte de la culpa por esta guerra, la crisis creativa le deja prácticamente mudo, pero no solo eso, todos los valores inculcados que durante todos estos años ha potenciado con reflexiones y pensamientos han llevado a una ratonera, a una carnicería sin fin. A lo largo de su vida había llegado en diversas ocasiones a un punto en el que no sabía como avanzar, pero esta vez era distinto. Ninguna crisis había hecho que se volviera contra sí mismo. La hace personal, generando una violencia interior que le culpa por haber intentado ser algo que no es.

En el otoño de ese mismo año, estimulado por el psicoterapeuta Lanz, Hesse comienza a llevar un “diario de sueños”. El escritor cree encontrar una manera de salir de su atolladero respondiendo a los enigmas que le plantean su subconsciente. Lejos de la racionalidad que hasta ahora ha guiado su camino, cree con esta nueva etapa conseguir soñar imágenes poéticas propias que le sirvan como respuesta. Pero todavía le falta encontrar esa visión que le de la contestación de cómo vencer esa lucha interior.

En uno de los sueños anotados le sale al encuentro un "personaje nocturno" que está borracho, es un varón llamado “Demian”. En el sueño, Hesse lucha contra él y es vencido. Esta derrota, más que vergonzosa, es un estímulo, porque desde entonces se siente cada vez más atraído hacia Demian.

El sueño incita de nuevo a Hesse a escribir. Desde el comienzo de la guerra apenas ha producido nada, con excepción de reseñas y artículos de prensa. Se siente preparado, pero no quiere forzar nada, esta vez no debe ser artificial, sino que prefiere aguardar a que algo brote espontáneamente. Se encuentra en ese punto, al que llegan muchos escritores, que después de haber dirigido el timón de su creación, esperan que su talento sea ese barco robusto y equipado, que sepa navegar en cuanto despliegue las velas hacia donde la creación lo lleve. Y el viento vino de golpe con la historia de Demian, que no le deja ya sosiego y la pone por escrito en unas cuantas semanas. Por la escasez de papel va mecanografiando el manuscrito en el reverso de las cartas recibidas de las autoridades de Berna.

El resultado es lo que los alemanes llaman una Bildungsroman o novela de formación. En el fondo es la historia de la propia evolución de Hesse, desde que vivió en la casa paterna de Calw, hasta que llegó a ser escritor famoso. El personaje principal de la obra es el joven Sinclair que desde el primer capítulo, con una visión que se antoja infantil, hace la distinción de dos mundos: el cálido y seguro creado por la seguridad del hogar, donde todo estaba organizado, no había inequívocos y complicaciones siempre que siguieras las reglas, y el mundo exterior, donde todo es cambiante, donde existían los problemas, donde era difícil distinguir los bueno de lo malo.

Todo cambia cuando conoce a Max Demian, que poco a poco le proporciona el impulso para ir cuestionando un mundo sólidamente estructurado. Curioso es el capítulo que tras una clase de religión Demian le explica a Sinclair, más hallá de una lección religiosa, rígida e incuestionable, que pueden existir múltiples explicaciones del estigma de Caín, de porque esta sociedad se empeña una y otra vez en marcar a los individuos. Poco a poco, el protagonista lucha contra sí mismo, dando rodeos y siguiendo muchas veces rutas equivocadas, hasta llegar a la intuición que generó todo. Al final, el camino que le muestra Demian se extiende a lo personal, conoce a la madre de éste, de la que se siente fascinado comprendiendo de esta forma la educación que recibió su amigo.

Para Hesse a lo largo de su vida llegar hasta el final significó siempre plantearse la religión. “Nunca he vivido sin religión y no podría vivir sin ella ni un solo día”, para Hesse la religión nunca significó proposiciones de fe o pertenecer a una comunidad, sino una “emoción honda”. Demian fue el comienzo de todo, de una metamorfosis que le hizo pasar de tener fe a ser un hombre de fe. De aquello que he en muchas ocasiones he comentado en algunos post: rechazar las respuestas dadas y dogmáticas impuestas por una religión, para pasar a buscar tus propias respuestas. Fue el comienzo de dejar constancia por escrito de la idea de intentar sentir esa voz interior que todos tenemos.

Al final del libro, Sinclair no necesita ya de quien le ha guiado. Más aún, se da cuenta de que Demian no era propiamente un guía, sino que, como un demonio interior, despertó las respuestas que habían estado ya siempre presente en él. Hesse creyó cerrar círculo con arreglo al lema que comienza el libro y este post: “Yo sólo quise tratar de vivir aquello que espontáneamente quería salir de mí. ¿Por qué fue tan difícil lograrlo?”.

No sería así, la búsqueda le llevaría toda su vida, libros como el Lobo estepario o Siddhartha son testimonios de ello. Por el camino la gloria: el Premio Nobel y el reconocimiento mundial. Nada comparable, creo yo, con la satisfacción de haberse planteado un día aquella pregunta. De llegar al convencimiento de que todos los seres humanos guardamos dentro la contradicción de poder ser una obra maestra si llegamos a ser conscientes de que nuestro mejor patrimonio son nuestros sentimientos, pero que también tenemos intrínseca la dificultad de expresarlos. Hesse, comenzó con esta obra a recorrer un arduo camino de sentimiento,pensamiento y consecución, obteniendo una gloria, la mayoría de las veces invisible, pero inmensamente satisfactoria.

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2 Mayo 2008

ROSMARY Y LOS OJOS DEL DIABLO (1)

Unos días después de su boda con Frank Sinatra y justo antes de rodar La semilla del diablo (Rosmary´s baby, 1968), Mia Farrow vivió una de esas experiencias que sólo el demonio puede uridr, mezclando la crueldad y el desconcierto.

Pocos días después del enlace, el cantante acudió disparado a cumplir con uno de sus inenudibles compromisos en Las Vegas. Pasar por la vicaría no iba a quitarlo de sus veladas demanciales con sus amigos de Rat pack, los políticos, los mafiosos y un puñado de prostitutas de lujo. Además, la ciudad del juego es un sumidero que reclama y paga bien a los artistas dentro de un entramado de diversión casi constante. Cualquier cosa para evitar que quien se ha dejado los ahorros de toda una vida, no se le ocurra salir hacia el aparcamiento, ese el lugar donde la estadística, pasatiempo que ocupa a dueños y usuarios del casino, señala como un lugar sin retorno.

Una de las noches, la actriz acudió a verle, se sentó entre el público y así pasar lo más desapercibida posible. La actuación llevaba ya un rato cuando Frank consiguió distinguirla entre los asistentes y la saludó desde el escenario. Con toda la atención sobre ella, y un auditorio entregado, una joven Mia Farrow que por entonces sólo tenía 19 años, se levantó y confundida saludó a todo el publico que respondió con una ovación desmesurada. Iba a sentarse, pero Sinatra se lo impidió, comenzando a hablar. Allí estaba la muchacha, en aquella situación no prevista, poniendo la mejor de sus caras de circunstancia ante un auditorio que no había parado de jalear. Es entonces cuando el ídolo soltó a bocajarro: "Ya veis que me he casado. Pero tenía que hacerlo, por fin he encontrado a una chica fácil de engañar".

Que aparezca algo en muchos sitios y más si es un hecho circunstancial, no es una casualidad. Muchas de las biografías de Frank Sinatra y la propia Mia Farrow, señalan aquel incidente como el comienzo del fin de su relación. Allí estaban todos riendole la gracia al cantante, y ella de pie poniendo cara de agrado, una expresión que poco a poco se fue tornando en agustia, hasta que, sin que casi nadie lo percibiera ,sus ojos se fueron llenando de lágrimas al tiempo que toda la sala reía a carcajadas, incapaz de reaccionar y de entender a qué había venido semejante comentario.

Hay perliculas que van ligadas a la evocación de un determinado sentimiento, un gesto de una actriz o actor, siempre claro que éste sea lo suficientemente auténtico, y aunque contenido en muchas ocasiones, intenso. Y La semilla del diablo es una de estas películas, en las que todo el argumento se me resume a la expresión de Mia Farrow cuando descubre todo el pastel...Un dulce con guinda envenenada que no tuvo saberle muy distinto del que probó aquella noche ante el auditorio de Las Vegas.

Decía Roman Polanski, que el director ha de ser el primer observador, el primero que se sitúa delante de la escena, en un lugar determinado en el que se va a rodar, visualizar la acción y luego intentar plasmarla tal y como se percibe . "Simplemente pongo la cámara donde antes he estado y si la muevo es porque también me he movido yo para comprender qué está pasando". Es así de simple y La Semilla del diablo esta rodada de esta forma, su simplicidad, esa sensación de que no está pasando nada y que somos meros espectadores de hechos cotidianos es lo que la hace tan terrorífica.

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